Cartas desde chicago

 

Cartas desde Chicago.
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Seguridad irracional

Rogelio Faz ___________

Hay una fotografía emblemática del desarrollo urbano de Estados Unidos, que se tomó en la ciudad de Nueva York a un grupo de trabajadores de la construcción descansando sobre una viga de acero en las alturas, durante la construcción del Empire State Building. Fotografías que también son mostradas en algunos cursos de seguridad y salud laboral para ilustrar los riesgos del antes y después.

Durante el boom de rascacielos en EU muchos de los trabajadores de la construcción eran inmigrantes europeos, que con el afán de asegurarse un salario arriesgaban su vida y salud de manera imprudente.

De acuerdo a las estadísticas hasta el año 1970, se registraban alrededor de 14 mil muertes por año en accidentes laborales. Para el 2014 fueron un poco más de 4 mil.

A partir de ese año el gobierno Federal de EU, creo la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA por sus siglas en inglés) agencia del Departamento de Labor. Que estableció los estándares con las que se regirían empleadores y empleados.

Cabe señalar que, precisamente a partir de esos años la inmigración en particular de México, hacia EU, aumentó de manera considerable, para ocupar un lugar notorio en la industria de la construcción, donde es muy común ver a “ruferos” o techeros -instaladores de techos (roof) residenciales- o ‘maestros oficiales’ (ladrilleros). Como también sucede en la comunidad polaca, que trabaja con mucha habilidad e ingenio pero de manera temeraria y socarrona.

Por consecuencia no se cumplen a cabalidad las leyes.

Empero, ya hay un buen número de compañías de la construcción que están adiestrando a sus trabajadores latinos en su idioma como parte de la ley, no solo en el conocimiento de los estándares de seguridad y salud, sino también en sus derechos con o sin papeles.

Por eso vale hacer la comparación de los trabajadores del siglo pasado con las nuevas generaciones de inmigrantes, en este caso con los de habla hispana, que por conservar un empleo o por carencia de documentos legales no consideran una prioridad seguir las regulaciones.  Como consecuencia los latinos somos los más vulnerables a tener accidentes que terminan con una discapacidad temporal o permanente, o fatalidad.

A esto habría que agregar la resistencia natural de la ‘raza’ para ajustarse a las leyes. Situación que favorece sobre todo a pequeñas empresas que ven en la comunidad latina una oportunidad para operar sin reglamentos.

Pero el negocio de la construcción también ya está en manos de “hispanos”, entre los que de igual forma los hay que cumplen con lo dispuesto, como los que las evaden intencionalmente o los que definitivamente no saben que existen. Todos, en su conjunto contribuyen a que el latino en EU tenga un 35% más de probabilidades de tener accidentes.

Debido a esta situación, las grandes constructoras por razones prácticas, administrativas o conveniencia laboral, recurren a subcontratistas con las que logran evadir en parte ciertas responsabilidades.

Hay que reconocer que un buen número de accidentes son por nuestra negligencia, para convertiros en estadísticas negativas similares a las del siglo XX en pleno siglo XXI. No obstante, debido a la tarea de concientización, la comunidad se ha ido acoplando a los nuevos requerimientos.

En el caso de México, como otros países, sumarse al progreso, la mejor manera de presumirlo es con la construcción de edificios innovadores y arquitectura vanguardista. Sin embargo, no sucede lo mismo al momento de aplicar las regulaciones, que no sea en teoría o en apariencia

En México es común observar obras en construcción auspiciadas por empresas transnacionales como hoteles reconocidos o centros comerciales, donde se requiere de alta ingeniería, y por consiguiente trabajadores con destrezas especializadas; pero es notoria la ausencia de seguridad a pesar de que México está en los convenios establecidos por la Organización Internacional del Trabajo.

Pues, es impresiónate ver a trabajadores caminando por las vigas de acero como sucedía hace 85 años en EU, sin protección contra caídas. Trabajando al filo del vacío sin arnés, ni barandas o redes de protección.

¡Ah! es que en México sí podemos imponer nuestra idiosincrasia ante la impotencia o negligencia de las constructoras, una excusa  para los inversionistas transnacionales para hacerse de la vista gorda. Es como si aplicara una ley de seguridad irracional.

rogeliofaz@yahoo.com

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