¡Adiós Doctor Morales!

El gran ícono de la crónica deportiva

.- El legendario personaje del deporte, muy en especial de la lucha libre y el boxeo, dejó de existir ayer en México víctima de una enfermedad renal; su crónica le dio una dimensión increíble al deporte en México, en Aguascalientes recibió varios homenajes.

Heriberto Bonilla Barrón _______________

El mundo deportivo vuelve a ponerse de luto luego de que ayer dejara de existir uno de los más grandes cronistas de la historia, el doctor Alfonso Morales Villela, quien con su voz le dio al deporte, en especial a la lucha libre y el boxeo, una dimensión increíble y los convirtió en un mundo mágico, por lo que en cada función podríamos decirse que al menos la mitad del país se paralizaba, de tal manera que su pérdida es verdaderamente irreparable, aunque podemos decir que ahora es el cronista de lujo en el cuadrilátero celestial.

Conocimos al doctor Alfonso Morales, no solo por sus extraordinarias narraciones, sino porque en varias ocasiones que visitó Aguascalientes, tuvo la diferencia de brindarnos su amistad e inclusive recordamos como la Escuela de Lucha Libre INADE-Mil Máscaras, le rindió un emotivo homenaje, en el que dio que el reconocimiento que no se compra es aquel que trasciende, de allí que estaba agradecido profundamente y tan fue así, que en varias funciones de lucha libre que transmitió del Consejo Mundial de Lucha Libre, habló de reconocimiento que se le hizo en Aguascalientes y se deshizo en palabras de gratitud hacia este editor de FUERZA AGUASCALIENTES.

Era el Doctor Morales, un hombre muy alto y muy bonachón, de inmediato conquistaba con una simpatía innata, por lo que a donde iba de inmediato acaparaba la atención, él lo sabía y se dejaba querer, además de que era una persona que gustaba de la bohemia y en Aguascalientes lo demostró al ¨irse de gira artística¨ en las madrugadas, para conocer lo que daba en llamar  ¨la vida nocturna¨, indicándonos que en el boxeo sus ídolos fueron el Púas Olivares, Salvador Sánchez y Julio César Chávez, mientras que en la lucha libre consideraba como el mejor de la historia a Mil Máscaras, en tanto que decía que el Consejo Mundial de Lucha Libre era el que daba espectáculo y seriedad en tanto que la empresa Triple A se dedicaba más al show.

Dialogamos en varias ocasiones por largas horas mientras disfrutábamos de un café y recordamos mucho de su vida, refiriendo que se definía como un hombre que vivía intensamente el día a día.

Soy, nos dijo, una persona que es feliz y que procura contagiar esa bendición que Dios le brinda cotidianamente y  no, definitivamente no pienso en el mañana, hay que disfrutar el momento, hay que agradecerle a Dios que nos da la vida. Vivo al día, no me hago ilusiones de lo que haré mañana porque quizás no amanezca, por lo que lo importante es el hoy, es entregarte con pasión a lo que haces, ser productivo y tratar de ser feliz.

Creo mucho en Dios, soy un buen y un mal católico, soy bueno porque a nadie busco perjudicar y soy malo porque si me meten un guamazo, ya no pongo la otra mejilla, mejor me voy.

Amo profundamente la vida y a lo único que aspiro es a hacer las cosas que me tocan hacer, no tengo ningún anhelo de pretender realizar sueños complicados o quizás imposibles y por eso pienso que soy como cualquier ser común y corriente.

Soy un bendecido porque he podido trabajar en los Juegos Olímpicos del 80, 84, 88, 92, 96, del 2000 y en los de Atenas 2004, por lo que podría decir que ya he hecho mucho y ahora mi aspiración es la de vivir a gusto y tener la tranquilidad para gozar el momento, algo que en los últimos años no pudo hacer ya que fue víctima de una severa enfermedad renal que lo obligó a retirarse como cronista deportivo.

