Efrén Adame, el “Cordobés Mexicano”

Hoy hace 16 años dejó este mundo la gran figura

.-  ¨Fui un romántico, un reflejo de lo que se pensó hacer y no se concluyó, fui como aquel volcán que no erupcionó, como aquel hijo que no se dio, que no nació, que quiso ser sin ser, un torero que se murió en el lapso del embrión, pero que sí logró tocar un poquito de la gloria¨.

Heriberto Bonilla Barrón __________________

Ni rencores ni perdón.

No me grites, no me llores

Lo nuestro ya se acabó

Rencores, ¿por qué rencores?

No le va a mi señorío

guardarle rencor a un río

que fue regando mis flores

tú me diste los mejores

cristales de tu corriente

y no sería decente

maldecirte por despecho

Si sé que tienes derecho

a regar la fuente

Debo estarte agradecido

por tu generosidad

tú me diste por bondad

lo que yo di por cumplido

me brindaste tu latido

tu boca nunca besada

tu carne nunca estrenada

tus ojos siempre esperando

con dos ojeras temblando

debajo de la mirada

Tú me diste el primer

te quiero

que es el que más

atosiga

Y llenita de fatiga

me diste el beso primero

Hasta que llegó a tu alero

aquel mal viento ladrón

Yo sé que tu corazón

fue mío por vez primera

Y sólo mía la acera

debajo de tu balcón

por eso yo bien nacido

ni  te odio ni te aborrezco

al contrario, te agradezco

todo cuanto me has querido

no me importa barca mía

si te has ido hacia otro

mar, que yo no te debo

odiar por esa mala partida

porque tú eres en la

vida un cierto modo de amar

Ni te vuelvas a mi lado

para pedirme perdón

que el perdón es la razón

de volver a lo pasado

y lo pasado ha acabado

que pasó porque pasó,

déjame

déjame que viva yo sin

rencor y sin perdón

no me grites, no,

no me llores,

lo nuestro

ya se acabó

La poesía inmensa de Manuel Benítez Carrasco, pareciera narrar justamente la vida de un hombre, de un torero que tuvo una carrera fulgurante, que conoció del triunfo y que parecía predestinada para la grandeza.

Un triunfo que alcanzó y que dejó escapar porque el destino así lo quiso.

Un triunfo que tuvo todo para ser leyenda y que sin embargo se truncó.

Una carrera que fue muy corta, pero estrujante.

Que conoció de la gloria.

Que la gozó por unos instantes.

Y que después, conoció el infierno del fracaso, del dolor, del abandono y hasta del rechazo.

Fue una carrera que tuvo de todo y que las nuevas generaciones no conocen por lo que este día 29 de enero del 2020, al cumplirse 16 años de la muerte de Efrén Adame, el ¨Cordomex Mexicano¨, la traemos al presente en FUERZA AGUASCALIENTES y MIS RAICES DIGITAL como un sincero homenaje a una figura enorme que nunca fue dimensionada por los aficionados y menos por los puristas del toreo, por esas gentes que se la pasan hablando de los Armilla, de un Calesero que se distinguió por no arrimarse y por tantos otros que pasaron sin pena ni gloria y a los que se les dice ridículamente ¨maestro¨.

Como no recordar en este día que Efrén Adame, con el que tuvimos oportunidad de platicar en infinidad de ocasiones, nos dijo en el 2003:  claro que me llena de orgullo decir que fui un romántico, un reflejo de lo que se pensó hacer y no se concluyó.

Fui como aquel volcán que no erupcionó.

Como aquel hijo que no se dio. Que no nació.

Que quiso ser sin ser.

Un torero que se murió en el lapso del embrión, pero que s¡ tocó un poquito de la gloria.

Pero que no está  amargado por no haber concluido su carrera sin el reconocimiento que se merecía.

Y entonces nos declamó como él solo podía hacerlo:

“Ni rencores ni perdón

No me grites, no me llores

Lo nuestro ya se acabó”

Fue “El Cordobés Mexicano” o el “Cordomex”, como también se le llegó a conocer.

Un hombre, una leyenda más de la gran cantera taurina de Aguascalientes.

Un verdadero torero de época.

Un torero que tuvo todo para ser grande entre los grandes y que, como él mismo nos lo dijo, se dejó  ganar por la fama, el licor, las mujeres y los amigos.

