Demagogia, intolerancia, populismo

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Salvador  Flores  Llamas _____________

Si un gobernante no cumple las promesas que hace, miente; si dice medias verdades, hace demagogia; si promete cosas ficticias o inalcanzables para ganar adeptos, cae en populismo, y si es intemperante con sus adversarios o no partidarios, llega a la intolerancia.

El presidente Peña Nieto criticó esas lacras en el menaje político del resumen del tercer informe en Palacio Nacional ante sus invitados, pues desde el último informe de Fox el jefe del Ejecutivo no rinde uno ante el Congreso de la Unión en el Palacio Legislativo.

Los analistas vieron ahí una alusión clara a López Obrador y al “Bronco”; el primero se puso el saco a través de su testaferro Martí Batres, quien sacó la conclusión de que Peña le tiene miedo al tabasqueño; mientras el segundo simplemente afirmó que no le venía el saco.

No tarda en llegar otra respuesta a Peña del Peje y a Beltrones (por aludir éste también a él) mediante diputados y senadores de Morena y sus fans de las redes sociales.

O bien, a través de los 50 mil spots por radio y Tv de Morena, que se adjudicó Amlo para su promoción personal, como hizo con un millón 55 mil durante la pasada campaña electoral, que les arrebató a sus candidatos, aunque él no lo fue.

A ver cómo se pone la guerra de aquí al 2018..

Que cada quien saque sus conclusiones: Amlo ni pio dijo por convenir así a su hambre de publicidad, y quisiera que todos se lanzaran contra él y le  dieran oportunidad de contestar y, en un chico rato, hasta se ensartaran con él en debates, para llamar más la atención del respetable.

No se olvida que el Peje sacó grandes dividendos publicitarios del desafuero que contra él promovió el presidente Fox, por persistir en pisotear amparos otorgados por jueces, como –se dijo- le aconsejó Creel, su secretario de Gobernación, y él mismo lo disuadió al ver que el inculpado había ganado carretadas de popularidad como víctima del poderoso.

Fuera del incienso y los aplausos a EPN en estos días, también hubo severos señalamientos: hay que pedir sinceridad y cumplimiento de lo ofrecido, sin repetir decálogos, pues Peña ha lanzado al menos 7 desde que era candidato a la fecha y, que sepamos, no ha cumplido.

De otro modo cae en la demagogia que ya nos tiene hasta el copete, deviene en incredulidad y enojo hacia el gobierno y añade más motivos de repudio; de por sí sus enemigos, opositores y demagogos empedernidos sólo buscan pretexto para fustigarlo.

El régimen peñista se tardó en frenar a la CNTE, una demanda general. Ojalá haga lo mismo con casos como Iguala, Tlatlaya, Tanhuato y las casas de las Lomas, Valle de Bravo y Malinalco, a los que no hizo caso, los dejó crecer y dio pretexto para que lo difamen aquí y en el extranjero, como -está visto-  parte de la campaña de los amantes del desastre, que exigen renunciar a EPN en el clásico “quítate tú para ponerme yo”.

 Añadamos la fuga del Chapo, cuyos máximos responsables están impunes, y  el fallo de Virgilio Andrade, secretario de la Función Pública, de que no hubo conflictos de interés, aunque Peña Nieto los admitió al disculparse por ellos.

Atrás de esos ataques está Andrés Manuel, que ve todo con intolerancia  para echar agua a su molino, ganar más fans y alzarse con el poder en 2018, para lo que ya tiene a Morena, partido que le obsequió el gobierno (pues no llenó los requisitos del registro) dizque para aquietarlo, mas a los peñistas les salió el tiro por la culata.

Muchos atribuyen al tabasqueño gran carisma y ser un mesías tropical; pero aplíquenle la prueba del ácido y analicen su gestión como jefe de gobierno del DF, donde dejó intocados los principales problemas, diario se dedicó a publicitarse con sus entrevistas mañaneras, en las que respondía sólo lo que le convenía y hacía a un lado las carencias de “sus gobernados”.

¿Por qué no recordar los videos de Carlos Ahumada en los que Bejarano, secretario particular de Amlo, y otros perredistas (como Carlos Imaz, Ramón Sosamontes) recibieron miles de dólares a cambio de contratos de obras, moches de los que Bejarano confesó estaba enterado su jefe, el Peje?

¿Por qué no hurgar su pasado en Tabasco donde le atribuyen asesinatos varios, como los de un hermano suyo y un amigo?

Si alguien así quiere salvar a México, hay que darle las gracias, e indagarlo jurídicamente para que no diga que se le acusa arbitrariamente.

Pero la ambición de poder –que todos llevamos– es mayúscula en él y hoy aparece como adalid de la “honestidad valiente”, intransigente, mañana y como hermana de la caridad luego. Por fortuna, ya nadie cree sus patrañas.

Sin duda será el enemigo a vencer en 2018; si gana nos uncirá al yugo de Fidel Castro, como están Venezuela, del sátrata inMauro; Evo Morales en Bolivia, que ordena le amarren los zapatos en público; Rafael Correa, que desea perpetuarse en Ecuador; Daniel Ortega, que reformó la Constitución de Nicaragua para ello, y eso que encabezó el combate a la tiranía de Somoza.

O sea, la red de minidictaduras “democráticas”.

Aquí lo mejor será no tomar en cuenta a Andrés Manuel, hacerle el vacío ante la opinión pública; mas sí impedir sus trampas para andar en campaña electoral permanente, lo que compete a la autoridad electoral, que parece tenerle pavor.

Muchos fans de las redes sociales quisieran ver en México un repeat de la caída de Otto Pérez Molina, expresidente de Guatemala. Esperemos que no se les haga.

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