Atractivas verjas, vitrales y aldabas en ciudad de Cuba

Mayra Pardillo Gómez* _____________

Sancti Spíritus, Cuba (Prensa Latina).-  Pocas personas se detienen, menos en estos tiempos de Covid-19, a observar las verjas, vitrales y aldabas, picaportes o llamadores que impasibles desafían el tiempo y distinguen a esta ciudad central de Cuba, fundada en 1514.

Las aldabas más abundantes en esta villa, la cuarta de las siete primeras fundadas en la Isla por los españoles, son las de una delicada mano femenina y la cabeza de un fiero león, aunque existen otras más sencillas pero igual de utilitarias y de potente toque.

No es lo mismo llamar a voz en cuello para que alguien abra la puerta, sobre todo cuando la casa es muy grande, o tocar con los nudillos una y otra vez, que hacer sonar una de estas piezas.

Ramón Meza, escritor y cronista cubano del siglo XIX, diría de la labor del hierro: «Las rejas que defienden las ventanas, zaguanes y barandillas se han convertido en la más vistosa filigrana» y así es en la mayoría de los casos.

Varias de las fachadas de las casonas espirituanas exhiben hermosas verjas que en opinión de estudiosos del tema ofrecen protección y en particular una grata iluminación, al permitir dejar puertas y ventanas abiertas.

Además del valor utilitario, incluso en estos tiempos modernos donde prima la prisa, el objetivo de los artesanos que realizaron estas obras de arte fue el de crear un bello objeto, al tiempo que también servían de tiradores.

Mucho menos se queda detrás en cuanto a belleza de aldabas, vitrales y verjas la centro sureña ciudad de Trinidad, declarada en 1988 Patrimonio Cultural de la Humanidad, la tercera de las villas fundadas en Cuba, y es allí donde el ojo sagaz podrá hallar ejemplos.

Y si de vitrales de medio punto, con su arcoíris de colores, mamparas y rejas de filigrana se habla, está como muestra el Museo de Arte de Colonial, de Sancti Spíritus, conocido popularmente como Casa de las Cien Puertas, con más aberturas entre ventanas y postigos.

Tiene de la ciudad de antaño un sinnúmero de detalles, entre ellos las rejas que cubren las altas ventanas de las más elegantes casonas espirituanas, habitadas en sus inicios por ilustres personajes o ricos hacendados, quienes extrajeron beneficios de la caña de azúcar.    El centro histórico urbano de la ciudad, ubicada a unos 350 kilómetros al este de La Habana, fue declarado Monumento Nacional el 10 de octubre de 1978 y entre las particularidades de las verjas están su altura y ancho, así como el hierro, con bella terminación en su parte superior.

Algunas de las familias más ricas ordenaban colocar en el centro las primeras letras de sus apellidos y otras situar en el capitel emblemas religiosos, como la cruz.

TRIUNFO DEL HIERRO Y EL BRONCE

La Doctora Alicia García Santana opina que: «Entre 1830 y 1840 la casa espirituana experimenta una radical transformación neoclásica (…) La señal del cambio está dada por la generalización del hierro. Rejas de hierro forjado (…), así como también se generalizan portafaroles, llamadores y barandas».

Trinidad, por su belleza y singular arquitectura, fue calificada como «un don del cielo» por la prestigiosa investigadora.

En tanto, María Antonieta Jiménez Margolles, Historiadora de la Ciudad de Sancti Spíritus, explicó a Prensa Latina que las verjas de la villa surgen en el siglo XIX.

Sin embargo, aún quedan algunos ventanales con balaustres de madera originales, mientras que otras son reproducciones, concluyó.

Las verjas siempre combinaban con los denominados llamadores o aldabas de las puertas principales, que en su mayoría eran de bronce.

Esto incluía faroles a ambos lados de la puerta principal que permitían disfrutar de iluminación a la entrada de las viviendas durante la noche.

Entre las verjas de hierro más llamativas están las de la casa donde residió Oscar Fernández-Morera, considerado el primer pintor espirituano, las que datan del siglo XIX.

En otras edificaciones al frente de la mencionada se perciben similares detalles en las rejas, que semejan flores grandes o pequeñas, donde asimismo se observa el uso del capitel.

Además, sobresale una casa, cercana a la calle Céspedes, en cuya verja están grabadas la fecha 1908 y dos letras, de marcado interés.

Subordinada a la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios, una empresa con el nombre de Aldaba impulsa importantes proyectos culturales en esa sureña villa.    Es cierto que han aparecido con los años en el paisaje citadino otras aldabas, preciosas incluso, pero estas carecen del místico encanto de las horas dedicadas por los herreros para forjar el bronce y tornar ese metal en obras de arte.

Lo más probable es que nadie se haya puesto a contabilizar, como hicieron con la Casa de las Cien Puertas, las añejas aldabas que hay en las ciudades de Sancti Spíritus y Trinidad, pero en algún momento se han de detener a contemplar su exquisita presencia.

Así, habrán de volver la vista atrás quienes en su ir y venir diario pasan frente a los inmuebles que exhiben aldabas, verjas y vitrales, típicos del patrimonio de las tercera (Trinidad) y cuarta (Sancti Spíritus) villas fundadas en Cuba.

* Corresponsal de Prensa Latina en Sancti Spíritus.

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