Aguascalientes y su 445 aniversario

Se ha consolidado una transformación increíble

A finales de los 70s la ciudad era provinciana y no llegaba ni siquiera a los 300 mil habitantes, hoy es ya una pequeña gran urbe que tiene, según las autoridades, más de un millón de habitantes y enormes industrias.

Aldo Bonilla Chávez ____________________

Hoy es el día de fiesta para Aguascalientes, se festeja el 445 aniversario de su cedulación como ciudad, un hecho que a todos los aguascalentenses nos causa orgullo porque todos, desde la persona más humilde hasta el hombre más rico, hemos trabajado, al igual que todos nuestros antecesores, para la construcción de una de las ciudades más hermosas de Aguascalientes, la cual en menos de cuatro décadas ha sufrido una transformación verdaderamente increíble.

Y cómo dejar de reconocer  que quienes llegan por primera vez a esta ciudad quedan prendados de su belleza, quienes retornan luego de mucho tiempo fuera se dicen sorprendidos con su transformación, quienes aquí nacimos y hemos pasado toda nuestra existencia nos sentimos orgullosos de esta ciudad, de nuestro Estado.

Pero también es cierto que somos los que menos dimensionamos lo extraordinario, no sólo de su belleza, sino de su quietud y de su paz con todo y que la industrialización ha cobrado un auge que ya nos tiene como ejemplo a nivel nacional.

Y todo esto se ha logrado en un tiempo admirablemente corto.

Somos en Aguascalientes un árbol frondoso, un árbol con un tronco muy resistente, añejo, que se remite a generaciones pasadas que son las que sentaron las bases para esta ciudad que luce ya como una gran urbe progresista.

Ese tronco lo fortalecemos todos sus habitantes, ese tronco lo regamos día con día con nuestro esfuerzo, nuestra entrega, nuestra aspiración para dejar una mejor vida, una mejor ciudad a nuestros hijos y nietos.

Ese tronco que se llama Aguascalientes, hoy está más fuerte que nunca y en FUERZA AGUASCALIENTES y en Mis Raíces Digital, habremos de referirnos al cambio tan extraordinario que se ha logrado en menos de cuarenta años, cuando, según las autoridades de entonces, la ciudad tenía menos de 300 mil habitantes, los que hoy ya son, de acuerdo a las autoridades, mucho más de un millón.

Pareciera ser, nos dice el huésped en esta serie de reportajes, de los que ya llevamos 22 de manera consecutiva, Enrique de la Torre Paz,  que los crecimientos poblacionales y urbanísticos, así como la industrialización en Aguascalientes, nos presenta aspectos cíclicos que no dejan de causarnos admiración.

Ya hemos hablado de cómo el Ferrocarril y la Gran Fundición Central Mexicana a fines del siglo XIX vinieron a ser el detonante múltiple para el desarrollo de la Entidad que entonces se convirtió en un gran polo de atracción para infinidad de gente que llegó de otros lares en busca de empleo.

Y ese fenómeno cíclico se repitió nuevamente, para fortuna de los aguascalentenses, en el último tercio del siglo XX, concretamente casi a finales de la década de los 70s, cuando ya la Gran Fundición había desaparecido y el Ferrocarril iba en pleno declive, lo que demandaba con urgencia un fuerte viraje en el «timón» de la Entidad a fin de reactivar una economía que se veía amenazada.

Fue entonces cuando apareció el gobierno de Rodolfo Landeros Gallegos, quien con una gran visión impulsó un cambio que sería radical y que iba a transformar por completo a Aguascalientes para perfilarlo hacia su industrialización y un paso decisivo fue la creación del Aeropuerto.

Fue quien propició, hay que reconocerlo, el arribo de las nuevas industrias, ideando y creando los corredores industriales, apareciendo así el poderoso sector automotriz, el metal mecánico, el electrónico y todos los que hoy dan sustento a la vida de nuestra economía.

Desde el gobierno de Landeros Gallegos se dio una nueva generación inmigrante, sumamente importante convirtiendo a Aguascalientes en un importante generador de empleos, lo que trajo como consecuencia el arribo de miles de familias de diferentes partes del país y del extranjero, quienes se integraron rápidamente a nuestra idiosincracia.

Y para dar satisfactores a tanta gente que llegó, nacieron grandes asentamientos que los diferentes gobiernos que le sucedieron se han encargado de consolidarlos y cómo no dejar de mencionar los fraccionamientos que se encuentran al oriente de la ciudad».

