De frente y de perfil

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Ramón Zurita Sahagún __________

Baraja nueva

Luego de unos terribles resultados electorales obtenidos en el proceso electoral del pasado 6 de junio, los tres principales partidos políticos se aprestan a estrenar nueva dirigencia.

Dos de ellos (PAN y PRI) lo harán por el término de los períodos para los que fueron electos sus actuales cuadros dirigentes y el tercero (PRD), obligado por las circunstancias de haber sido arrollado en las urnas.

Los tiempos de renovación coinciden con la cercanía de la contienda electoral del 2016, donde doce entidades del país renovarán sus gobiernos.

Pero también mira a lo que se anticipa una contienda presidencial sumamente cerrada, donde las expectativas de victoria se concentran en obtener hasta un 30 por ciento de los sufragios.

Uno de los principales propósitos que tendrán los nuevos dirigentes partidistas será el de mostrar atractivos para que los jóvenes se incorporen a sus respectivos partidos o, cuando menos, muestren simpatías por ellos.

Pero también conllevan la necesidad de mostrar que los partidos políticos, siguen siendo la alternativa para el electorado y que se puede seguir confiando en ellos para que marquen el rumbo del país.

En la actualidad, los partidos políticos se encuentran a la baja y corren el riesgo de que la elección del 2018 sea la última (tal vez ni eso) en que un candidato surgido de las filas de uno de esos organismos obtenga la victoria.

La tarea no es sencilla, desde hace algún tiempo, los partidos políticos han perdido credibilidad, sin importar la ideología que profesen y si bien no impacta demasiado en la concurrencia  a las urnas (se mantiene el promedio), la presencia de los candidatos independientes los puede minimizar.

Por eso, la tarea que tendrán que emprender los nuevos dirigentes no será sencilla, aunque algunos consideren que la simple renovación de rostros conllevará automáticamente ese propósito.

Los tres nuevos dirigentes tendrán que mostrar cercanía con sus militantes y con los electores potenciales, aunque sus tareas interna serán distintas.

De los tres, el único que lleva seguridad de ser el nuevo presidente de su partido es Manlio Fabio Beltrones Rivera, con cuyo liderazgo el PRI pretende mantener la mayor parte de los doce gobiernos en disputa el año próximo, de los que actualmente detentan solamente nueve.

Manlio Fabio no es como se pretende en el PAN y el PRD un liderazgo nuevo o joven. Por el contrario es de corte tradicional de los políticos del pasado, con estilo amable, mano derecha, conciliador, sonriente y hasta socarrón, pero finalmente duro y formado en la vieja escuela política.

El nuevo dirigente del partido tricolor (toma posesión el 20 de agosto) sabe que es su última oportunidad de mantenerse en las grandes ligas de la política y que su llegada al partido le significa el trampolín adecuado para convertirse en el candidato natural de su partido a la Presidencia de la República.

Se encuentra consciente que para convertir ese propósito en realidad, debe mantenerse cauto, reservado, conservar unido al partido y obtener la mayor cantidad posible de triunfos electorales.

Como presidente de Acción Nacional, todos los pronósticos apuntan hacia el diputado con licencia y ex dirigente nacional del partido, Ricardo Anaya Cortés.

Se trata de un joven que subió vertiginosamente en su carrera política y se convirtió en una de las deslumbrantes estrellas de su partido, lo que le permitió saltar de la secretaría particular del gobernador de Querétaro en poco más de 10 años a convertirse en presidente de su partido, presidente de la Cámara de Diputados, coordinador de su fracción legislativa y en aspirante favorito a presidir nuevamente al partido blanquiazul.

Anaya Cortés representa un atractivo para los jóvenes reacios a participar en política y aunque no tiene garantizado el triunfo en la contienda interna del próximo domingo, los momios le favorecen considerablemente.

Su adversario interno, Javier Corral Jurado, no ha conseguido entusiasmar a la militancia de su partido para que sufrague en su favor, por lo que se le anticipa una derrota contundente, con todo y que consiguió reunir a un grupo de ex gobernadores de su partito para que lo respalden en su candidatura.

La principal tarea que tendrá encima Anaya Cortés será la de mantener la cohesión al interior de su partido y mostrar a los electores que se mantienen vigente los postulados de su partido, luego de tener una elección sumamente complicada y que se han mostrado un caudal de actos de corrupción entre sus gobernantes.

Trabajar para limpiar esa imagen negativa será una tarea de titanes y la elección del 2016 es una de las principales metas a superar.

El Partido de la Revolución Democrática decidió renovar su dirigencia antes del plazo establecido y lo hace en función de que su actual presidente Carlos Navarrete Ruiz mostró una total inoperancia y que el saco le quedó sumamente holgado.

Los perredistas vienen de un terrible fracaso en las urnas, donde dejaron se ser el partido mayoritario en su principal bastión, el Distrito Federal.

Un nuevo partido (MORENA) surgido de una escisión le hará una gran competencia y por lo pronto les arrebató la mayoría en el Congreso local y varias delegaciones de la capital del país.

El principal problema que enfrentan es decidir si Los Chuchos (Nueva Izquierda) dejará el paso como nuevo dirigente nacional a un personaje que no milite en su corriente.

La situación del perredismo es peor que la de los panistas, por lo que la cohesión será su primera tarea y decidir entre lo que quiere, un liderazgo joven o  uno experimentado.

Para ese propósito lo primero que tendrán que decidir es cuál de las varias propuestas será la preponderante y si los actuales  “dueños” del partido son capaces de renunciar a ello, en aras de la sobrevivencia.

Email: ramonzurita44@hotmail.com

Email: zurita_sahagun@hotmail.com

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