He narrado, nos platicó, todas las peleas de Julio César Chávez y muchísimas otras de título mundial, además de que desde hace varias décadas también estoy en el mundo de la lucha libre, de tal suerte que si hoy Dios me llegara a llamar podría decirle: misión cumplida. Mi paso por la vida ha tenido de todo, crisis, sufrimientos, pero más, muchos más, los momentos de felicidad y podría decir que sería todavía mejor si al paso del tiempo se me evocara como alguien que se convenció de que su trabajo tenía que proporcionar esparcimiento, alegría y emoción a la gente.

Ese es mi trabajo, el de tener a nuestra gente viviendo buenos momentos frente a tantas crisis que amenazan a nuestra sociedad, diría a FUERZA AGUASCALIENTES y  a Mis Raíces Digital el Dr. Alfonso Morales, el maestro de la crónica deportiva que gozó de un prestigio mundial y que aseguraba que no todo debe ser adversidad en este mundo globalizado que pareciera quiere hundir a la sociedad en la desesperación.

Nos confió que la crónica deportiva es apasionante y me ha permitido, a mi manera, tratar de transmitir alegría y emoción a nuestra gente y eso es algo que me llena totalmente de tal manera que no puedo ni quiero aspirar a más.

Fue todo un personaje, un hombre al que la fama no lo hizo perder el piso, un hombre campechano que atendía a todos por igual y que, en México, gustaba de viajar en el Metro, simple y sencillamente porque en esa mega metrópoli utilizar el auto es un infierno.

Nos dijo que una vez Ricardo Rocha le dijo: no te manches, te vas en el Metro por creído, para darte a ver y que te pidan autógrafos, bájale. Y nada más lejos de la verdad, lo hago por comodidad.

El mundo de la televisión lo llevó a recorrer los cinco continentes, le dio dado fama, prestigio y una buena posición, sin embargo decía que eso no puede dar toda la felicidad a la que aspira el hombre.

Sabemos de su fama como personaje público, pero ¿quién es Alfonso Morales?, le preguntamos.

Se nos quedó mirando fijamente, guardó silencio más de un minuto, como si en su mente estuviera viendo la película de su vida y nos respondió:

Es una gente que entiende perfectamente su tránsito por la vida.

Entiendo que como cronista deportivo tengo que hacer una apología de la gente que sube al cuadrilátero para beneplácito de todos nosotros.

Yo soy un colaborador más, si quieren ustedes, de los más modestos, del esfuerzo de la gente que sube casi a morirse en el ring, de manera que soy el complemento mínimo del plano deportivo en el que la vida y Dios me han puesto.

Alfonso Morales, nos dijo, nació en Huetamo, Michoacán, un pueblito de tierra caliente, mi madre fue Concepción Villela Rodríguez, dedicada por completo a su hogar y mi padre Alfonso Morales Pinales, quien murió muy joven, a los 44 años, de manera que mi madre me educó con un enorme sacrificio, algo que aprecio en todo lo que vale.

A temprana edad nos tuvimos que trasladar a México y ahí estudié en una escuela para hijos de obreros, llamada la Casa Amiga de la Obrera número Uno, donde me daban de desayunar y de comer y a las 5 de la tarde nos dejaban salir, ya con la tarea realizada.

Esa fue una fórmula pedagógica que instaurara doña Carmen Romero Rubio, que fue la esposa de Porfirio Díaz, quien decía que las señoras al igual que los señores tenían que trabajar y que el gobierno tenía que educar y dar alimento a sus hijos.

Luego estudié en la Secundaria 7, después al Instituto Vasco de Quiroga, en donde conocí a Alonso Sordo Noriega, compañero de aula cuyo padre fue el primer gran cronista deportivo que tuvo México y que fue quien me relacionó con la gente de los medios de comunicación.

Desde niño mi amigo fue Enrique «Perro» Bermúdez, cuyo padre don Enrique Bermúdez, me animó a sacar mi licencia de locutor y hasta me consiguió trabajo en Radio Universidad en 1970 con Luis Carbajo.