Una figura que llegó a un éxito tan meteórico, que pensó que tenía al mundo en sus manos y que llegó a alcanzar tal arrogancia que hasta se dio el lujo de rechazar una invitación a dialogar y a pactar una serie de confrontaciones ni más ni menos que con Manuel Benítez “El Cordobés”.

Y no dudó al describirse: Efrén Adame fue un romántico de la fiesta.

Un soñador, un relámpago que ahí se quedó.

Como un flechazo, como una fotografía cuando retratas un rayo, un relámpago, una acción, un tronar de un cohete de la pólvora.

Una figura que se quedó congelada.

Eso, nos llegó a decir, eso fue Efrén Adame en la fiesta de los toros.

Tenemos que destacar que esta charla ocurrió en abril del 2003, un año antes de su deceso y modesto como fue, no quería dialogar para el público de su vida.

No mira, no soy nadie, habla, conversa y promociona a los jóvenes.

Yo, nos dijo, ya sólo soy, si acaso, un vago recuerdo que ni siquiera yo mismo quiero sacar del baúl.

No quiero  ni acordarme de mis tiempos de gloria ni de mis grandes fracasos.

Hoy que estamos en tiempos de feria, de toros, habla Heriberto, nos dijo, de los jóvenes, habla y difunde que es un pecado mortal que no se promueva a los muchachos que quieren ser toreros.

Habla de eso, no hables de los que fuimos y nos perdimos.

Habla de quienes verdaderamente hicieron época.

Habla de la necesidad que tenemos de figuras nuevas, de la urgencia que tiene la fiesta de renovar a su sangre.

Así era Efrén Adame, para muchos fue un loco.

Para otros un auténtico  fenómeno.

¨Fuiste un grande Efrén, dilo con orgullo, que la gente lo sepa, no te compares como ya lo hiciste una vez, con “El Glison”, ese ni merece siquiera estar a tu lado. Compárate con Manuel Benítez “El Cordobés”, con el que estuviste a su altura”,  le dijo ante nosotros Fermín Espinosa “Armillita”.

Y los ojos se le alegraron a Efrén.

Da gusto, nos dijo, que gente como Fermín y muchos otros me hablen de esa manera. A quienes me critican y hasta se atreven a tacharme de “chalado” ni caso les hago, los juzgo y no me hacen daño.

En mí no quedan resentimientos.

Me entregué a la fiesta y me recompensó como a pocos.

Enfrenté muchos obstáculos, envidias y muchas cosas denigrantes, pero no estoy amargado ni resentido.

“Ni rencores ni perdón

No me grites, no me llores

Lo nuestro ya se acabó

Rencores, ¿por qué rencores?”

Quedó en mí un poco de dolor porque no soy inmune, pero fue en su momento, ahora ya no lo hay.

Fue una bella experiencia que tuve que vivir, porque así se dieron las cosas.

Ese fue el destino que me tocó vivir.

Esa era mi vida, ese fue el final taurino de Efrén Adame.

No hubiera sido de otra manera, fue algo bello porque fue bonito.

Fui figura por un día.

Una figura que tocó la gloria, algo bello, extraordinario y que ya la puse  en el baúl de los recuerdos.

No vivo de ese tiempo, para mí ya quedó muy atrás, aunque debo decir que todavía algunas veces nace en mí el deseo de vestirme de luces y cortarme la coleta porque oficialmente nunca me retiré.

Efrén nunca se imaginó que un año más tarde habría de morir y claro que hoy recordamos lo que nos dijo: es un sueño, bello y quizá  irrealizable, pero un sueño que nunca me abandonará mientras esté con vida.

“Déjame que viva yo sin

rencor y sin perdón

no me grites, no,

no me llores,

lo nuestro

ya se acabó”.

Esta poesía de Manuel Benítez Carrasco la tenía a flor de labios y con ella quería decir que su vida como torero había acabado y que no tenía rencores para nadie.

No puedo hablar mal de la fiesta, pese a tantas cosas que la dañan, porque la fiesta me dio y también me quitó todo, nos dijo.

No puedo hablar mal de ella, no puedo tener rencor ni tampoco pedirle perdón porque estoy agradecido con ella.

