Aún no sabemos a quién culpar

Carlos Ravelo Galindo, afirma: _____________

Don Domingo Beltrán confiesa su entusiasmo así:

Jajajaja ya me alegré la noche con las genialidades de tata Gildo, que respuesta tan precisa sin comprometerse con nada apoyándose en un dato que sustenta su afirmación.

Mis humildes respetos para todos aquellos que no presumen esa habilidad pero que la cultivan secretamente”.

Se refiere claro a las NUBES de ayer

Enseguida otro texto exclusivo:

La bonhomía chiapaneca se refleja en sus hijos. En lo que dicen. En sus escritos. Vaya, en sus acciones. Y en la rectitud.

Uno de estos momentos no podemos dejarlo pasar. Un gran maestro, el licenciado Virgilio A. Arias Ramírez, nos lo dice con lealtad, en un texto dedicado a sus hijos.

“Buenas tardes estimado maestro Carlos, el gran problema mundial del COVID-19, es una catástrofe para esta generación.

Aun no se encuentra a quien culpar.

A propósito de este mal mundial, le envío un pequeño texto que trabajé en días pasados”.

Don Virgilio es secretario general del respetado y respetado Club Primera Plana y vicepresidente de la sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.

EL MAL/COVID-19.

Hijos: la vida en mi generación, también soportó males peligrosos. Sufrimos, pero tuvimos salvación. Con padres y madres llenos de amor.

 Crecimos con maestros virtuosos. Nos enseñaron caminos de libertad, para conquistar nuestro mundo, alcanzar paz propia y duradera, para llegar a la meta elegida.

Cultivar el espíritu de igualdad. Con plena y justa iniciativa. Porque cada época tiene sus problemas, Y mentes sabias para enfrentarlo, Todos tenemos derecho a la vida.

No sabemos si este mal fue creado. Si con fin económico o suicida.

 Pero nos consta que en tiempo fue tolerado.

Ustedes vivirán otra circunstancia. También con enemigos invisibles sean diferentes, con nuevas ideas,

Muy fuertes, con la fe no rendida.

Este mal inundó al mundo entero.

 De un laboratorio de occidente. De un país lejano de cinco letras. No sabemos, pero traspasó fronteras.

Al principio sólo fue la confusión.

 Manifestándose de varias maneras.

 Argumentos con mala información.

 Cientos de recetas herbolarias caseras: Alcanfor en pecho y espalda, Pastillas de mentol en garrasperas.

 O vaporizaciones en las noches.

Sin abrazos, saludos a distancia.

 Con globos de un balcón a otro.

 Y hospitales con pocas estancias.

 En ciudades y en los pueblos, Con la antigua tradición, no pudieron ser controlados. Velaron a sus muertos en panteones, igual a sus antepasados.

En las escuelas, niños y jóvenes terminaron sus clases, pero en línea.

Ya no vieron a sus compañeros. No hubo discurso ni ceremonia. Todos en sus casas llenos de angustia. Sin tiendas, ni iglesias, tampoco cines. Las calles libres con poco tránsito.

 Noche y día las ambulancias gimen.

Pero hay héroes de blanco vestido. Hombres y mujeres, que salvan la vida de los desconocidos.

 Muchos con pesadillas y estresados. En cualquier sitio quedan dormidos.

Es como una guerra, se sabe cuándo llega, pero sin esperanza, de cuándo termine. Tal parece que se sembró para quedarse.

 Se espera que una vacuna por fin germine. Y sea la medicina para curarnos.

Hoy solamente se pude aconsejar a esta generación se prepare, Que no se deje engañar, por quien parece que todo sabe.

Y concluye, en mayúsculas, que también respetamos:

VIVIMOS UNA EXPERIENCIA DE VIDA. UNA EXPERIENCIA DE AMOR Y DOLOR”.

craveloygalindo@gmail.com

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