El Nilo: la paloma de la paz o los tambores de la guerra

Ángel Villa Hernández * _________________

Addis Abeba (Prensa Latina).-  El agua, ese recurso vital para la supervivencia humana, comienza a escasear en forma dramática por diversos factores, y ya es fuente de disputas en distintos lugares del mundo.

En África, el caso más evidente de tales pugnas está asociado al río Nilo, torrente natural que recorre seis mil 853 kilómetros desde el Mediterráneo hasta África Central.

Por su extensión y caudal, este acuífero está considerado como el mayor de ese continente y segundo más largo del mundo, tras nuevas mediciones que le ubican después del Amazonas.

Esa corriente se nutre de dos afluentes principales: el Nilo Blanco y el Nilo Azul (o Abay en Amárico) y es en este último donde radica su mayor fuente de agua, calculada en 80 por ciento del total.

El Nilo Blanco fluye hasta la región de los Grandes Lagos, mientras que el Azul nace en el lago Tana, de Etiopía, y beneficia primariamente a ese país y a Sudán, aunque otros ríos y lagos alimentan la corriente del Nilo a lo largo de su trayectoria.

En diversos momentos de la historia, ese curso fluvial ha sido fuente noticiosa: lo fue durante las guerras de conquista del Imperio Otomano, al constituir su cauce una notable vía comercial intra-africana, poseer una rica fauna marina y permitir expediciones de diverso carácter.

También ocupó titulares tras la invasión por las fuerzas francesas de Napoleón Bonaparte en el siglo XVIII y la consiguiente batalla del Nilo o de Abu Qir.

Ya en el siglo XX tuvo preeminencia informativa con la puesta en marcha de las dos presas de Aswan edificadas en Egipto, país cuyo florecimiento se asocia indisolublemente al Nilo.

A partir de la notable fertilidad de los suelos que bañan la cuenca hidrográfica, se asentaron en sus márgenes las principales ciudades egipcias, incluida su capital, El Cairo,  y se desarrollaron notablemente la agricultura y la industria.

Para otros Estados africanos, el Nilo ha sido básico para su desarrollo y es enclave de sus principales metrópolis como los casos de Sudán del Sur y Sudán.

Asimismo, el río provocó a su paso grandes desastres sobre todo por sus crecidas de verano, de ahí la necesidad de represar parte de sus aguas.

Desde hace varias décadas, el uso del Nilo provoca cuestionamientos de distinta intensidad entre los 11 países ribereños: Egipto, Tanzania, Uganda, Ruanda, Burundi,  República Democrática del Congo, Kenya, Etiopía, Eritrea, Sudán del Sur y Sudán, donde más de 300 millones de personas dependen total o parcialmente de sus aguas.

LAS MAYORES DISPUTAS

Las diferencias más álgidas fueron (son) entre Etiopía y Egipto, países con una historia vecinal de enemistades y recomposición de sus relaciones.

Aún se recuerdan guerras entre ambas partes que se remontan a los tiempos del Imperio Otomano, cuando Egipto intentó en 1875 y 1876 expandir su territorio hasta el área del Nilo Azul ubicado en la antigua Abisinia, tras anexarse a Darfur en el vecino Sudán.

Entre los dos Estados fueron libradas las encarnizadas batallas de Gura y Gundet que culminaron con superioridad etíope y en períodos posteriores existieron otros contenciosos, algunos de ellos ya solucionados.

En fechas más recientes se verifican diversos intentos por reformular el control y distribución de las aguas del río, uno de los cuales es la Iniciativa sobre la Cuenca del Nilo lanzada por 10 países en 1999 para cooperar en el uso equitativo de sus aguas, que avanzó hasta la concepción de un Acuerdo Marco de Cooperación.

Firmado solo por cuatro países ribereños en 2010 y fuertemente objetado por Egipto y Sudán, el Acuerdo aún se encuentra abierto a rúbrica y ratificación; una eventual entrada en vigor del mismo reemplazaría a la Iniciativa.

En la actualidad, tres países ubicados a orillas del Nilo (Egipto, Etiopía y Sudán) se enfrentan retórica y técnicamente por el tema de la Gran Presa Renacimiento (GPR) que erige Etiopía en su territorio; las posiciones más dispares en determinados aspectos claves de las discusiones las exhiben El Cairo y Addis Abeba.

La provincia etíope de Benishangul-Gumuz, ubicada a 15 kilómetros de los límites con Sudán, es prácticamente desconocida internacionalmente, pero en ella se asienta la referida presa.

Es un proyecto financiado por Etiopía -fruto de una importante contribución popular incluida la diáspora-, que se encuentra al 75 por ciento de su construcción y constituye hoy el elemento de mayor orgullo y cohesión nacionales.

La primera piedra para la construcción de la GPR fue colocada el 2 de abril de 2011 por el entonces primer ministro etíope Meles Zenawi y se conoció primero como Proyecto X, luego adoptó el nombre de Presa Milenio, hasta que a mediados de ese propio año recibió su denominación actual.

Este embalse tiene una capacidad de almacenamiento de 74 mil millones de metros cúbicos de agua y podrá generar con sus turbinas a plena capacidad, seis mil MW de electricidad, lo cual la catapultará a la primacía de las plantas hidroeléctricas en África y al séptimo lugar mundial.

GESTIÓN DE LA UNIÓN AFRICANA

En el contexto del actual diferendo, Egipto defiende su sacrosanto derecho a disponer de las aguas del Nilo al recordar que Gran Bretaña como potencia colonial, firmó en 1929 un Acuerdo en el que otorgaba al país africano poderes para el control de la ruta fluvial.

Ese texto fue modificado con la nueva versión de 1959, en la cual se respetaron los antiguos derechos adquiridos por Egipto y se puntualizaron determinados beneficios a Sudán.

Asimismo, El Cairo considera que el nuevo reservorio etíope podría afectar el suministro del vital líquido a su país, sobre todo en tiempos de sequía.

Etiopía, por su parte, se aferra al hecho de que el Nilo nace en su territorio y fue despojada de derecho alguno sobre dichas aguas por los antes mencionados acuerdos coloniales de los que no fue parte y que por tanto, no reconoce.

Agrega Addis Abeba que su proyecto no tiene como fin afectar a nadie y que esa gigantesca obra permitirá hacer uso de las aguas del Nilo Azul para su desarrollo económico, sobre todo para la agricultura y la producción de electricidad en beneficio propio y de naciones vecinas.

Este país ya comenzó el llenado de la presa con el provecho de la actual temporada lluviosa de 2020.

En 2012 fue creado un panel de expertos de los tres países para analizar los temas asociados a la ingeniería de la presa, y luego, en 2015, esos mismos Estados firmaron una Declaración de Principios sobre la distribución del agua del río.

El documento constituyó un nuevo punto de partida en las negociaciones políticas y técnicas tripartitas sobre la GPR, las cuales mantienen su activismo con el fin de acercar posiciones y lograr rubricar un texto final.

En junio último, tras evidenciarse importantes dificultades para arribar a la conclusión de acuerdos sobre asuntos fundamentales relativos al embalse y verificarse intentos por internacionalizar el problema a partir de presiones externas, la Unión Africana decidió gestionar las negociaciones trilaterales.

Es de esperar, como en otros asuntos complejos que aquejaron al continente en el pasado, se encuentre una sabia solución africana a este espinoso problema, para impedir que percutan los tambores de la guerra y en su lugar prevalezcan la paz y la cooperación.

*Embajador de Cuba ante la Unión Africana.

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