El ferrocarril

Las plumas de Quetzalcóatl

Primera de dos partes

Guillermo Morán Romo ________________

AMIGOS, ya encaminados en temas ferroviarios (comenzamos con la narración de la gesta heroica de Jesús García Corona, a la postre El Héroe de Nacozari), ahora abordaremos en esta Columna, las dos primeras entregas de casi veinte que estamos preparando para ustedes, y sin que piensen que será aburrido porque les involucremos en una retórica repetitiva, les adelanto que serán variaciones sobre un mismo tema, todas interesantes por supuesto, procurando aportar información nueva y diferente, tal vez desconocida para muchos, pero que sin duda les entretendrá.

Sin mayor preámbulo debo mencionar que todos podemos intuir que existen tópicos que periodísticamente se pierden en la inocuidad de las redacciones (periódicos impresos, radio y televisión, y ahora también en los medios que transmiten información a través de redes sociales), ya sea porque no merecen la atención de los editores o porque pasan desapercibidos por no corresponder con el interés del medio de difusión, o porque estamos inmersos en la vorágine de información política y de interés social importante que ocurre durante cada día y a cada momento.

No obstante, cuando estamos en otra dinámica (como estamos nosotros, debemos reconocer), en la que si nos enteramos de esa temática, pero también sin tener la obligación de estancarnos en ella, podemos entretenernos en hurgar en otros sitios y en otra información, pues entonces nos encontramos con documentos que son rescatables por la temática específica que abordan, pero además por las repercusiones que llevan implícitas para regiones que por tradición y por historia trascienden en esos aspectos. Definitivamente que vale la pena rescatarlos y destacarlos dándoles difusión.

Mire usted, esta Columna preguntaría, por ejemplo, si sabía que hasta hace unos años se llevaba a cabo un Encuentro Nacional de Investigadores del Ferrocarril (tema este de los trenes que en Aguascalientes es aún materia infaltable en una buena charla con los amigos reunidos en torno a una aromática taza de café, con la debida distancia y con cubrebocas por supuesto), evento que se realizaba cada año en diferente sede del país y que reunía cotidianamente a alrededor de 70 especialistas en ferrocarriles, todos ellos investigadores, que durante tres días hablaban y presentaban ponencias y abordaban aspectos que tal vez no son desconocidos, pero sí poco difundidos.

Pintura de Luis Coto y Maldonado.

IMPACTO DEL FERROCARRIL EN LAS ARTES PLÁSTICAS

De lo rescatable de uno de estos encuentros, llevado a cabo en la ciudad de Jalapa, en Veracruz, destaca de manera muy importante el tema relacionado con el impacto de la presencia del ferrocarril en las artes plásticas, generando por supuesto diversas propuestas culturales y sobresaliendo de entre ellas, las derivadas de su proyección en la pintura de los siglos XIX y XX, así como en el dibujo y el grabado, aspecto en el que destacó, entre otros, nuestro José Guadalupe Posada.

Debemos recordar que cuando el tren se incorporó a la vida cotidiana del pueblo de México, muy pronto apareció representado en diversas imágenes.

En el arte, el ferrocarril se convirtió en un símbolo con múltiples interpretaciones, esto es, como medio de transporte, alegoría del progreso, prueba de pujanza nacional, imagen del futuro, materialización de la movilidad física, símbolo de lo desconocido y anhelo de libertad.

Destacan por supuesto los maestros José María Velasco, Luis Coto y Maldonado y Casimiro Castro en el siglo XIX, entre otros, así como los muralistas Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Fermín Revueltas en la primera mitad del XX.

Pintura de Diego Rivera.

La iconografía ferroviaria en estos artistas se propone como símbolo de progreso y desarrollo, medio de transporte y aún como figura protagónica, en el caso de Rivera y Siqueiros, de la Revolución Mexicana.

Por otra parte, debe recordarse que el ferrocarril cumplió en ese período una misión de progreso al contribuir al proceso de desarrollo nacional como agente de cambios económicos.

La inauguración de la línea México-Veracruz del Ferrocarril Mexicano en 1873, que fue la primera que corrió en el país, coincidió con una etapa de crecimiento acelerado en la que la capital de la República dejaba de ser una ciudad pequeña y crecía y prosperaba con sus (en aquellos tiempos) 482 calles, sus 60 plazas y plazuelas, 14 curatos, 37 conventos, 78 iglesias, 6 panteones, 3 teatros, 2 plazas de toros, 10 hospitales y 3 bibliotecas.

Otro impacto importante del ferrocarril en las artes plásticas se dio sin duda en el dibujo y el grabado, cuyos principales creadores de fines del siglo XIX a la primera mitad del XX, es decir de Manuel Manilla y nuestro José Guadalupe Posada, a Leopoldo Méndez y Alberto Beltrán, acogieron su iconografía como parte infaltable en los hechos Históricos, acciones anecdóticas y movimientos políticos del pueblo mexicano.

Pintura de José María Velasco.

IMPACTO SOCIAL DEL FERROCARRIL – LAS COLONIAS FERROCARRILERAS

Una visión de la trascendencia operativa que el tren tuvo en la realidad del México finisecular del XIX y de principios del XX se reseña en la ponencia que detalla el impacto social del ferrocarril en el norte de México, cuyas conclusiones pueden incluso aplicarse a la mayoría de las regiones de la República Mexicana.

La construcción de los ferrocarriles en el norte de México implicó un impacto y un fuerte cambio en el entorno y orden urbano de todos los sitios donde se construyó. Tuvo que ver tanto con la introducción de alimentos, como en el cambio en los horarios públicos, en el transporte de productos de otras partes, en la apertura de mercados y de tiendas de productos extranjeros, entre otros muchos.

Un elemento básico que el ferrocarril generó en todas las ciudades ferrocarrileras fue la modificación urbana tanto de la traza de los pueblos como de su dinámica social. La presencia del ferrocarril motivó la construcción de hoteles y comercios en las cercanías de la estación, atrajo fuereños a las ciudades que se desempeñaron como empleados de ferrocarriles, en especial en los centros ferroviarios donde se establecieron casas redondas de administración, pero sobre todo y en este sentido, llaman la atención las colonias ferrocarrileras de Aguascalientes, Torreón y Gómez Palacio; sus servicios urbanos modernos y el estilo victoriano de su arquitectura, los cuales nada tenían que ver con los vigentes en esas ciudades, modificaron definitivamente el paisaje de la región.

Obra de José Guadalupe Posada.

“La estación del ferrocarril, describió Federico Colín Arámbula, antropólogo de la Universidad Veracruzana, es el lugar que nos ubica en la marcha de la locomotora y de las personas que están en ella o en la estación tejiendo relaciones, imágenes, sentidos y lenguajes que poco tienen que ver con lo inmediato. La estación es el sitio más próximo a la casa. Cuando partimos, más que dejar solo el andén, se abandona un hogar, con su comida, costumbres, personajes e historias, y las vías, aunque nos conducen a otro sitio, pueden regresarnos al que se dejó, experimentando el viajero la sensación de que ya no es el mismo, que todo, aunque igual, ha cambiado”.

En las fotografías se aprecia la obra de Luis Coto y Maldonado, Diego Rivera, José María Velasco y José Guadalupe Posada.

Continuaremos…

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