Surgieron entonces las Ciudades Satélite Ojocaliente, Jesús Terán, Morelos, las Siete Hermanas, Santa Anita, Casa Blanca, Hogares Ferrocarrileros, Pilar Blanco y Potrero del Oeste por otro sector y así sucesivamente la ciudad fue creciendo urbanísticamente de manera increíble en menos de cuarenta años.

A la par de esto nacieron también las grandes tiendas comerciales, las avenidas, los hospitales, los complejos deportivos y todo lo que convierten hoy a Aguascalientes en una ciudad que podríamos decir es ya una pequeña gran urbe con una alcaldesa, Tere Jiménez, que día con día lucha no solo para dotarla de mejores servicios, sino de convertirla en un gran centro de atracción para los inversionistas, además de fomentar la unidad que desde siempre ha distinguido a las familias de Aguascalientes.

El ensamblaje de automóviles, las empresas que colateralmente apoyan a esa industria automotriz, la manufactura de implementos electrónicos, las maquiladoras y las grandes empresas que hoy se tiene lograron lo que pareciera increíble, que en menos de 40 años Aguascalientes, que entonces no tenía ni siquiera 300 mil habitantes, hoy cuente con mucho más de un millón, sólo en esta ciudad.

A finales de los 70s, habría que mencionarlo, los letreros a las entradas de la ciudad daban cuenta que existían 260 mil habitantes, hoy de acuerdo a los censos del INEGI, el Estado tiene ya más de un millón de habitantes, lo que nos da una idea de la increíble explosión demográfica y urbanística que ha registrado Aguascalientes en tan corto tiempo, algo que muy pocas ciudades han logrado.

Enrique de la Torre, director de Comunicación Social del Municipio, advierte que habrá que recordar que tras el sismo de 1985, el INEGI fue trasladado a esta ciudad y eso originó que al menos cinco mil familias capitalinas se asentaran aquí, lo que supuso todo un reto no sólo para darles alojamiento, sino para dotarles de servicio y, algo esencial, hacerlas que asimilaran el pensamiento de los aguascalentenses.

En el mosaico nacional Aguascalientes se ha significado por su laboriosidad, por la confianza que despierta entre los inversionistas tanto nacionales como extranjeros y esto debido a que hemos sido, -dice- un pueblo que nunca ha estado al azahar, pues se ha distinguido por ser luchón, trabajador que siempre está a la búsqueda de mejores horizontes a través de toda su gente.

Todos, advierte, hemos estado inmersos en esa  ¨gran bola de nieve¨ que al girar nos está llevando hacia mejores niveles de vida y esto se ha consolidado en los últimos cuarenta años.

Y asegura que somos una sociedad convulsa, inadecuada, pero progresista, una sociedad que, sin embargo, vive con gran optimismo, esperanza y entusiasmo porque vengan tiempos mejores, una sociedad que, como la de Aguascalientes, tiene muchas cosas que recordar y que la llenan de orgullo.

La modernidad y la transformación que ha sufrido en tan sólo unos cuantos años, asombra a propios y extraños, asegura De la Torre Paz para agregar que hoy se dice que pese a las recurrentes crisis, se vive mejor y por lo tanto se afirma que el futuro luce menos difícil.

Y es que pese a tantas crisis hay confianza y esperanza de que lo mejor está por llegar.

Es cierto que antes éramos pocos, hoy somos muchos y tal pareciera que hemos perdido hasta la identidad propia.

Hoy el Centro Histórico se ha visto rebasado por otros espacios como las Siete Hermanas, Villas de Nuestra Señora de la Asunción y muchos otros asentamientos los cuales ya son otra ciudad con otras costumbres y esto se debe a que en nuestro Aguascalientes se ha presentado una migración constante que se suma a los que ya estábamos.

¿Es cierto que lo viejo ya no importa, que lo bueno es lo presente?, ¿es verdad,  que vivir del pasado es no tener futuro y ser mediocre?, le preguntó FUERZA AGUASCALIENTES y Mis Raíces Digital a Enrique de la Torre Paz, secretario de Comunicación Social del Ayuntamiento.

De ninguna manera, responde contundentemente, debemos recordar que lo actual se hizo con base al pasado, esto es lo que debemos o tenemos que adecuar y personalmente pienso que el gran problema del hombre es la inadecuación.

Hoy no nos transportamos en carretones, ni en los tranvías de principios de siglo XX, pero ellos fueron el origen del transporte que hoy se disfruta.

El presente se vive con lo que la sociedad hizo en el pasado y el futuro lo está escribiendo la actual generación y todo esto conforma la tradición de una sociedad muy singular, mercantil, de comercio y cultural.

