Consulta, la bandera que urge a Morena

Pulso
Eduardo Meraz _______________

Es sumamente extraño y sospechoso que el presidente Andrés Manuel López Obrador esté dispuesto a aceptar cubrir las pérdidas de alrededor de un billón de pesos que en este año registrará Petróleos Mexicanos, pero no quiera gastar un clavo a fin de cumplir su capricho de llevar a cabo una consulta popular para esclarecer si las decisiones políticas del pasado, de actores políticos dejaron víctimas y/o violentaron derechos humanos.

Por eso no debe extrañar la insistencia morenista de que este procedimiento servirá para enjuiciar a expresidentes, cuando en realidad la pregunta va encaminada a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas que pudiera haber en el pasado, que también incluye poco más de dos años de la administración de López Obrador.

A la fecha, los muertos por la inacción o por malas decisiones políticas del presente suman alrededor de 150 mil mexicanos, tanto por la violencia como por Covid-19; cifra no sólo catastrófica, sino un verdadero cataclismo para un país, como México, que no vive un conflicto bélico y, presumiblemente, tiene un gobierno que privilegia a los pobres.

Frente a esa realidad, el primer mandatario busca convencer a la población de que es un estricto vigilante de los dineros y que ni un solo centavo se gaste de más, aunque en sus obras emblemáticas se ha hecho público que requerirán miles de millones de pesos adicionales para su terminar su construcción.

Por contraste, obvio que considere exageradísimo el costo que tendría su consulta popular, si es que quiere realizarla con base en lo estipulado en el Artículo 35 Constitucional, sobre todo si se compara con sus consultas patito que realizó para cancelar el aeropuerto de Texcoco o para la aprobación del Tren Maya, que ni siquiera lograron convocar a más del 1 por ciento de los ciudadanos registrados en el padrón electoral, independientemente de las chapucerías.

Como es lógico suponer, el desencanto que existe por la gestión del ejecutivo federal, difícilmente se traducirá en que más del 40 por ciento de la lista nominal de electores participe, con lo cual su consulta se iría al cesto de la basura.

La reticencia presidencial a que la multicitada consulta se haga conforme lo establece la Constitución, siguiendo los protocolos, condiciones y fechas, obedece más a la urgencia de dotar a los candidatos de Morena a cargos de elección de una bandera que haga olvidar los continuos fracasos de la 4T.

Argüir que los consejeros del Instituto Nacional Electoral le agregan costos millonarios, porque en realidad no quieren realizar consultas, es simplemente amarrarse el dedo antes de cortárselo.

Si lo que no quiere es gastar recursos públicos, sale sobrando una consulta encaminada al esclarecimiento de decisiones políticas. Si los expresidentes cometieron ilícitos que ameriten ser investigados y, de resultar culpables, se les aplique las sanciones correspondientes.

En sentido estricto, AMLO pretende vender cuentas de vidrio a los mexicanos, con el objetivo de que el brillo de la consulta, impida ver el desastre económico, sanitario y de seguridad que padecemos los mexicanos a causa sus malas decisiones y la pandemia.

He dicho.

EFECTO DOMINÓ

El Instituto Nacional Electoral (INE) señaló que es falsa la multimillonaria cifra que circula sobre el costo de la consulta en la que los ciudadanos decidirán si enjuiciar a cinco expresidentes por corrupción. El titular del organismo, Lorenzo Córdova, negó que exista ya un cálculo del presupuesto; es una especulación estar hoy tratando de hablar de costos cuando el INE aún no ha determinado que actividades serán necesarias”.

eduzarem@gmail.com

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