Chachalaqueando

Pulso
Eduardo Meraz _______________

El clamoreo presidencial diario se caracteriza por ser un acto claramente doctrinario, aunque lo nieguen el propio mandatario y su claque, toda vez que sus informes sobre las acciones de gobierno siempre van acompañados de adjetivos hacia sus críticos y con frecuencia utiliza el lema de Morena -no mentir, no robar y no traicionar- para hacer referencia a su administración.

Fueron estos elementos, entre otros, los que llevaron al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, a fines de noviembre de 2019, a considerar que las “mañaneras” son, sustancialmente, propaganda gubernamental.

En la argumentación dada por el TEPJF, en esa oportunidad consideró que las conferencias matutinas representan una acción comunicativa inédita y una forma de transparencia y rendición de cuentas. Sin embargo, enumeró los elementos que llevan a sostener su carácter de propaganda de gobierno.

Algunos de ellos es que las mañaneras “son realizadas por un ente público, están dirigidas por personas del servicio público, su contenido refiere logros, programas y acciones de gobierno”.

En esa oportunidad, la primera sala regional especializada del Tribunal detalla que esta nueva forma de comunicación encuentra un límite “cuando a la par de su difusión transcurren campaña y veda, fases en las cuales no debe existir propaganda gubernamental”.

Y aunque no emitió ninguna resolución contra funcionarios públicos, sí sancionó a estaciones de radio y televisión por conductas violatorias de la Constitución (artículos 41 y 134) y la ley electoral, por no haber bloqueado la señal de la mañanera durante los periodos de campaña y veda en cinco estados del país en 2019, además de otras irregularidades.

En el presente año, las elecciones son de carácter federal, por lo que las empresas de radiodifusión deben tener en cuenta estos antecedentes, a fin de evitar las sanciones que seguramente les aplicaría el Tribunal Electoral, si incumplen con la normatividad vigente.

Las pretensiones de torcer la ley de parte del titular del ejecutivo federal, bajo la premisa de que se pretende censurarlo o que la población no pueda ejercer su derecho a la información, es de una pobreza política y jurídica acorde con su propensión a victimizarse.

Su pretensión de llevar a consulta lo que ya está dispuesto en la Constitución, refleja el grado de desesperación porque le pondrán sordina y su clamoreo dejará de influir en los electores, sobre todo cuando cada vez son más los signos de debilidad que se perciben en Morena y aliados, por lo que puede perder la mayoría en la Cámara de Diputados.

Una cosa es decir que se es diferente y otra serlo. El chachalaqueo de Andrés Manuel López Obrador en poco se diferencia del que, en su momento, realizaba Vicente Fox; tal vez, por eso, hoy el expresidente le receta una sopa de su propio chocolate.

En tanto, el chachalaqueo entre los distintos actores ocupara espacios en los medios de comunicación y las redes sociales, por lo que debemos prepararnos al atosigamiento de mañaneras y la lluvia de spots hasta que el TEPJF -si es que López Obrador recurre a esta instancia- dé a conocer un nuevo veredicto o ratifique el emitido en noviembre de 2019.

He dicho

EFECTO DOMINÓ

El camino más corto y seguro de que dependencias, gobiernos estatales y municipales, programas y proyectos puedan obtener presupuesto, consiste en algo muy sencillo: aprender a piar.

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