El charro mexicano

Las Plumas de Quetzalcoatl
Guillermo Morán Romo_______________

amigos, EL DÍA DEL CHARRO se celebra cada 14 de septiembre. No obstante todo lo que se ha dicho y escrito al respecto, sabemos que el tema del charro y la charrería sigue siendo inagotable.

Sabemos que la charrería es una actividad en la que está presente el hombre del campo y su necesidad de revivir sus faenas en el entorno urbano.

Un caballo, música y un charro o jinete, y el espectáculo está servido.

Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde el 1 de diciembre de 2016, la charrería congrega a mexicanos de todos los estados en los lienzos charros.

En la actualidad, la interpretación del charro como símbolo de mexicanidad tiene que ver con los acontecimientos desprendidos de la Revolución armada de 1910.

Para su información, esta columna será publicada los lunes de cada semana.

Entre 1918 y 1920 en los discursos políticos culturales hubo la preocupación de recurrir a afirmaciones nacionalistas que justificaran la movilización popular y uno de los caminos fue la revalorización de todo aquello considerado expresión de lo mexicano.

En este contexto, el charro como síntesis de diversos elementos se convirtió en símbolo de nacionalidad. La creación de las asociaciones charras, en los inicios de la década de los años veinte, garantizó la supervivencia de los charros urbanos practicantes de las suertes de la charrería en los lienzos de las ciudades y otras poblaciones más pequeñas. Por tanto, el nuevo charro es el jinete no necesariamente del campo, que realiza como competencia las suertes del jaripeo perfeccionándolas como una práctica deportiva.

Como señaló atinadamente Gerardo Murillo, “Dr. Atl, en su libro <Las Artes Populares en México> de 1922: “La equitación mexicana constituye una de las manifestaciones más típicas de la República; el espíritu popular ha condensado en el hombre que monta a caballo –en el charro- el espíritu nacional por excelencia”.

ANTECEDENTE.- El antecedente más directo del charro es el chinaco. Ambos, por su significado, constituyen un tema importante en la iconografía nacionalista mexicana del siglo XIX.

Hasta los Papas se han vestido de charros.

Por su virilidad, no exenta de toques machistas, por su gallardía, por su atuendo de ostentosa vanidad y por su actitud espectacular, el charro es identificado como el prototipo de lo mexicano.

En general, pintores, grabadores, poetas y músicos lo retrataron con minuciosidad cercana a la admiración. Entonces, hablar del charro mexicano y de la charrería en general, es referirse al deporte de más honda tradición mexicana. “Es pasearse en el potro alazán de la ilusión por los valles y las grandes llanuras de un pueblo que nació a caballo”, dirían por ahí.

POSADA.- Nuestro artista José Guadalupe Posada, el inagotable, siempre nos ofrece nuevas interpretaciones por la riqueza y la profundidad de su obra en la que ocupa un lugar principal el charro. Le da vida lo mismo como calavera fanfarrona y fandanguera, bailando en los panteones, cortejando a la mujer, desafiando a un tigre en la estampa conocida como El Valiente de Guadalajara, que asumiendo un aspecto aguerrido como en el corrido Macario Romero.

Pero también representa al charro en la pulquería con un vaso de neutle, bebida por excelencia de todas las clases sociales de la época.

Es sorprendente el hecho de que al reunir imágenes de charros de Posada encontramos un personaje inédito y original en su iconografía. Tomando como punto de partida una fotografía de Hugo Brehme, Posada presenta como cumbre del revolucionario y del charro a Emiliano Zapata, campesino que lucha por el respeto a los derechos de los trabajadores de la tierra.

Deseo informar que este día me convirtieron por quinta ocasión en abuelo. Estoy culeco.

La charrería ha sido desde hace mucho tiempo, el deporte preferido de los grandes personajes de todos los tiempos, así como de la gente más humilde del pueblo. Es así como se recuerda al Caudillo del Sur, Emiliano Zapata, montando un buen caballo de aquella época y luciendo el elegante vestido de charro. El mejor regalo que se le podía dar al Caudillo en su onomástico, era una charreada en la cual él tomaba parte.

Este bello deporte invadió todo México; en todos los rincones del país comenzaron a construir sus lienzos y la charrería se constituyó en el deporte nacional. En la actualidad no hay lugar donde no exista una agrupación de gente charra.

El México Charro está perfectamente organizado. Año tras año se lleva a cabo en algún estado de la República el Congreso y Campeonato Nacional Charro, en el cual participan todas las asociaciones del país, en una justa que reviste la mayor importancia para la gente de a caballo.

Al final, todo se complementa de manera excelente con las lindas charras y sus vistosos trajes de Adelitas, que en cada charreada interpretan diversas evoluciones a caballo y al ritmo de sones y jarabes tradicionales mexicanos. Son las famosas escaramuzas charras.

”Vestirse de charro es vestirse de México”, decía el poeta español Manuel Benitez Carrasco.

Así es el Charro Mexicano.

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