El Faro de Robert Eggers

Gillian Turner _______________

La trama es sencilla: dos hombres llegan a un remoto faro para quedar cuatro semanas, relevando al equipo anterior. La película narra el desarrollo de la relación entre los dos, hasta llegar al inevitable final violento.

Pero hay tanto más. Tom Wake, el mayor, con más experiencia en el manejo de faros, es locuaz, alcohólico, mandón, despótico. Su lenguaje evoca Shakespeare, la mitología griega, los clásicos marítimos de Herman Melville. Tom Howard aka Ephraim Winslow, el novato, que dejó el oficio de leñador porque le aburrieron los árboles, es taciturno. En principio es un aprendiz obediente y abstemio. Intenta seguir el manual para fareros. Aprende tanto el oficio en sí, como las leyendas y mitos que lo rodean. Los dos hombres tienen secretos que no se revelan del todo.

Para Wake (un espléndido Willem Dafoe) su subordinado (un igualmente espléndido Robert Pattinson) es un esclavo. Le manda a traer el carbón en carretilla subiendo un largo camino, lodoso y lleno de piedras. Le ordena subir el aceite para la luz del faro, por la interminable escalera de caracol al interior de la torre. Le exige que arregle las tejas de la vivienda, que limpie, que arregle. Todas las labores más arduas, más extenuantes, son para el otro Tom: el más joven, el novato, mientras que Wake se dedica a cuidar la luz del faro.

Mientras pasan las cuatro semanas la relación entre los dos hombres es cambiante: va de patrón-esclavo, a camaradas, a compañeros de copas, a una relación padre-hijo en la que a veces se odian, a veces se aman. La tensión es siempre presente, siempre en aumento, aunque un comentario de Tom aka Ephraim – lacónico pero con humor – relaja el ambiente de momento.

La historia se basa muy libremente en una tragedia real, ocurrida en 1801, cuando dos fareros galeses, ambos de nombre Thomas, quedaron atrapados durante una tormenta. Para que la imagen pareciera más o menos de esa época se usaron un lente similar a los que estaban en uso entonces, y un filtro especial para emular películas hechas a finales del siglo XIX. Se filmó con un formato casi cuadrado y, por supuesto, en blanco y negro – un blanco y negro que recalca la dureza de la vida en ese sitio tan remoto.

De hecho, la fotografía por Jarin Blaschke es magnífica. Evoca la de Robert Flaherty, sobre todo en cuanto a Man of Aran (Hombre de Aran), documental que retrata las penurias sufridas por los habitantes de las lslas Aran irlandesas. Cada imagen es una belleza, sean las alucinaciones por el alcohol o la locura, sea la belleza del mar, las gaviotas (a la vez protagonistas importantes), o el paisaje salvaje e imponente.

Otro ingrediente esencial es la banda sonora. La música original es de Mark Korven, quien al igual que Blaschke trabajó anteriormente con Eggers en La Bruja (2015). Junto con el sonido directo y el sonar incesante del viejo cuerno (o sirena) de niebla, construye una atmósfera de suspenso y una sensación creciente de pavor.

Todos los edificios que se ven en la película fueron construidos especialmente e instalados en Cape Forchu, Nueva Escocia donde se realizó la filmación, en condiciones climáticas extremas y muy severas.

El Faro es una película entre fantasía, suspenso y horror, con una buena dosis de humor negro. El formato cuadrado realza la sensación de encierro, aún en las escenas exteriores.

Viendo la cantidad de trabajo, talento, imaginación e investigación que se invirtió en hacer la película, viendo el estupendo trabajo de actuación de Willem Dafoe y Robert Pattinson, y viendo las duras condiciones tanto del terreno como climáticas que tuvieron que soportar, me dio mucha pena ver como la mujer sentada a mi lado pasó gran parte de la película ¡checando los mensajes en su celular!

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