En ese entonces ya estaba estudiando el cuarto año de la carrera de Medicina e ingresé al Canal 11 y la oportunidad se presentó cuando llegó el papá de un amigo mío a ser director del Politécnico Nacional, el Arq. Leopoldo García, quien un día me dijo: oye hijo estás terminando la carrera de Medicina, juegas futbol americano y eres locutor, ¿por qué no ingresas al Canal 11?

No lo pensé dos veces y allí me metí a trabajar, al poco tiempo me hizo gerente de eventos especiales y comencé en la crónica deportiva, transmitía el futbol americano e inclusive el presidente José López Portillo nos otorgó el Premio Nacional del Deporte por el fomento al deporte de aficionados.

En 1978 siendo director del canal don Pablo Marentes, me dijo qué pasaba si transmitíamos una pelea de box, contestándole que no nos afectaría en nada.

Pero es que somos un canal cultural, me respondió.

El deporte, le dije, agregó el Dr. Morales, es también cultura.

Está bien, pero ¿qué haríamos en los cortes de estación?, me dijo.

Muy fácil, promover las escuelas del Poli.

Y nuestro debut en el Canal 11 transmitiendo una pelea de box fue todo un éxito. El combate fue entre el boricua Wilfredo Gómez y Carlos Zárate, quien perdió sufriendo una verdadera paliza.

Es una pelea que nunca voy a olvidar, refiere, porque también me dio una igual o peor Cristina Rubiales, quien me acompañó en la transmisión, ya que se le acababa el aire y por debajo de la mesa me daba cada pisotón para que entrara en su auxilio… y fue un verdadero martirio.

La segunda pelea que me tocó transmitir fue en Puerto Rico, protagonizada por Carlos Palomino y Wilfredo Benítez, la tercera fue entre un tailandés y Miguel Canto, quien sufrió un codazo artero en la cabeza sufriendo un corte tan impresionante que le hizo perder un litro de sangre.

Algo debí haber tenido, nos dijo el Dr. Alfonso Morales, que ahí me vio Televisa y su gente me dijo que si me gustaría trabajar en esa empresa.

Mi respuesta fue positiva de inmediato.

Nada más demuéstranos que ya no estás en Canal 11.

Renuncié y llegué a Televisa en 1980, me pusieron a transmitir el box por radio al lado de Pedro «Mago» Septién, con Enrique Llanes y con Agustín Alvarez Briones, tres auténticos maestros del micrófono.

Un día me pusieron a transmitir totalmente solo una función encabezada por la pelea de Wilfredo Gómez y Tito Tanzzani. Y yo me preguntaba por qué, si allí estaban Sony Alarcón y don Antonio Andere, lo que pasa, nos dijo, es que me estaban probando para ver si daba el ancho.

Terminó la función y me encontré con don Fernando Marcos, un auténtico maestro al que le robé una frase que llevo por siempre: cómo quisiera saber el uno por ciento de lo que ignoro.

Allí mismo estaba don Raúl Leonel de Cervantes, uno de los grandes locutores que ha tenido México. Bajé del estudio todo acalambrado luego de haber transmitido durante tres horas continuas. Don Fernando me felicitó justo cuando llegaba Juan Dosal y le pregunta: ¿cómo vio al Dr. Juanito, qué tal se le hizo su narración?

No hombre, ni me pregunte don Fernando, no tiene futuro, no es mejor que Sony ni que don Antonio. Mire Juanito, compare las edades y eso lo dice todo.

No, no don Fernando, no sirve. Y siguió criticándome.

Basta Juanito, sólo le voy a decir una cosa, no es delito no haber terminado el sexto año «cómo USTED comprenderá», de tal suerte que ni se preocupe, el Dr. Morales va a llegar muy lejos, le dijo.

Y desde entonces, nos platicó con una gran sonrisa en su rostro bonachón, comencé a transmitir las crónicas de boxeo cada 8 días al lado de don Antonio Andere y Sony Alarcón.

