El amor por cuenta propia de la cubana Marina Grant

Eliexer Peláez Pacheco (*) ________________

Manzanillo, Cuba (Prensa Latina).- Una de las mujeres en Cuba que asumió el trabajo autónomo plena de amor lleva el nombre de Marina Grant González, jubilada del sector de la educación que prosigue apegada a su profesión, a la que tanta pasión entregó.

Ella es ahora cuidadora de niños, y su hogar lo convirtió en una casita de juegos con el nombre «Las Marinitas», hoy símbolo y referencia en el municipio de Manzanillo, en la oriental provincia cubana de Granma, por los logros con los pequeñines de padres trabajadores necesitados de su atención.

Una vivencia personal -y casual- le motivó su inserción en este mundo del trabajo con infantes: «Fue mi inspiración una pequeña que siempre andaba con su mamá, una trabajadora social quien se encontraba laborando aquí en la comunidad, y por no tener quien se la cuidara siempre la llevaba a cuestas para todas partes donde ella debía ejercer su función.

«Un día que me encontraba sola en casa, sentada en el portal porque había fallecido mi mamá, le pregunté a la muchacha por qué siempre andaba con su niña; ella me explicó los motivos y, por voluntad propia, me ofrecí para cuidarla, y en todo este proceso ya la pequeña se convirtió en mi nieta y ganó un espacio especial en mi familia».

En la actualidad tiene 12 niños bajo su amparo y el de su nuera Xiomara, quien le brinda un apoyo esencial. Las edades de estos pequeños oscilan entre los dos y seis años, cuando se despiden de este hogar una vez que comienzan el preescolar.

Marina Grant González.

Los infantes aprenden de los juegos, comparten cuentos con su «tía Marina», se adueñan de los roles que deben ir desempeñando a su edad y que los preparan para la vida, realizan gimnasia y hasta aprenden de la historia y de los héroes y mártires del país.

Por eso, en un pequeño sitial del patio, hay una mesita donde no faltan nunca las flores para el Héroe Nacional de Cuba, José Martí.

PASADO Y PRESENTE

Grant González siente una satisfacción grande por su labor. «Este es un trabajo divino donde hay que tener mucho amor, vocación, porque no soy maestra titular de la primera infancia, pues mi especialidad fue otra.

«Pero me siento más que maestra de esta edad que es la más linda, en la que les ayudas a prepararse para un preescolar que sea fructífero y tengo esa gran satisfacción porque, por suerte, los niños que han salido de aquí son bien reconocidos en los seminternados.

«A mí me da una alegría inmensa que cuando las solicitudes llegan a la oficina de la primera infancia siempre soy reconocida, pues trabajé muchos años en círculos infantiles y en las escuelas de educación especial, donde acabé de completar mi vida como educadora», manifestó.

EN TIEMPOS DE COVID-19

Ahora su casa y su patio, por la actual situación epidemiológica, fueron celosamente adecuados para el cumplimiento estricto de las medidas higiénico-sanitarias establecidas debido a la Covid-19, esenciales para la protección de estos infantes.

«Cada día establezco mayores rigores en esto, por ejemplo, a la entrada tengo un paso podálico donde los niños tienen que limpiarse sus zapatos, mantengo el agua jabonosa, tengo siempre un cartel puesto en la puerta de mi casa aclarando todas las situaciones, y los niños deben traer los tapabocas necesarios para su protección.

«Por lo tanto todas las medidas aquí en mi casa son extremas, los niños no sólo se lavan las manitos al entrar, en el patio que es donde realizo mi actividad ellos tienen sus toallas, servilletas, jarros, cucharas, platos, todo lo necesario para su higiene personal.

«Además, no me falta el cloro, el jabón, aquí tenemos ese compromiso grande con que no se enferme ningún niño, ni contagiarnos nosotros y, algo fundamental: a la vivienda no accede nadie, los padres saben que tienen que despedir a sus pequeños en la puerta, ellos se los entregan a mi nuera, y todo lo demás corre a cargo de nosotras», detalló.

ENTRE RETOS, RESPONSABILIDADES, AGRADECIMIENTOS

Durante el año pasado, tuvo una desconsoladora experiencia, pero que se tornó en un bonito reto, y hoy la comparte, relacionada con los días en que se cumplía el estricto distanciamiento social para enfrentar la pandemia y su patio quedó desolado.

«Eso fue muy triste porque cuando yo vi aquel patio vacío en verdad me afectó emocionalmente y sentí nostalgia por mis niños… Entonces me dediqué a buscar materiales e hice alfombras, pelotas, una pecera con cartón para que los niños se diviertan y un juego traga bolas, o sea me dediqué a confeccionar los medios de enseñanza que necesitaba».

Hoy esta valiosa mujer tiene muchos agradecimientos que transmitir: «A la comunidad que tanto coopera conmigo, y a mi divina familia que es maravillosa, todos sus miembros me ayudan, y eso es algo que me reconforta y me da deseos cada día de trabajar. Es algo lindo que toda mi familia y los vecinos estén atentos de la labor que realizamos en este hogar».

Su gestión como trabajadora autónoma es tan responsable y con tan importantes frutos, que la Federación de Mujeres Cubanas y la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia en Manzanillo la tienen como referencia, y han solicitado su apoyo para transmitir la experiencia a otros trabajadores.

Marina Grant González es una persona comprometida con la sociedad y su vida se enriquece con una trayectoria moral heredada del espíritu guerrero y solidario de su entorno en el hogar. Mujer ejemplar para todos, perdurará por siempre en la mente y el corazón de esos pequeños y sus familiares.

(*) Periodista de Radio Granma, emisora municipal de Manzanillo. Colaborador de Prensa Latina.

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