Aguascalientes debiera recordar siempre con orgullo y evocar con gusto todas esas tradiciones que el siglo XX se ha llevado y que nos dieron identidad y las bases para ser lo que hoy somos.

Y al evocar algo de lo que se dio en el pasado, nos dice Enrique de la Torre Paz que en los 50’s se dieron movimientos sindicales importantes con el Vallejismo de los ferrocarrileros que fueron factor de decisión, enarbolaban las banderas populares.

Se dio la huelga de pago de predial, de hambre en la Exedra.

Se forjaron líderes naturales y singulares que hacían causa común para obtener sus objetivos  y ese Aguascalientes se transformó.

Entra el pavimento por el empedrado, la fisonomía fue diferente, la Plaza Principal ya no fue tan pueblerina sino más citadina, se complementan las torres de Catedral, se asfaltan las entradas de la ciudad, se mete el drenaje.

Aparecen nuevos aspectos, desaparece el mercado de Calera, el estanque de la Primavera que se deseca y se fracciona, ya no hay tranvías, el automóvil tiene mayor presencia, el avión se inicia de manera comercial, el Ferrocarril está en su mayor apogeo y la sociedad sigue aprendiendo nuevas formas.

La llegada de la televisión fue a mediados de los años 60’s, en esa época por gestiones del gobernador Luis Ortega Douglas se instala una torre repetidora en el Cerro de los Gallos y daba señal de las cuatro de la tarde hasta las 10 de la noche y de sus inicios aún se recuerda con gusto la serie de Los Intocables.

Los comercios ofertan aparatos novedosos, las televisiones de madera con consola de blanco y negro, los aparatos de radio.

Otro aspecto de convivencia social mediante la información se tiene fuera de las fronteras con estos medios de comunicación. La radio sigue siendo sin embargo,  aunque en menor grado, la que proyecta la información y donde el radioescucha participa.

En aquel entonces había una mayor participación de todos los miembros de las estaciones de radio, había azoro e inocencia en las caras de los niños quienes jugaban con soldados de plomo, con las carretitas y camioncitos de madera, por lo que la imaginación volaba.

Hoy, dice Enrique de la Torre, vemos cómo se aprieta un botón y se destruyen ciudades.

El azoro de la infancia terminó con la modernidad.

Esto sigue evolucionando y ya queda poco de aquel Aguascalientes en donde todo mundo se conocía y claro que es un deleite recordar aquellas vueltas al Parián entre semana de 7 a 8 donde las damas iba a dar vueltas y los hombres en sentido contrario y se dieron muchos enamoramientos.

Mis padres me contaban que aquellas vueltas a la Plaza de Armas con las mismas características, las tardeadas en diferentes casas con música grabada. Había bailes con orquestas sensacionales en Palacio de Gobierno, en Las Palmas, en El Patio, El Casino de Aguascalientes que era uno de los máximos lugares de la alta sociedad de aquel entonces.

La cinematografía que pasó por el Teatro Morelos, donde pululaban los roedores y olía a tierra histórica, donde un señor Yuri lo convierte en cinematógrafo, donde los diálogos de los personajes de la película eran traducidos de manera fría.

Los nuevos cines como el Encanto que se quemó a mediados del 50, el Cine Palacio, el Cine Rex, el  Plaza, el Colonial, acaban con la primera cuadra de Juan de Montoro que era bellísima en cuanto a las fachadas de sus casonas del Aguascalientes clásico.

Es mutilada y nos dejan un adefesio en los restos del Cine Plaza que en algún momento fue clásico, tumban una casa sensacional con el Cine Encanto, aparece el Cine París, todos los días eran dos películas de estreno y entre película y película se iba a la dulcería y se paseaba.

Se convivía con la gente, ahora se entra al cine y simplemente se ve la película y ya.

La mercadotecnia moderna han coartado la convivencia con el entorno donde se da el espectáculo,  quién no recuerda a aquellos canasteros en el cine que gritaban `los muéganos, son cosas que pasaron para bien o para mal pero que en su tiempo significaron un momento importante en nuestra ciudad, del tiempo que se gozaba, se saboreaba y se rumiaba.

Tiempos, recuerda,  como el de las Fiestas Florales, la Feria de San Marcos incipiente.

Esto trajo como consecuencia que desaparecieran tantas cosas como la máquina de vapor, hoy en un lugar donde antes estuvo un cine y después una gasolinera.

El paso del tiempo sigue su marcha y de tal manera que nos sigue llegando la modernidad.

