A dos años, necropsia de la 4T

Francisco Rodríguez ______________

Los episodios inéditos que dese hace dos años se viven en México equivalen a un prolongado Golpe de Estado por las vías rudimentarias de los hechos cotidianos. Nadie se ha tomado la molestia de modificar la Constitución y, sin embargo, las cosas que se proponen rebasan todo margen de prudencia y moderación. El orden jurídico ha sido roto.

México ya no va a ningún lado. Sólo regresó al hoyo de donde creíamos que ya había salido. De repente el gobiernito nos anuncia que a partir de tal día se convoca a la población a conformar Comités de Defensa de la 4T, con recursos públicos –los impuestos que pagamos a duras penas– para acabar con opositores. Iguales a los conformados por Castro en 1960 y por Chávez, un año después del fallido golpe de Estado del 2005.

Los fundadores de estos grupos, a semejanza de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), que se fundaron en Cuba en 1960, por Fidel Castro, son Avril Gómez, funcionaria de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, encargada de la coordinación en Chihuahua del programa Jóvenes Construyendo el Futuro; Abraham Mendieta, ciudadano español que arribó a México en calidad de Turista, pero que cobra como asesor en el Senado sin tener permiso para trabajar en el país y sin declarar impuestos; e Israel Katu Arkonada, también español y miembro de Euskadi Ta Askatasuna (ETA), organización terrorista nacionalista vasca que se proclamaba independentista.

Definitivamente, México no votó por eso. Eso se llama traición a la patria. Es simplemente un acto de deslealtad constitucional y una afrenta al sentido común de los habitantes, que con estas medidas están siendo vulnerados en los intereses supremos de la convivencia civilizada, los mayores de la Nación.

Los errores, las invectivas y las amenazas que se lanzan a diario desde las mañaneras forman la agenda y la bitácora del gobiernito chusco. Ninguno de los cercanos tiene las agallas para corregirle la plana. El gobierno de los peores está asentado en Palacio Nacional. Sin lugar a duda, una buena parte de los treinta millones que votaron por Morena hace dos años, quieren borrar ese episodio en su vida.

¿Votamos por el retroceso del país?

El depósito de las facultades estatales en las Fuerzas Armadas regulares es de escándalo. El régimen de facto se ostenta en contar con el apoyo armado para todo tipo de ocurrencias, hasta las que suenen más descocadas. En la elección presidencial de hace dos años nadie votó por un dizque pastor espiritual, ni por un aturdido…

… que todos los días anda buscando el menor pretexto para separarse de sus funciones‎, fugándose a provincia, para violentar la Constitución, para amenazar y denigrar a todos los habitantes, de todos colores y credos. No votamos por alguien que en sus oraciones desprecia, amenaza y castiga a los que se oponen a sus caprichos.

La verdad es que hoy la gente se da cuenta de que votó por el retroceso del país a niveles inauditos. Estamos transitando las mismas cavernas que teníamos más de sesenta años de no visitar. Con índices de violencia, niveles de pobreza, miseria y hambre que creíamos haber superado.

Sin recato, negocios al amparo del poder

Estamos hoy, como lo comentamos usted y yo hace cuatro meses, en un nivel de menos veinte‎ de crecimiento del Producto Interno Bruto, bajando cada trimestre, desde aquél infausto diciembre de 2018. Los índices de corrupción y de descaro han rebasado todo lo anterior. Los negocios al amparo del poder se hacen sin recato alguno.

Y no hay un solo ladrillo sobre otro, una sola obra pública que justifique el gasto presupuestal. El empleo que se hubiera creado ya fue destruido en los primeros seis meses del presente año. Para colmo, éstas son cifras absolutamente oficiales.

La complicidad con el crimen organizado, el encubrimiento de bandas y carteles delincuenciales han repuntado, y ya ni siquiera se atreven a medir desde el poder el fardo de sevicia y crueldad que registra el país con cerca de tres mil ejecutados mensuales, cifra parecida al número de cadáveres que registran las engañosas cifras de la pandemia, manejada con los pies, con todo respeto a las extremidades inferiores.

