Cooperación China-África, por un desarrollo inclusivo

Isaura Diez * ______________

La Habana (Prensa Latina).-  China es el mayor socio comercial de África por 11 años consecutivos y 2019 cerró con un volumen de intercambio superior a 200 mil millones de dólares, con lo cual desplazó a Estados Unidos, según cifras oficiales del gigante asiático.

Esta relación comercial se encuentra sustentada por el foro de cooperación creado en el 2000, y que en 20 años celebró en total siete conferencias ministeriales y tres cumbres de alto nivel.

Durante el Foro de Cooperación China-África (Focac, según siglas en inglés) de 2015, en Sudáfrica, el país asiático anunció 10 importantes planes de cooperación para promover la industrialización y la modernización agrícola en África, respaldados con un fondo de 60 mil millones de dólares.

Tres años más tarde en el Focac de Beijing, el mandatario Xi Jinping comunicó un financiamiento adicional al continente de otros 60 mil millones de la moneda estadounidense.

La cooperación de China tiene un enfoque de no interferencia en los asuntos internos de los países africanos, sin apego a consideraciones políticas para la asistencia, inversión y cooperación financiera, según sus propias autoridades.

Además, un elemento necesario a tener en cuenta son las facilidades de pago que ofrece el gigante asiático en comparación con acreedores como el Banco Mundial.

En estos 20 años el intercambio sino-africano se materializó la ejecución de grandes infraestructuras. De Ciudad del Cabo (Sudáfrica) a El Cairo (Egipto), la presencia del gigante asiático se hace notar y aeropuertos, carreteras, puentes, ferrocarriles, plantas hidroeléctricas, estadios, edificios oficiales y tecnología móvil llevan la marca de China.

MOMENTO DEL SALTO

En los años posteriores al 2000 el modesto intercambio sino-africano se disparó, en coincidencia con la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio. Para 2009, Beijing ya era el primer socio comercial de África, en sustitución de Estados Unidos.

Frente a la ayuda al desarrollo occidental, atada con frecuencia a condicionantes políticos, la nación asiática fomenta inversiones y préstamos basados en el beneficio mutuo y la política de ganar-ganar.

En cuanto a materias primas, China se convirtió en el mayor importador de petróleo del mundo, y parte del mismo proviene, por ejemplo, de Sudán y de Angola. También se abastece de uranio para su energía, proveniente en gran medida de Namibia y Níger.  Por otro lado, en plena carrera tecnológica, Beijing se nutre del cobalto y el coltán de la República Democrática del Congo.

Con el comienzo de la nueva era en China, tras la llegada a la presidencia de Xi Jinping en 2013, el gigante asiático se concentró en potenciar más su consumo interno y en favorecer la creación de infraestructuras , dirigidas a la interconexión comercial de Asia, África y Europa, principalmente en la iniciativa Franja y Ruta, uno de los mayores exponentes de la globalización y el multilateralismo que defiende Beijing.

Las inversiones millonarias de China en África, la creación de infraestructuras, el lanzamiento de la Franja y Ruta en 2013, la futura Área de Libre Comercio Continental de África e incluso, la Asociación Económica Regional Integral son propuestas interconectadas difíciles de materializar de forma separada.

«La iniciativa de la Franja y la Ruta es altamente compatible con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la Agenda 2063 de la UA y las estrategias de desarrollo de los países africanos, formando una fuerte sinergia para promover el desarrollo común», declaró el canciller chino Wang Yi.

Según el funcionario, la falta de fondos es el mayor desafío para el desarrollo de África, con una brecha anual de inversión en infraestructura de 100 mil millones de dólares estadounidenses.

En ese sentido, los proyectos de infraestructura de China en África generan más de 50 mil millones de dólares estadounidenses en ingresos cada año.

El gigante asiático contribuye a la necesaria diversificación de las economías africanas, puesto que sus inversiones, además de la explotación mineral, alcanzan las industrias, la construcción y el sector servicios.

Por una parte, los puertos, aeropuertos, carreteras, puentes, hospitales o colegios construidos por empresas chinas posibilitan aminorar el gran déficit de infraestructuras del continente africano, una rémora para su desarrollo e integración.

De otro lado, China promueve tanto la incorporación de ciertos países africanos a las cadenas de valor globales -aunque en los escalafones más bajos- como la creación de actividades intensivas en mano de obra que ayudan a absorber la demanda laboral en ciudades en aumento.

En cuanto al intercambio en cultura y educación, en menos de 15 años el número de estudiantes africanos en universidades chinas aumentó 26 veces: de menos de dos mil en el año 2003 a casi 50 mil en 2015.