Transmití todas las peleas de Julio César Chávez y la mayor satisfacción que tengo es que mi trabajo despertó grandes elogios cuando JC enfrentó al «Macho» Camacho.

En todo momento repetía que le agradecía todos los días a Dios el que le haya premiado con tantas satisfacciones profesionales.

Entre esas satisfacciones debe usted agregar, le dijimos, el no sólo ya ha dejado huella en la crónica deportiva, también ha hecho escuela pues hoy el mundo de la lucha libre es otro gracias a su estilo, ése que tan bien le han aprendido sus compañeros de Televisa.

¿El secreto para imponer ese estilo tan sabroso y ameno?, le inquirimos.

Bueno, fue algo que ideamos mi hermano Mario Riaño y yo y es que había que ser diferente para hacer frente a los grandes maestros de la época.

La primera pelea que transmití por radio, junto con el «Mago» Septién, fue entre Yoko Bushiken y Pedro Flores, en Okinawa y que ganó el mexicano. La noche anterior, Mario me dijo, si vas a narrar tienes que ser diferente, vamos a desmenuzar la narración.

Ellos dicen en el «clinch», entonces hay que buscar algo que sea diferente y decir «en la lucha cuerpo a cuerpo, cara a cara». Luego dicen, aquí aparece el réferi, entonces tú tienes que decir «el tercero sobre la superficie». Todo mundo dice «el ring», entonces tienes que decir «sobre la plataforma de 6×6». Aquí está cayendo por la vía del nocaut, entonces tú vas a decir perdió por la vía del cloroformo.

Y comencé a innovar, por lo que al terminar la transmisión el director me llamó la atención, cómo te pones a decir tus pend…. Sony y don Antonio no narran así. Estoy de acuerdo, pero yo estoy siguiendo mi estilo.

Pues no lo voy a permitir, me respondió. Sin embargo me salí con la mía y ya nunca más me volvieron a molestar y es que creo, nos dijo, que más que un cambio, narraba las peleas con el lenguaje que la gente quería.

De tal suerte, nos dijo el Dr. Morales, que desde entonces Dios estuvo a mi lado, porque luego también con la lucha libre creo que hice un trabajo que fue del agrado no sólo de la gente de Televisa, sino de los aficionados y de los mismos luchadores.

Nos contó de cómo se inició en la crónica luchística y fue cuando surgió la carpa de El Pavillón, luego cuando Ricardo Rocha a principios de los 80 transmitió en su programa «En Vivo» un combate encabezado por Mil Máscaras que a él le tocó narrar.

Afirma convencido que figuras como El Santo, sin ser un gran luchador, pues era muy limitado y su fama la debe a las películas y al comic, y Mil Máscaras, son figuras, íconos irrepetibles.

La lucha libre de hoy, agrega, es increíble, es mágica y con todo el respeto que me merece la del pasado, no se le puede comparar. La de hoy es extraordinaria y está viviendo un momento increíble gracias al apoyo que está teniendo de la televisión, un apoyo que desde luego no ha sido fortuito, sino porque se lo merece.

Hoy, dijo convencido el Dr. Alfonso Morales, la lucha libre ha dejado de ser el «patito feo» de los deportes, el deporte del populacho. Hoy es hasta elitista, pues en la México y en muchas otras partes un boleto de primera fila cuesta de 600 a 800 pesos y miles se quedan suspirando por uno de ellos.

La lucha libre mexicana es única y repito, agradezco todos los días a Dios que me haya puesto en ella, sin embargo yo no puedo presumir que soy una parte destacada, soy parte de un gran equipo de luchadores, empresas, técnicos, productores y muchísima gente que hace posible esta magia que nos debe llenar de orgullo a todos los mexicanos.

Nos contó una y mil anécdotas, defendió apasionadamente a la lucha libre, criticó la extranjerización que tanto está dañando a nuestra cultura, lamentó el atraso que tiene México en materia de educación, defendía con verdadera pasión nuestras tradiciones y de todo ello podríamos escribir uno o más libros, pero el espacio nos lo impide.