Efrén Adame, quien trabajó como linotipista en el Sol del Centro y luego en los archivos del IMSS, para quien conoce su historia, fue uno de esos volcanes que tanto está necesitando la fiesta.

Surge al mundo de los toros en la primera de las contadísimas actuaciones que tuviera en la San Marcos el legendario Manuel Benítez “El Cordobés”.

Y lo hace de la manera más impensada.

Era el año de 1963, justo cuando el Cordobés causaba furor en México.

Llegó a Aguascalientes y Efrén saltó de espontáneo a la San Marcos, de inmediato lo detuvieron y acabó en la cárcel.

Ahí le nació el gusanito por los toros.

Como la inmensa mayoría de los aspirantes a toreros, se colaba a tientas e iba a “pueblos rabones”, fue a Guadalajara y ahí el empresario Ignacio Aceves lo trató despóticamente porque traía el pelo largo y un sombrero.

Una gente como tú nunca tendrá  cabida en mi plaza, le dijo.

Llorando salí, pero antes le dije, algún día, primero Dios, usted va a rogarme que actúe en su plaza y entonces nos veremos.

Y Dios me dio esa oportunidad, luego me rogó y me pagó lo que quise.

Con una o dos novilladas, llegó a actuar en México en la Plaza La Aurora. Ahí a pesar de que triunfó el gerente lo regresó a Aguascalientes y le dijo que no volviera hasta que cambiara su estilo y que dejara de agredir al toreo tratando de imitar burdamente al “Cordobés”.

En abril de 1964 en un festejo para una candidata a reina triunfó rotundamente y sus amigos lograron que lo volvieran a programar en La Aurora. Ahí fue un mano a mano con Antonio Lomelin.

Antes de partir plaza el empresario me volvió a insultar y a decirme que denigraba a la fiesta por ser una burda copia del Cordobés. Se dio el festejo y triunfé en grande.

Al siguiente día ya para venirme y tras de comprar mi boleto de regreso para Aguascalientes, conviviendo en el hotelito con varios amigos se presentaron dos judiciales y me pidieron que hablara por teléfono con el empresario de La Aurora.

No ya lo que teníamos que hablar ya lo hicimos. Bueno entonces habla con Licho Muñoz, me dijeron,  lo hice y me dijo que me iban a programar y que al siguiente día a las 10 me presentara con Angel Vázquez, el empresario de la México. Lo haré pero me pagas mi boleto para Aguascalientes que ya compré, el hotel y las comidas, le dije, aceptó y así lo hice.

Al siguiente día, era martes, me presente no a las 10 sino a las 11 y cuando llegué me trataron desde el portero hasta la secretaria como una gran figura.

Angel Vázquez comenzó a regañarme por la tardanza y le dije que mejor me regresaba. No, tú vas a torear el domingo -fue el 25 de abril de 1965- en la México, tienes loca a la afición con lo que hiciste en La Aurora y vas a actuar el domingo.

¿Cuánto me va a pagar?, le pregunté y de inmediato me respondió:  1,500 pesos.

No eso es un robo, deme 10 mil y veremos, a regañadientes  aceptó y ya para firmar el contrato le dije que incluyera que por cada oreja me regalaría un traje de luces nuevo. Gritó e insultó pero aceptó.

Y no he terminado, también ponga que actuaré el domingo 2 de mayo por si no hay suerte el 25 voy por el desquite.

Volvió a gritar y a lanzar maldiciones, pero también aceptó.

Al salir me esperaban a la puerta Fernando Elizondo y Rafael Báez – el eterno apoderado de Eloy Cavazos- quienes se ofrecieron a ayudarme, incluso me hospedaron en un buen hotel y me consiguieron los avíos para mi actuación.

Y así debuté el 25 de abril de 1965. Fue algo glorioso.

Lo hice al lado de Luis Reyes y Manolo Ureña, corté sólo una oreja al sexto de la tarde que se llamó “Peineto”. Pude haber cortado más apéndices pero fallé con el estoque, sin embargo salí a hombros.

Al siguiente domingo, el 2 de mayo, volví al lado de Rafael Muñoz “Chito” y Leonel Alvarez “El Diplomático” y no hubo suerte porque el encierro estuvo fatal.

Es más, se me encajó una banderilla corta en un pie. Me llevaron a la enfermería, yo quería regresar al ruedo y no me dejaron.