La confusión en los principios, el desconocimiento del aparato público, la polarización incubada en la mente del delirante mandatario ha contagiado todo. Las razones del dictador de bolsillo, un golpista contumaz, están lejos de representar una sola razón cuerda.

No hay timón, ni brújula, ni marineros

México está aquejado de una enfermedad terminal de miseria, recesión, depresión económica, hambre generalizada que parece no tener fin. A menos que el país, fastidiado de tanta pesadumbre, tome en sus manos el control electoral y se decida a recuperar el 6 de junio del 2021 el control sobre la mayoría de las Cámaras, las gubernaturas, los municipios y las alcaldías en juego, y dé al mundo un ejemplo de civilización y de supervivencia.

México ya no puede confiar su destino a un voluntarista egocéntrico que guía sus actos con ocurrencias moralinas de lo más deleznable. Un sujeto que pone la lealtad de sus ayudantes por encima de los intereses superiores de la Nación. Alguien cuyo desconocimiento y befa de las leyes es preocupante, igual que los límites que quiere sobrepasar cada minuto.

Alguien que no tiene ni el timón, ni la brújula, ni los marineros. Ni sepa que tal vez el barco confiado a su cuidado ya naufragó. Alguien a quien no le importa un comino la salud ni el bienestar de los mexicanos, conceptos que sólo utiliza para las encuestas personales que manda a hacer, y para presumir de populista y demagogo. En realidad es un tiranuelo sin escrúpulos.

Dimos un salto de 80 años para atrás

Alguien que cree que la hipocresía, el engaño y la mentira, la corrupción endémica y su complicidad con el narcotráfico, más el agandalle de los presupuestos públicos, son las virtudes que México aplaude y requiere. Los capataces de Gobernación, ubicados en los primeros rangos de la nómina retroceden en el tiempo…

…ochenta años para copiar iniciativas legales que vuelvan a imponer el estado de sitio a la expresión divergente, revivir los delitos de disolución social, motín, rebelión y sedición para aquéllos que no concuerden con el despotismo reinante.

Ochenta años para atrás, igual que en todo aquello que sea obstáculo para lograr la reelección del Ejecutivo, contra todo aquél que no esté de acuerdo con las decisiones jaladas de los pelos que nos llevan todos los días rumbo a la republiquita bananera.

Parece ser la necropsia de un régimen que falleció mucho antes de nacer, desde que fue pensado por un grupo de los peores hijos de la Patria.

Creímos que la 4T traía las soluciones

Entre lo poco que ya queda de las clases medias del país se reproduce el grito de alerta contra los autoritarismos, contra los golpes de Estado y contra las invasiones intestinas de guerras civiles: ¡No pasarán!

Y es que, por lo que se observa y se deduce, los días mayoritarios de Morena están contados. El país ya no puede cargar con una vergüenza de ese tamaño. Las urnas electorales serán los juzgados populares.

Y lo mejor es que se vayan de una vez, ahora que todavía pueden. Mañana puede ser demasiado tarde. En sólo dos años han reventado a la población.

Esta es, apenas, una parte de la necropsia de un régimen que creíamos había nacido esperanzador. Ya falleció.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: En medio de un lúgubre recinto que en 1872 fue arrasado por un incendio y se reconstruyó un siglo después, en el recinto parlamentario de Palacio Nacional, el Presidente de la República celebró el jueves su triunfo electoral del 1 de julio de 2018. Un acto partidista, disfrazado de acto de gobierno. Nada nuevo que reportar, excepto su queja de que ha sido el Presidente más insultado… confundiendo la crítica con injurias. Ahora que, si se refirió a las “benditas redes sociales” a las que es tan adepto, éstas ya se le voltearon… y él ha dado todos los motivos para ello.

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