Las plumas de Quetzalcóatl
 Charrerías
Guillermo Morán Romo ______________

AMIGOS, la planeación de la temática de esta columna nos permitió destacar como temas trascendentes, importantes e interesantes para abordarlos en este mes abrileño, todo el entorno relacionado con la Feria Nacional de San Marcos, es decir, la propia crónica de nuestra fiesta por excelencia, pero también lo relacionado con el más mexicano de los deportes, la charrería, e igualmente la fiesta de los toros, la tauromaquia, ambas actividades que tienen impacto en nuestra mexicanidad y en la herencia que poseemos.

Lamentablemente y por segundo año consecutivo, a causa de esta espantosa pandemia, hemos registrado como hito histórico la cancelación de nuestra tradicional verbena abrileña.

No obstante, consideramos que, aunque sea en el papel, pero debemos mantener los recuerdos, abordar la historia de la Feria Nacional de San Marcos, hablar del más mexicano de los deportes, la charrería, y como no, recordar los inicios de la fiesta brava en Aguascalientes, con la creación, erección, inauguración y puesta en funcionamiento de nuestra Plaza de Toros San Marcos (en un aniversario más de su vida), que se levantó en un tiempo récord para que los aguascalentenses pudiéramos (todavía en la actualidad), disfrutar de este maravilloso espectáculo que es la tauromaquia.

Charros. Papá Micky.

Es por ello, que hemos escogido para este mes e incluso para los inicios de mayo, hablar de temas como la charrería, recordar a nuestro José Guadalupe Posada en su faceta campirana, realizar una crónica de la Feria Nacional de San Marcos, abordar la historia de la Plaza de Toros San Marcos, hablar de la llamada “Corrida de su Majestad” y finalmente volver de nuevo con José Guadalupe Posada, pero ahora en su lado, su cara de taurino. Ya después veremos que sigue. Por lo pronto estamos dedicados a preparar (ya casi está) esa secuencia temática para ustedes.

CHARRERÍAS

Por lo pronto, hoy trasladamos a Las Plumas de Quetzalcóatl un tema relacionado con la Feria, muy nuestro como mexicanos y que tradicionalmente abordamos en la sección deportiva de los diarios impresos. Se trata de la charrería, considerada como el más mexicano de los deportes. Hablaremos un poco de su historia y de lo que ha llegado a representar dentro de nuestro más hondo sentido nacionalista y mexicanista. Por ello, que mejor que incluirlo como parte del aspecto cultural de esta columna.

Charros. Yo mero.

El tema de la charrería, no obstante que se ha escrito y dicho bastante al respecto, sigue siendo inagotable, sigue siendo de mucho interés para la sociedad y sigue atrayendo a multitud de aficionados a todos los festejos en donde se tiene oportunidad de ver el varonil aspecto del charro, sobre todo cuando se le observa a caballo, en una fina estampa que sin duda atrae el interés y las miradas de la gente.

Para comenzar, diremos que el antecedente más directo del charro es el Chinaco y que ambos, por su significado, constituyen un tema de gran trascendencia en la iconografía nacionalista mexicana del siglo XIX, pero también de principios del XX.

En este sentido, el antecedente más remoto de la fiesta charra lo encontramos hacia el año de 1560, cuando el Virrey Luis de Velasco I organizaba regularmente “Fiestas de ochenta a caballo”, pero tal vez sea más oportuno trasladarnos hasta el momento justo del desembarco de los 16 equinos que vinieron con las huestes de Hernán Cortés, hecho que sucedió en las costas de Tabasco, integrando desde ese momento la imagen del caballo y el jinete formando un binomio indisoluble con el transcurrir histórico de México.

Charros…charros.

PROHIBIDO MONTAR

Considerado como símbolo de poder, durante los primeros años de la colonia estaba prohibido para los indios y mestizos que poseyeran y aún que montaran a caballo.

Pero con el paso del tiempo y dadas las enormes extensiones de terreno en aquellas grandes haciendas agrícolas y ganaderas existentes por aquellos años, esa prohibición fue cayendo en el olvido y al mismo tiempo dio lugar a que se fueran conformando, como las conocemos en la actualidad, los diferentes tipos de suertes charro-campiranas.

Al mismo tiempo, sin duda que al montarse sobre los equinos, indios, criollos y mestizos fueron dando forma, con los medios a su alcance, tanto a los vestidos, como a los arreos que les permitían trabajar realizando las faenas campiranas. Así fue como comenzó a perfilarse la figura, primero del chinaco y luego la del charro.

Charros.

Los trabajadores de las haciendas dejaron grata memoria escrita de aquellas faenas camperas, finalizadas en festejo que con el paso del tiempo fueron organizándose, como se menciona que se reglamentó, hacia 1574, el rodeo, que era una batida circular que hacían los vaqueros montados en sus caballos para bajar el ganado de las serranías.

Todavía en las dos primeras décadas del siglo XX tenían lugar los rodeos, entonces nombrados también jaripeos, aunque éstos últimos sólo eran la parte final de aquellos, es decir, la concentración de los animales en el corral mayor para iniciar la selección en dos pequeños corrales anexos y realizar así las tareas de conteo, herraje y capazón, entre otras acciones que implicaban la participación de experimentados jinetes, muy hábiles en el manejo de las reatas para las lazadas de los animales.

A los jaripeos se invitaba a connotados charros, expertos en las lides de lazar, colear y jinetear el ganado.

SÍMBOLO DE MEXICANIDAD

Faenas de campo.

Por otra parte, la interpretación del charro como símbolo de mexicanidad tiene que ver con los acontecimientos desprendidos de la Revolución armada de 1910, pues entre 1918 y 1920 hubo la preocupación de recurrir a afirmaciones nacionalistas que justificaran la movilización popular y uno de los caminos elegidos fue la revalorización de todo aquello considerado expresión de lo mexicano.

En este contexto, el charro como síntesis de diversos elementos se convirtió en símbolo de nacionalidad.

Asimismo, la creación de las asociaciones charras en los inicios de la década de los años veintes, garantizó la supervivencia de los charros urbanos practicantes de las suertes de la charrería en los lienzos de la ciudades.

La flor y nata de la charrería aguascalentense.

Por tanto, el nuevo charro es el jinete no necesariamente del campo, que realiza como competencia la suertes del jaripeo, perfeccionándolas como una práctica deportiva.

En posteriores entregas, podremos hablar con mayor detenimiento de cada una de las suertes charras que se practican en la actualidad como parte de una charreada.

Por lo pronto, para concluir con estos comentarios, mencionaremos lo dicho por Gerardo Murillo, “Dr. Atl”, en su libro Las Artes Populares en México, de 1922: “La equitación mexicana constituye una de las manifestaciones más típicas de la República; el espíritu popular ha condensado en el hombre que monta a caballo – el charro – el espíritu nacional por excelencia”.

Legítimo traje de chicano. Siglo XIX

 Por ahora y como señalábamos en la columna Charrerías (que escribimos por un buen rato en los medios impresos) al concluir el tema, diremos Y juímonos que ya ensillaron (solo por hoy).

Las fotografías, las mencionaremos en orden progresivo,

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