Dar libros al pueblo. Es una obligación hacerlo

Carlos Ravelo Galindo, afirma: ________________

No debemos callar lo que otros colegas responden. Y los damos con gusto a conocer. Para no incurrir en procrastinar. Vaya, dejar para después.

José Antonio Aspiros Villagómez, el ínclito se refiere a unas Nubes, con singular adjetivo, inmerecido y nos acerca un escrito:

“Estimado amigo y superior colega:

Me entero por tus Nubes de lo que pidió el madrugador presidente a PIT II (no III) acerca de publicar en el FCE libros baratos de Historia de México.

Ojalá que atienda la instrucción, pero no sin antes ponderar la eficacia de esos libros, pues hay que investigar si el pueblo los quiere, si los va a leer o serán un desperdicio porque la gente preferirá quedarse con su Internet, sus redes y la no siempre confiable Wikipedia. Ya ves que las nuevas generaciones no leen, solamente seleccionan textos, los copian, los pegan y ya cumplieron con la tarea. Me encantaría que me desmintieran con razones, no ataques.

Y si bien la producción editorial en general es abundante a pesar de todo porque los libros impresos nunca se acabarán, quienes leemos no nos conformamos con folletitos, sino con obras más densas no necesariamente por su grosor, sino por la profundidad de su contenido, para cerebros de tamaño normal.

Tal vez, ahora que el FCE absorbió a Educal que tiene -¿los tiene aún?- centros de ventas de alcance más popular que las propias librerías del Fondo, tengan ya un termómetro para saber si la gente compra libros o cuadernillos (leerlos es otra cosa) y entonces sí aventurar las ediciones que comentas.

Es buena idea la tuya de que tomen como punto de partida o al menos como modelo a seguir, los libritos que editó doña Socorro Díaz y que creo conocer, si se tratan de una serie titulada ¿Ya LeÍSSSTE?, pues mi suegro los tenía y me obsequió algunos.

El otro asunto es más complicado: ¿Cuál Historia de México publicar? Así como cada uno tenemos nuestra verdad de las cosas, cada historiador ha interpretado los hechos y los documentos fundamentales a su manera y según su ideología o intereses profesionales o personales. La historia oficial, esa que nos enseñaron llena de mitos en la escuela, yo por lo menos ya la dejé atrás, pero ahora ando medio en el limbo y recojo con pinzas lo que escriben los nuevos y lo que escribieron los viejos especialistas en la materia, de la tendencia que sean.

En cuanto a tu colega de redacción, el Duque de Otranto, recordarás que en 2014 escribí algo acerca de él. Carlos y Ángeles, sus hijos, deben ser primos o algo así de mi compañero académico (ANHG) Manuel Gamio, descendiente, como ellos, del arqueólogo del mismo nombre que descubrió parte del Templo Mayor hace como un siglo.

¿Que no te llegó ese artículo? Pues aquí te va; ahora forma parte de mis compendios titulados Textos reunidos (por materias y todavía en proceso de armado)

En Las Nubes lo comparte y se une a la felicitación entonces y ahora, al admirable matrimonio de Silvia y Teodoro:

“Tercera república española; tercer imperio mexicano

José Antonio Aspiros Villagómez ______________________

22 de junio de 2014

Para Silvia Villa Gómez y Teodoro Rentería Arróyave, en sus bodas de oro

“Con nuestra adhesión al repudio de la ley contra los animales en los circos y de las nuevas imposiciones del programa Hoy no circula

Al entregar este texto a Libertas, estaba por darse el relevo en el trono ibérico tras la abdicación de Juan Carlos I a favor de su hijo Felipe. Y continuaba la exigencia de los antimonárquicos, de un referéndum con la esperanza de instaurar la Tercera República Española.

Aun cuando por esas manifestaciones muchos ya vaticinan el fin de la monarquía peninsular, el camino para ello está lleno de trampas y por eso a otros nos parece que hay Borbones para largo tiempo.