Al siguiente día en el hospital me colmaron de regalos, de entrevistas y Pepe Alameda publicó que me gustaban las manzanas porque me vio comiendo una. Al otro día tenía kilos y kilos de manzanas en mi cuarto de hospital.

Un señor muy amable y cortés fue a visitarme con sus hijos, me deseó pronto restablecimiento y me dijo que si no me ofendía me regalaría un billetito para que le comprara un regalo a mi madre.

Al irse lo desenrollé y grande fue mi sorpresa que eran mil pesos.

Ahí Báez y Elizondo me pidieron oficialmente ser mis apoderados.

Si me dan en estos momentos 15 mil pesos, les firmo. Me los dieron y todavía me adelantaron parte de varios contratos que ya me habían arreglado.

Me había ido a México sin un cinco y volví con más de 50 mil pesos.

Inició ahí una carrera meteórica por todo el país.

Tomé la alternativa muy prematuramente. El 21 de noviembre de ese mismo año en San Luis Potosí alternando con Manuel Capetillo y Jaime Rangel, con toros de Javier Garfias.

El éxito me sonreía y pronto me convertí  en una gran figura que imponía a mis alternantes y encierros y claro que puedo presumir que  ayudé a muchos compañeros porque sufrí lo inimaginable para triunfar.

Y entonces el éxito me envaneció.

No sabía ni lo que quería, me aficioné al alcohol y las mujeres.

Tardes y tardes de triunfo alternando con todas las figuras.

Días y noches de licor y mujeres, de parrandas.

Creía tener al mundo a mis pies.

Vino apenas meses después el principio del fin.

En una corrida en Acapulco un toro me corneó brutalmente,  me deshizo el recto, tardé seis meses en recuperarme.

Pero ni así me contuve, seguía mi afición al licor y a las mujeres.

Entonces el éxito comenzó a retirarse, conocí la ingratitud de los empresarios, de los toreros a los que ayudé, de la prensa corrupta de aquel entonces, de los que se decían mis amigos.

Me fui a Centroamérica y  tuve más tardes de triunfo.

Volví a México y las puertas se volvieron a cerrar.

Tuve muchas humillaciones, muchos fracasos.

Pero no entendía, seguía mi afición al licor y a las mujeres.

Las mujeres más bellas y las artistas más famosas del país se me entregaban y me rogaban.

No tenía humildad. Creía que el mundo estaba en deuda conmigo, era arrogante y no quería arrastrarme ni ser servil.

Si hubiera sido otro, nos dijo Efrén, hubiera repuntado y quizá nadie me hubiera detenido, pero no, la soberbia me cegó e incluso hasta rechacé una invitación del Cordobés para dialogar.

“Si tu maestro quiere hablar conmigo, le dije a su mozo de espadas, ve y dile que eso sólo será  posible en la puerta de cuadrillas, partiendo plaza, antes de eso no me interesa ni deseo hablarle”.

Entonces el mundo comenzó a cerrarse y el éxito a escasear. Vinieron los grandes fracasos en muchas plazas.

Las empresas se cobraron con creces.

Todos me dieron la espalda, me dejaron y yo me hundí en el vicio.

“Ni te odio ni te aborrezco

al contrario, te agradezco

todo cuanto me has querido

no me importa barca mía

si te has ido hacia otro

mar, que yo no te debo

odiar por esa mala partida

porque tú eres en la

vida un cierto modo de amar”

Esa fue mi vida en el mundo de los toros, nos dijo, una vida que no quería recordar.

Una vida que luego sirvió para rehacerme.

Estuve en lo más bajo por culpa del licor. Lo dejé, entré a Alcohólicos Anónimos y duré muchos años sin probar una copa.

Hace unos años surgió la posibilidad de cortarme la coleta y volví a caer al licor, se esfumó esa opción y retorné a Alcohólicos Anónimos.

Ahora estoy bien, vivo mi vida, soy feliz, soy un ser normal que no guarda rencores.

Un ser que ama la vida, la libertad, al romanticismo,  a la ternura.

Un hombre que gusta de la poesía y que no vive de sus recuerdos.

“Déjame que viva yo sin

rencor y sin perdón

no me grites, no,

no me llores,

lo nuestro

ya se acabó”

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