Por lo que se refiere al mundo del deporte se tendría al equipo de la Liga Central de Beisbol con los Tigres, o en el futbol aquellas inolvidables Cebras, que militaron en la Tercera División, fueron tiempos extraordinarios, pero también con pasajes trágicos y cómo no recordar en la década de los 70s a las campeonísimas Panteras de Aguascalientes, dirigidas por el profesor Rodolfo Reyna Soto y teniendo a Lou Small, Ruby Alcalá, Marvin Brown, Walter McCowan y el ¨Tribi¨ Rodríguez, como principales figuras.

«l avión de las Aerolíneas Rojas que el 11 de octubre de 1968, al inaugurar su ruta de aquí a México se accidentó en las inmediaciones de la Capital y donde desaparece el hijo de un gobernador,  ese mismo día, por la noche, el fuego consumía, una vez más, al Mercado Terán.

Hubo otro accidente donde se estrelló el candidato a Presidente que cayó donde está la Universidad Bonaterra, en la polvareda sólo se vio la figura de los hombres que se salvaron, el percance involucró a un avión DC-3.

La máquina diesel fue un espectáculo porque estábamos entrando al primer mundo.

Es así, dice Enrique de la Torre,  que los proyectos de los buenos gobernantes ven más adelante en el horizonte y dejan sentadas las bases para los que han de sucederle en cuanto a corredores, vialidades, apertura de fábricas que tendría que reactivar una economía que en los 60’s fue a declive con la ausencia de La Jabonera, La Perla.

Desde entonces Aguascalientes pivotea en cuanto al Ferrocarril y un tanto en el mantenimiento de la industria automotriz y es entonces cuando aparecen los mecánicos, los llanteros, los pintores, los hojalateros, uno de ellos muy popular, don Juan Cruz, que primero tuvo el servicio Reforma en la calle Díaz de León y posteriormente se cambia a José María Chávez donde antes había una gasolinera en la esquina con López Mateos.

Era colombófilo y le gustaba ir a soltar sus palomas en el aeropuerto, esa era la segunda personalidad de una gente que mencionaba que entre más difícil estaba el golpe más fácil lo arreglaba. Habría que decir que las carrocerías eran enormes y parecían auténticos tanques, no como las de hoy.

Aguascalientes se distinguía, recuerda con gusto Enrique de la Torre, hasta en su delincuencia, era como de la misma casa y como no recordar que aquí ¨actuó¨, fue apresado y se fugó el legendario `Capitán Fantasma'».

¨Los Golondrinos¨, muy famosos por el rumbo de los Caleros, eran de respetarse, eran delincuentes en pañales y hasta simpáticos en comparación a los de hoy, por lo que hasta en ese renglón era raro que el foráneo llegara a cometer delitos.

Había mecánicos de tradición como el maestro Pancho por el rumbo de La Purísima por la calle de Los Patos y le llevaban los automóviles y levantaba la capota y el cofre del carro y sólo con el olfato sabían lo que tenían, le tocó vivir los Ford-T, se fueron actualizando y eran auténticos `reparadores’ no cambia piezas como ahora sucede.

Había un Instituto de Ciencias y hasta allí se llegaba,  cada ocho días había auténticas romerías porque había muchos que tenían y querían estudiar y se iban al Distrito Federal y para ello eran acompañados a la Plaza Principal a subirse al autobús cuya central estaba donde es hoy la horrible plazoleta que sustituyó al edificio en donde se ubicaba la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Los estudiantes tenían que hacer dos ó tres travesuras para conseguir su medio boleto en el pasaje, fueron, por lo que me platicaban  mis papás, agrega,  tiempos extraordinarios, románticos, tiempos que ya no volverán.

Tiempos del ferrocarril antiguo, con su famoso silbato a la hora del lonche, de relojes tradicionales, tiempos en los que habría de crearse la Universidad Autónoma que también, hay que destacarlo, fue una piedra fundamental para lograr el desarrollo que se logró en los últimos cuarenta años.

Llegamos así finalmente a lo que hoy somos, nos dice Enrique de la Torre Paz,-una ciudad, un Estado eminentemente modernista que vive la era de las computadoras, de los cambios democráticos, del crecimiento.

Una ciudad que hoy celebra el aniversario 445 de su fundación, lo que nos llena de orgullo y que presumimos con sobrada razón, más que por su transformación, por sus gentes, sus costumbres, sus valores.

Ese es el principal tesoro, así como su unidad, una unidad que no debe fragmentarse ni tampoco contaminarse por tantas cosas negativas que hoy la amenazan, dice al despedirnos el Secretario de Comunicación Social del Ayuntamiento.

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