Amado Nervo, vigente a siglo y medio de su nacimiento

Textos en libertad

José Antonio Aspiros Villagómez ________________

         A 150 años de su natalicio, el escritor, periodista y diplomático tepiqueño Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz, o Amado Nervo (27/VIII/1870-24/V/1919), es todavía una figura a quien se celebra dentro y fuera de México porque su obra dejó alguna huella y no ha sido olvidada ni ha perdido valor.

         Debe su fama principalmente a sus poemas, algo menos a su prosa, casi nada a su trabajo periodístico y es poco lo que ha trascendido de su labor diplomática. En sus aniversarios es recordado por la cada vez más escasa prensa cultural y además recibe homenajes públicos, como los del año pasado en su centenario luctuoso.

Sus Obras completas fueron publicadas en España, primero bajo la dirección de don Alfonso Reyes entre 1920 y 1928 y luego por la Editorial Aguilar en 1952 (foto), en dos gruesos tomos con casi 3,500 páginas que suponemos fueron leídas en su totalidad por Francisco González Guerrero y Alfonso Méndez Plancarte, ya que el primero tuvo a su cargo la edición, estudios y notas de las prosas, y el segundo, de las poesías.

En algunos textos del tecleador entre 1966 cuando fue resaltada la religiosidad en los escritos de Nervo, y 2020 en que fue comentado un libro de Carlos Monsiváis sobre el poeta, hay referencias también a cómo fueron los dilatados funerales de Nervo, a su fama en vida como bardo y novelista, a las diversas obras donde ha sido analizada su producción, a su labor periodística, al homenaje anual que se le rinde en su natal Tepic, a su centenario luctuoso y a varios aspectos biográficos.

El trabajo periodístico de Amado Nervo fue consecuente con su tiempo, su estilo y su personalidad. Se inició en 1892 en El Correo de la Tarde, de Mazatlán, Sinaloa, donde tuvo un jefe que era enemigo de emplear adjetivos, y luego escribió -muchas veces con seudónimos- para diarios de la Ciudad de México a los que siguió enviando sus colaboraciones desde España y Francia.

La edición de Aguilar no incluye lo que escribió Nervo para el diario mazatleco, pero Alfonso Reyes se refirió a la cursilería como parte de su estilo, un juicio que sin embargo es cuestión del gusto no solamente del crítico, sino de los lectores de entonces y de ahora. Nervo dejó testimonio de por qué escribió como lo hizo.

Nos cuenta González Guerrero que aquel periodista de finales del siglo XIX y principios del XX, llegó a la Ciudad de México en 1894 y a partir de entones trabajó en los periódicos El Mundo Ilustrado, El Nacional, El Imparcial, El Universal y las revistas Azul y Moderna.

         Pero no fue, desde luego, un reportero como los conocemos ahora, que cubren noticias y entrevistan gente, sino a la manera decimonónica de hacer textos más bien literarios y de opinión, pues además en su tiempo los “reporters” y los “reportazgos”, como les llamaban a los reporteros y a los reportajes o simples noticias, apenas comenzaban en México por influencia de la prensa estadunidense. “¿De dónde había de venir para nosotros el reporter, sino del país del revólver?”, preguntó alguna vez Manuel Gutiérrez Nájera.

         Da gusto leer al Nervo periodista. Se le disfruta tal vez por el descubrimiento de expresiones propias de otros tiempos a pesar de que sus temas y personajes puedan sernos desconocidos, aunque no del todo pues aún sabemos mucho de, por ejemplo, las obras de teatro que reseñó, los lugares del mundo a que se refirió y las figuras históricas que comentó.

         Se equivocó en vaticinios como el de que la bella Venecia -la “Ciudad Anadiomena”- con sus “ruinas gallardas” se iba a desmoronar, a “desvanecer en breve”, pero no cuando predijo que llegaría a existir “el periódico hecho de caracteres eléctricos, que aparecen en una placa a la vista del abonado”. Y en alguna de sus columnas informó que en París creían que el vals ‘Sobre las olas’ era de un compositor francés y no de nuestro Juventino Rosas.

         Resulta imposible ahondar en este espacio en la obra periodística de Nervo, que incluye artículos de actualidad, crónicas teatrales y de viajes, sus ‘Fuegos fatuos’ firmados con varios seudónimos, sus dos épocas de la variopinta columna ‘La semana’. Más bien estas líneas son una invitación a leerlo, a transitar con él por su tiempo y espacios, y descubrir sus temas, su lenguaje y su discutido estilo, acerca del cual Francisco González Guerrero ofrece interesantes puntos de vista en las Obras completas.

         Nos dice, por ejemplo, que su léxico no fue pobre, sino sencillo y de buen gusto, sobrio y de discreta elegancia; que empleó los adjetivos poco y de manera juiciosa y a cambio propuso volver a la limpidez y serenidad de los sustantivos. Y que se refirió a todo ello en La lengua y la literatura, una colección de escritos publicados después de su muerte.

         Concluye el crítico con la sentencia de que los textos de Nervo podrán gustar o no, pero revelan “indiscutiblemente la presencia del hombre. Y el conocimiento del hombre es el espectáculo más interesante”. El próximo día 27, se cumplirán 150 años de que nació ese hombre.

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