Basta comentar, por último, uno de sus episodios chuscos.

No bebo, nos comentó, sin embargo la felicitación más grande que he recibido por parte de la gente de Televisa fue cuando hice una transmisión completamente ebrio… y ni me acuerdo lo que dije.

Resulta que fue en 1992 la primera función de Triple A se realizó en Nuevo Laredo. Iba a ser en domingo y me mandaron desde el lunes, que porque se atravezaba la Semana Santa y luego no iba a haber aviones, muy molesto tuve que obedecer y ahí me tienen corriendo a mañana y tarde. Llegó el domingo y cuando íbamos a la plaza de toros donde se realizaría la función, Arturo Rivera me preguntó qué me pasaba, que iba temblando.

No sé, a lo mejor pesqué una pulmonía. Cuidado, me respondió, puede ser ya que estamos a dos grados bajo cero, pero no te apures ahí te va un cobertor… y tómala que pasó una botellita, le dí tremendo trago… y era puro tequila.

Llegamos a la plaza, el frío cortaba y ahí estábamos narrando y «tome y tome del cobertor». Termina la función y le digo al «Rudo» Rivera, sabes qué, no puedo ni pararme, me siento totalmente ebrio.

¿Pero cómo, si nada más te tomaste un litro de tequila?

No sé, me siento muy mal, creo que hasta voy a vomitar.

No manches, nos están viendo miles de gentes, me dijo. Cálmate, no demuestres cómo te encuentras, yo te voy a sacar del problema. Y es que el «Rudo» tiene una «amplia experiencia delictiva en esto».

Mira, te voy a agarrar por atrás, como si te llevara detenido, ponte derechito y vámonos al hotel. Y que comenzamos a caminar, la gente se nos acercaba y nos pedía autógrafos, yo iba totalmente ebrio y hacía como que les sonreía.

Luego vimos cómo se nos acercaba corriendo el director de la producción, Rodolfo Villareal, el que luego sería productor de los juegos del Tricolor, un hombre muy bajito, pero sumamente estricto que te ponía ¨como campeón¨ si llevabas la camisa arrugada o mal puesta la corbata.

«El Rudo» Rivera sintió que la tierra nos iba a tragar y yo muy apenas me daba cuenta. Llegó el Sr. Villarreal y cuál sería nuestra sorpresa que me abrazaba muy eufórico. Yo, como soy muy alto, el apenas sí me llegaba a los hombros y me alzaba más para que no se diera cuenta de mi aliento.

¡Qué bárbaro, qué bruto, qué crónica se aventó Dr. Morales, hasta la piel se me enchinó con la intensidad de su narración, de verdad que ha estado usted increíble y qué banquete le hemos ofrecido a nuestro público!, me dijo.

«El Rudo» Rivera me dijo al siguiente día: Ya sabes el camino para el triunfo, ahora síguelo.

Y el doctor se moría de la risa y así con una gran sonrisa se despidió de los lectores del editor de FUERZA AGUASCALIENTES y le reiteramos que lo considerábamos un ícono de la crónica deportiva y un miembro más de millones de familias que cada fin de semana no se pierden de sus transmisiones.

Y se despidió invitando a todos los lectores a entregarse totalmente a su actividad, a velar por la unidad familiar, a aprender a educar a los hijos dándoles la libertad para que se defiendan en un mundo que cada día es más complicado.

Mi hijo Leonardo, de 21 años de edad, es el motor de mi vida y aspiro a que sea un hombre de bien. Soy casado en segundas nupcias, me divorcié de Rosenda Bernal, la cantante, y desde hace unos años he unido mi vida a la que espero que sea mi enamorada compañera por el resto de mi vida, Roxana Sánchez.

Soy y quiero que lo publiques, un hombre feliz y encantado de la vida, nos dijo antes de dar por terminada la primera de tres largas charlas.

¡Hasta pronto querido Doctor Morales!

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