Acento

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Lo negro llegó para quedarse

Salvador Flores Llamas __________

Sería mejor que los políticos ya no trataran de vernos la cara ni los sabihondos de las redes sociales, y que haya un gobierno serio en el que pueda confiarse. Tal se concluye después de largos meses de Ayotizinapa, Tlatlaya, la CNTE, la Casa Blanca, Tanhuato y de las promesas de los nuevos líderes de partidos políticos.

Se veía venir que Virgilio Andrade, titular de la Función Pública, exoneraría a Peña Nieto y a Videgaray; ¿cómo iba a culpar al jefe que lo nombró, o al amigo del alma que influyó para que lo incluyeran con los afortunados?

Apegado a derecho o no su fallo, no resiste dos consideraciones simples:

Mejor se hubiera quedado callado, pues de antemano se sabía lo que iba a decir; él y sus jefes debieron prever que no se le iba a creer y sería peor para ellos, porque se acentuaría su fama pública negativa.

Eso sólo vino a aumentar el descrédito del gobierno de Peña Nieto, que creció por la fallida táctica de dejar que los escándalos se apaguen solos; que más bien ha servido para que crezcan al máximo, alcancen decibeles internacionales y parezcan la música “que llegó para quedarse.

Que el fallo fue conforme a la ley, tampoco extraña, porque los mexicanos seguido vemos que cuando va a aprobarse una iniciativa para frenar la corrupción, conflicto de interés o dar trasparencia al manejo del erario, se hallan formas para burlarla con pequeñas trampitas, y el fiscal designado en Los Pinos es sometido a una cámara del Congreso, donde se asegura que los priistas y paleros de la oposición, aprueben al nombrado desde arriba.

Y así de nada sirve ese paso, anunciado con trompetas.

Vemos, por ejemplo, que se cuelan como ministros de la Suprema Corte a gentes afines al poder: Gutiérrez Ortiz Mena y Medina Mora, los últimos. Ya hasta preparan los presuntos sustitutos de Juan Silva Meza y Olga Sánchez Codero, que se jubilarán en diciembre.

Todo indica que el PRI propondrá a Raúl Cervantes, priista añejo, que presidió el Senado hasta septiembre pasado, y el PAN al precandidato presidencial frustrado y exsecretario de Gobernación, responsable del  fracaso de la anhelada transición democrática, porque en Bucareli no hizo política, sino se concretó a promover su precandidatura.

Tal vez ya se lo haya pedido al nuevo presidente nacional del PAN, Ricardo Anaya, mas éste debería irse con cuidado, pues Creel no se distingue por su carrera de jurista y menos de panista; pero sí  busca influenciarlo y colarle gente afín a sus propósitos.

A que no le sugirió que una forma efectiva de unificar al PAN es incluir en torno suyo a maderistas, calderonistas y de otros núcleos, para promover de veras la unificación; de otro modo su partido llegará a las elecciones de 12 gobernadores en 2017, fragmentado y no levantará cabeza.

Creel no sugeriría a Anaya que faltó anunciar en su campaña que fomentará  inculcar los principios humanistas del PAN; pues quizá ni él los ha leído, y que fomentará su tradición democrática, dentro y fuera, como los grandes distintivos con que el partido ganó adeptos en el país, pese a nacer durante el cardenismo.

Anaya debería reconsiderar su actitud ante López Obrador; es mejor no hacerle caso y menos invitarlo a debatir por dos razones: Amlo busca toda oportunidad para publicitarse y no sabe debatir sino apabullar al oponente con cataratas de demagogia, sin dejarlo hablar.

Para después de pregonar que  lo derrotó, pues él no sabe perder y menos lo admite.

Basta recordar cuando interrumpió una entrevista por radio que le hacían al “Jefe” Diego; lo desafió a debatir allí mismo, y en cuanto aquél aceptó, él agarró el micrófono, no lo soltó hasta finalizar el tiempo, y entonces gritó: No que era un gran polemista. Ya vieron, yo le gané.

Está bien que Anaya sea joven e inexperto, pero que no se exponga a que se lo remachen, porque ya no es él sólo, sino afectará a PAN con cualquier descalabro.

Si el gobierno de Peña  Nieto no ha sabido defenderse de sus propios o presuntos yerros, menos lo va a hacer respecto de los de otros.

El asesinato de cinco personas en la Colonia Narvarte repercutió tanto en el extranjero con manifestaciones públicas y noticias en grandes diarios (The New York Times) y hasta una carta de intelectuales y periodistas, que ganó fama de un Presidente matarife de comunicadores.

Y esto, francamente es mentira, pues, en todo caso serían responsables las autoridades locales. El no ha mandado matar a ningún informador. Lo de la Narvarte se lo cargaron al gobernador de Veracruz, Javier Duarte los eternos antigobiernistas y chismosos de las redes, también sin razón

Ya se supo que se trató de una fiesta negra en una casa de citas con drogas y demás; pero la policía del DF no supo investigar el caso, que no recayó en el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera.

Eso se debe, al menos en parte, a la inoperancia de la  Fiscalía de Defensa de los Periodistas; le nombran un titular que nunca da resultados, pero sí cobra un sueldazo por la prebenda.

Reza un dicho: “Aquí hay de todo, como en botica”.  Perdone el lector el atrevimiento de presentarle esta botica política.

llamascallao@hotmail.com

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