Cartas desde chicago

Cartas desde Chicago.

Entre periodismo y activismo

Rogelio Faz ___________

Nadie pone en duda la actitud polémica del precandidato Republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, que tal parece seguirá rompiendo con los parámetros “políticamente correctos”. Sin embargo,  algo por el estilo sucede en el periodismo de la comunidad de habla hispana en Estados Unidos.

Al parecer ambas profesiones se pueden diversificar. Por un lado Trump desafía la congruencia política y por otro lado se da una ambigüedad periodista.

A los políticos siempre los seguirán los señalamientos y éstos, para cuidar su imagen o puesto, harán declaraciones políticamente correctas para justificar sus acciones, sean verdades a medias o mentiras completas.

Pero en los medios de comunicación, en particular los de opinión y análisis, está obligada la imparcialidad para contribuir a que el ciudadano se forme un criterio más amplio.

Sin embargo, la opinión de ‘juan pueblo’ seguido interviene con antagonismos o tirria hacia equis personaje sin hacer un juicio a fondo o equilibrado.

Pues bien, la criticada política incorrecta de Trump no se distancia mucho (guardando los conceptos) de la periodística. Pues en muchos medios de habla hispana en EU (como en otros), por el afán de ser valientes informadores se cae en el vértigo del activismo. Para convertirse en voceros de lo que se escucha en la calle, en lugar de proveer un análisis imparcial por mucho que duela.

Eso quedó expuesto con Jorge Ramos, de Univisión, durante la conferencia de Donald Trump cuando fue sacado del recinto por órdenes de éste.

Para Jorge Ramos y sus fans, confrontar a Trump fue un acto de fervor, pero también fue una torpeza como periodista y una impertinencia como persona.

Dejando de lado la capacidad analítica de Ramos, su condición de “anchor” de la televisión de habla hispana en EU, le ha hecho perder la capacidad de objetividad.

Defender al inmigrante es una acción noble –en algunos una pose rentable-, pero cuando se opina sobre inmigración indocumentada seguido se contradice la misma lógica de orden y justicia.

Hasta ahora, Trump podrá ser muy criticón, bocón, exagerado e injusto, pero no ha hecho una referencia directa de racismo aunque lo parezca (al menos no públicamente). No obstante, un buen número de activistas pro migrantes de ahí no lo bajan.

Trump está dispuesto a romper con todos los cánones establecidos, muy diferentes al que nos tienen acostumbrados casi todos los políticos que hablan hipócritamente correcto.

Aun así, ni Trump ni nadie puede negar que la inmigración incluida la indocumentada haya traído beneficio económico independientemente de la ilegalidad. Como tampoco hay que negar que la fuerza laboral indocumentada en EU, ha sido a través de la iniciativa privada estadounidense: un acuerdo entre empresa y particulares; pago por trabajo. No obstante, se exige al Estado regularice el estatus migratorio cuando no tiene una responsabilidad directa, que no es la de haberlo dejado al garete.

¿Cómo deportar a 11 millones de indocumentados? Es una pregunta muy trillada y absurda que no resuelve nada ni ayuda al debate serio. De hecho no fue pregunta de Ramos a Trump, pues el periodista “incorrecto” lo decía como un hecho, y dio la apariencia de ser un activista apasionado y no un “journalist”.

¿Es una aseveración absurda? Sí. Y para ilustrarlo podemos tomar como ejemplo las reglas de tránsito vial, que dicen básicamente: cualquier conductor que se pase una luz roja o maneje sobre el límite de velocidad, o en estado de ebriedad, será sancionado con multa o cárcel. Solo que no todos los que violan las leyes de tránsito serán sorprendidos in fraganti por la policía.

Eso no significa que por no ‘cachar’ a todos los que violen las reglas de tránsito se vayan a eliminar los reglamentos de tránsito. ¿Se imaginan a Ramos en corte después de haber cometido una infracción de tránsito, le diga al juez que las leyes de tránsito no sirven porque no puede multar a todos? Que es muy cierto pero es un planteamiento absurdo.

Pero es un argumento válido para exigir se paren las deportaciones y, en su lugar, nos legalicen a todos. Lo que vamos a conseguir es irritar a todos los juececillos que anden sueltos por ahí.

Empero, la reforma no resuelve el problema de la inmigración indocumentada porque esta es constante. Sólo resolvería el problema a los que pudieran tener méritos después de años en EU. Que no pocos interpretan como una amnistía, pues la reforma en si es un perdón, con limitaciones y restricciones.

No verlo así es una idea que nos ha vendido el activismo de puertas abiertas. Y si a esto le sumamos planteamientos sin sustento en los medios de comunicación, lo que vamos a oír serán respuestas políticamente incongruentes a través de personajes pintorescos.

Y al no escuchar a nuestros “líderes de opinión”, arremeteremos con señalamientos burlones. A Trump lo podemos llamar trumpudo, trompetas, mango chupado, peluquín, etcétera. Pero deberíamos primero aceptar nuestras irregularidades para hacer planteamientos en un escenario real y factible, y no salir con un simplón ¡no puedes sacar a 11 millones de indocumentados!

rogeliofaz@yahoo.com

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