Directrices de EE.UU. tras nuevos métodos de subversión

Noel Domínguez y José Castañeda Torres ______________

La Habana, (Prensa Latina).- Como los colores en la piel de un lagarto, sin renunciar a la violencia, los métodos de ataque contra la Revolución cubana mutaron en seis décadas hacia formas más sutiles, en correspondencia con las directrices del Gobierno de Estados Unidos.

«De la literatura y el arte, por ejemplo, haremos desaparecer su carga social. Deshabituaremos a los artistas, les quitaremos las ganas de dedicarse al arte, a la investigación de los procesos que se desarrollan en el interior de la sociedad. La literatura, el cine y el teatro deberán reflejar y enaltecer los más bajos sentimientos humanos», escribió el exdirector de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Allen Dulles, en su libro The Craft of intelligence (El Arte de la inteligencia).

Fundador de ese cuerpo de espionaje y subversión y su jefe entre 1953 y 1961, Dulles fue destituido porque mintió al presidente John F. Kennedy y le informó que cuando la fracasada invasión de Playa Girón ocurriera, el pueblo cubano la respaldaría y se sublevaría contra el Gobierno revolucionario.

Editado en 1963 por la editorial Harper & Row, de Nueva York, el volumen constituye un manual orientado a derrotar el comunismo a través de la erosión ideológica, y en ese texto, su autor expone claramente las metas del sistema socioeconómico al que representa.

«El objetivo final de la estrategia a escala planetaria, es derrotar en el terreno de las ideas las alternativas a nuestro dominio mediante el deslumbramiento y la persuasión, la manipulación del inconsciente, la usurpación del imaginario colectivo y la recolonización de las utopías redentoras y libertarias, para lograr un producto paradójico e inquietante: que las víctimas lleguen a comprender y compartir la lógica de sus verdugos».

Previsor en la cruzada anticomunista, Dulles advierte que solo unos pocos acertarán a sospechar e incluso a comprender lo que realmente sucede. «Pero a esa gente la situaremos en una posición de indefensión, -advierte-, ridiculizándolos, encontrando la manera de calumniarles, desacreditarles y señalarles como desecho de la sociedad».

Esta última receta se aplicó en medio de los preparativos del reciente intento de golpe blando contra  la mayor de las Antillas a partir de la manipulación basada en una farsa ejecutada por un grupúsculo del barrio habanero de San isidro, vinculado a la Embajada de Washington en La Habana.

Al referirse el 8 de octubre del año en curso a esas difamaciones, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, denunció que existe «un ejército mercenario viviendo al amparo de una campaña pagada para enfrentar a intelectuales o artistas comprometidos con la Revolución, se ataca a líderes de opinión que defienden la Revolución y se aplica un linchamiento virtual».

UN MAIDÁN EN EL CARIBE

El paso de los meses demostró que los ataques en el territorio nacional contra monumentos de José Martí a inicios de 2020, actos de sabotaje y terrorismo como incendios en centros comerciales y hasta el descarrilamiento de un tren con gran despliegue publicitario en las redes sociales eran parte de los preparativos para provocar una sublevación en Cuba  al igual que la ocurrida en Ucrania en 2014, con la plaza de Maidán como epicentro.

Reportajes recientes publicados en la televisión nacional refirieron que esas acciones buscan provocar un estallido social que obligue a la represión para justificar un reforzamiento del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba, una guerra civil o incluso una intervención encabezada por el Pentágono, como la que invocó ante las cámaras el terrorista residente en Miami, Orlando Gutiérrez Boronat.

La ruta del dinero conduce a Norteamérica, según confirmaron los testimonios de detenidos comisores de hechos vandálicos en distintos puntos de La Habana como Alejandro Cesaire y Manuel Arias; o de José Osmani Bauta y Francisco Felipe, ambos coordinados para matar a dos oficiales de las fuerzas del orden a cambio de mil pesos para cada uno, que le llegarían desde Estados Unidos.

Recientemente, esa superpotencia reportó gastos por más de 261 millones de dólares en programas de subversión contra la Isla desde 1990 hasta 2020.

El periodista Tracey Eaton citó en su portal Cuba Money Project datos incluidos en el Explorador de Ayuda Exterior de la Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID).

De acuerdo con esa fuente, más de 124 millones de la moneda emitida por Washington tuvieron como destino el objetivo descrito como «participación democrática y sociedad civil», unos 38 millones fueron consignados bajo el rótulo de «derechos humanos» y 25 tuvieron como justificación el de «medios y libre flujo de información».

Todo esto estuvo en la trastienda de la intentona de la cual el grupúsculo de San Isidro fue solo una cortina de humo.

(Tomado de Cuba Internacional No. 469)

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