Cienfuegos, trampa a México

El Otro Dato
Juan Chávez ______________

Con el general  Salvador Cienfuegos  exonerado por la justicia norteamericanas porque es más importante la política exterior según asegurara la jueza que lo juzgaba, a México se le ha tendido una trampa.

Al llegar el miércoles de regreso al país, la Fiscalía General de la República tuvo la “amabilidad” de informarle que está sujeto a investigación. Luego de eso, el exsecretario de la Defensa Nacional, abandonó tranquilo el hangar y se fue a casa.

Un Agente del Ministerio Público de la Federación le notificó formalmente al general Cienfuegos de una carpeta de investigación en la que se encuentra involucrado con base en información que recibió del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.

El caso del exsecretario de la Defensa Nacional  ha sido sorprendente desde su detención el 15 de octubre al aterrizar en Los Ángeles hasta que ayer martes se anunció que el gobierno saliente  de Estados Unidos decidió retirarle los cargos y devolverlo a México para que sea investigado aquí.

La decisión inédita del Departamento de Justicia ocurre cuando el gobierno mexicano está prácticamente aislado en el mundo en su apoyo al derrotado presidente Trump y cuando el mandatario mexicano enfrentaba fuertes presiones del Ejército, la institución sobre cuyos hombros ha puesto gran parte de su proyecto de país.

La presión del Instituto Armado obligó a López Obrador a calzarse las botas  y por la vía diplomática que bien manejó el canciller Marcelo Ebrard, exigir lo que al final sucedió: que nos devolvieran al soldado Cienfuegos para ser investigado y juzgado, en su caso, en México.

La exoneración por parte del Departamento de Justicia es reflejo del desastre de organización interna que trae el gobierno de Donald Trump.

Pero no debe hacerse abstracción del festín con que López Obrador celebró inicialmente la detención del general Cienfuegos en Los Ángeles. Su primera reacción fue montarse electoralmente  en el asunto y colocar al general  en el basurero de los corruptos del pasado que alimentan diariamente su narrativa electoral de las conferencias  balero-mañaneras.

Dio tremendo giro a su narrativa sobre el caso Cienfuegos cuando las presiones del Ejército mexicano en favor de uno de los suyos surtieron efecto. De  la condena del pasado pasó a la queja del presente: se mostró indignado porque Estados Unidos no le dijo nada a México del expediente Cienfuegos y amagó con revisar la cooperación con las agencias estadounidenses.

Al general no le pasará nada. Cuando mucho, se le impondrá pena mínima y no por las acusaciones que la DEA le fincó, tres delitos de narcotráfico y un cuarto de lavado de dinero.

Pero estará siempre libre porque esa es  la garantía que ha dado el presidente López Obrador al Ejército.

Las  “consideraciones importantes y sensibles de política exterior pesan más que el interés del gobierno en continuar el juicio del defendido» que fueron ponderadas finalmente por Estados Unidos, en el fondo constituyen un reto para México.

O se investiga a Cienfuegos a fondo y se le da valor al expediente que la Fiscalía recibió del Departamento de Justicia  el 14 de noviembre, o tendremos una danza gringa de que en México no existe Estado de Derecho ni se respeta la Ley.

Se desataría, si Cienfuegos, que fue traído al país por alguaciles gringos, una campaña contra el hombre que se jacta de “nada por encima de la Ley; nadie fuera de la Ley” y caería sobre México más desprestigio internacional.

Caímos en la trampa. Nada burda por cierto, sino al contrario, sorprendente e insólita.

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