Si bien con poca fortuna, ya hubo en España dos repúblicas (1873-1874 y 1931-1939) y la segunda de ellas se exilió al término de la Guerra Civil y se disolvió tras la muerte del dictador Franco en 1975.

México no reconoció al franquismo y siempre dio su apoyo formal a la Segunda República. Y eso fue en los años en que, aquí, hubo un Tercer Imperio Mexicano luego de los de Agustín de Iturbide (1822-1823) y Maximiliano de Habsburgo (1864-1867).

¿Tercer Imperio? Sí, pero simulado y también llamado Imperio de Tacubaya cuando el próspero publirrelacionista potosino Federico Sánchez Fogarty lo creó y hasta repartió títulos prohibidos por la Constitución y por ello ilusorios, como los de duque, marqués, conde y barón, con sus versiones femeninas.

En el blog pdb-personajes.blogspot.mx, encontramos que Sánchez Fogarty, fundador de la Asociación Nacional de Publicistas, llamó Palacio Fogartiano a su residencia de Tacubaya, en la Ciudad de México, donde organizó unas 300 fiestas ‘imperiales’ entre 1936 y 1959, es decir, entre los gobiernos de Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos.

Y escribió el libro Vida y muerte del Tercer Imperio Mexicano, en el que -dice el citado blog- “narra la vida social capitalina de la época” (más bien, sólo la de su clan de socialités mexicanos o bon vivant), pero queda claro que le gustó la quimera de sentirse emperador y rodearse de una nobleza imaginaria.

A pesar de sus 600 páginas, el libro Tacubaya. Historia, leyendas y personajes (Porrúa, 1991) de Antonio Fernández del Castillo, nada dice al respecto pues su información sólo llega a la época de Emilio Portes Gil, y únicamente supimos que ese inmueble estuvo “escondido en una calle de Tacubaya” y allí tenían lugar los “sábados imperiales y tés locos” de esa gente (mexico.dailysecret.com).

Uno de los participantes en aquellas reuniones fue el cronista de sociales Carlos González López-Negrete, quien recibió el título de Duque de Otranto -que originalmente tuvo el intrigante francés Fouché- y con ese sobrenombre firmaba en el diario Excélsior su columna ‘Los 300 y algunos más’. Fue padre de la actual cronista del Centro Histórico Ángeles González Gamio y del comentarista político Carlos, de los mismos apellidos; ambos, también, nietos del arqueólogo Manuel Gamio, quien hace un siglo localizó el Templo Mayor de los aztecas.

En el México decimonónico no tuvieron éxito los partidarios de la monarquía, porque Estados Unidos hizo cuanto fue necesario y con quien fuera preciso para imponer en toda América su modelo republicano y así favorecer sus ambiciones de dominación y expansión sin injerencia de la realeza europea.

Pero ello no obsta para que en la actualidad existan aquí adeptos del sistema realista, como es el caso de Federico Campos, quien en su blog ‘internationalmonarchism’ se define como un “mexicano de nacimiento” que ha sido desde niño “un firme defensor” de ese tipo de gobierno, si bien reconoce que “es difícil ser un monárquico en un país muy republicano como México”.

Su lema es “Siempre en la defensa de la monarquía… Apoyando el legitimismo en Francia, el Juan carlismo en España, el imperialismo en México y Brasil, y el resto de las monarquías cristianas”, y dice que el blog es “un lugar para que todos los monárquicos del mundo” intercambien opiniones “y para glorificar a la forma más maravillosa y hermosa de estado: La Monarquía”.

Y mientras en la coyuntura actual muchos españoles quieren volver a la República, este mexicano apoya el regreso de la realeza a nuestro país “en la persona de HIM Maximiliano II, emperador titular de México”.

¿De risa? Decídalo usted. A fin de cuentas, en todo tipo de regímenes hay pillos, corruptos, parásitos, cínicos y hasta vendepatrias. Mire a su alrededor”.

Nada más que añadir a esta lección de historia.

craveloygalindo@gmail.com

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