DIPLOMACIA DE LA DEUDA, ¿UN CONCEPTO OCCIDENTAL?

«Los mil 300 millones de habitantes de China y los mil 200 millones de África quieren un futuro compartido», proclamó Xi durante Focac 2018, al asegurar que ningún obstáculo frenará esa «marcha conjunta».

Por obstáculo se refiere Xi a la tendencia en Occidente de acusar a China de ejercer un nuevo tipo de colonialismo. Los argumentos sobre ese supuesto expansionismo parten de políticos como John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional del presidente estadounidense Donald Trump.

En la denominada diplomacia de la deuda-trampa, que alega Occidente, China ofrecería una renegociación de la deuda a cambio de activos estratégicos o un trato preferencial, o aplicaría métodos alternativos más controvertidos, como la cesión de infraestructuras estratégicas por un determinado número de años, u otros pactos de favor.

Un control de infraestructuras que, por otro lado, ya se produce en mayor o menor medida: China gestiona al menos una docena de los mayores puertos del continente.

En contraposición, Beijing negó su intención de ejercer una nueva hegemonía: «El concepto de deuda-trampa es una creación de algunos laboratorios de ideas occidentales para desprestigiar a China», declaró a la prensa Zheng Zhu, experto del Proyecto China-África.

Beijing y la UA desmintieron que un nuevo colonialismo se esté apropiando del continente debido a las crecientes inversiones del gigante asiático.

Durante la última cumbre del Foro de Cooperación China-África de 2018, ambas partes reafirmaron el principio del respeto mutuo y sin condicionamientos previos de ningún tipo que caracteriza a los nexos bilaterales.

En esa cita, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, rechazó la idea de la supuesta deuda-trampa al expresar que con los valores que promueve, su forma de operar e impacto en los países, «Focac refuta la idea de que un nuevo colonialismo está arraigando en África, como nuestros detractores quieren que creamos».   En entrevista con Prensa Latina, el periodista Medzo Marc Yves, de Camerún, opinó que lo más importante es que China habla con África en pie de igualdad, con base al respeto mutuo.

Durante esa cumbre, Xi dijo que China impulsará a sus empresas a invertir no menos de 10 mil millones de dólares en los próximos tres años en ese continente. Entre las ocho acciones explicadas por el mandatario asiático llamó la atención la prioridad que Beijing va a darle a la importación de productos africanos, más allá de los recursos naturales o las materias primas.

Una idea defendida también por Ramaphosa, quien abogó por el reequilibrio necesario en cuanto al intercambio comercial entre ambas partes.

RESOLVER LAS PRINCIPALES CUESTIONES DEL DESARROLLO

En opinión del canciller chino Wang Yi, para ayudar mejor a África a lograr un avance sostenible es necesario centrarse en resolver tres principales cuestiones del desarrollo: la infraestructura retrasada, la falta de talento y la escasez de capital, mientras se solucionan los tres problemas de subsistencia del empleo, la alimentación y la salud.

Un análisis publicado por Xinhua, a propósito de los 20 años de Focac, refleja que China construyó en ese continente más de seis mil kilómetros de vías férreas y 10 mil de carreteras, así como cerca de 20 puertos y más de 80 grandes centrales eléctricas.

En el campo de la subsistencia de las personas, Beijing ayudó hasta ahora en la construcción de más de 130 instalaciones médicas, 45 gimnasios y más de 170 escuelas, y en el último quinquenio, también capacitó a más de 200 mil personas en diversas profesiones en África.

Según Wang Yi, el gigante asiático envió al continente un total de 21 mil médicos y enfermeras a lo largo de estos años, quienes hasta ahora trataron  a 220 millones de pacientes en países africanos.

En la actualidad, ambas partes trabajan para que proyectos como la Franja y la Ruta, el Área de Libre Comercio Continental de África, la Agenda 2063 de la UA y la Agenda 2030 de la ONU para el Desarrollo Sostenible alcancen una mayor sinergia.

La cooperación China-África destaca por la promoción del desarrollo inclusivo, sin interferencia en los asuntos internos de los países, basada en el multilateralismo y el sistema de libre comercio, en contraposición con las tendencias proteccionistas y unilaterales que defiende la primera economía del orbe, valoran expertos.

Esta diferencia permitió que la nación asiática gane cada vez mayores espacios en ese continente y consolide también su importancia como actor global, según las fuentes.

*Periodista de Prensa Latina.

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