Un corredor de cuadrigas, el deportista más rico de todos los tiempos

Yelena Rodríguez Velázquez (*) ___________________

La Habana (PL).- La competitividad entre los fanáticos de Real Madrid y Barcelona es la historia de nunca acabar. Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, líderes de uno y otro conjunto, centran debates acalorados en lo referente a la superioridad en el campo de fútbol y los millones de euros acumulados.

En este último punto, la balanza favorece al portugués, considerado el deportista mejor pagado con 93 millones de dólares al año; monto que deja por debajo al argentino con unos 80 millones, según estadísticas de 2017 publicadas por la revista Forbes.

Sin embargo, y aunque ambas cifras son impresionantes, el atleta más rico de la historia no es de este siglo, ni del anterior, sino un auriga (conductor de cuadrigas romanas) llamado Cayo Apuleyo Diocles, de la antigüedad.

Muchos cronistas e historiadores confirman su nacimiento en el año 104 de Nuestra Era, en Lusitania, provincia romana al oeste de la Península Ibérica. Dicen que fue hijo de un transportista, razón por la cual comenzó desde muy joven a manejar ese tipo de carro.

Su destreza le abrió paso en el mundo de las carreras; primero en su provincia natal y luego en la capital del Imperio Romano, donde llegó con apenas 18 años.

En aquella época los equipos estaban representados por colores: Blanco, Azul, Verde y Rojo, pero no se sabe con certeza cuál fue su primer conjunto.

Algunos lo sitúan primero en los Blancos, luego en los Verdes y finalmente en los Rojos.

En cambio, el padre jesuita Juan Francisco Masdeu no coincide con esa tesis. Basándose en la copia de una lápida esculpida en el Circo de Nerón, hoy Ciudad del Vaticano. El reconocido estudioso de la literatura española argumenta que perteneció siempre a la facción Roja.

“Agitavit in factione Alba” o “in factione prassina”, quizá no signifique (…) que Diocles fuera cambiando de colores y sugiere que corrió siempre con los Rojos, dijo el historiador.

Más allá del equipo al que representaba, lo significativo fue el hecho que lo convirtió en leyenda… y en multimillonario.

Es preciso recordar que la ciudad de Roma vivía entonces del entretenimiento. El Circo Máximo era foco de deseos para las multitudes, y las carreras de cuadrigas, celebradas allí, un pasatiempo venerado.

Como en la actualidad, existían los fanáticos que seguían las victorias, derrotas y posiciones, acopiadas en actas. Diocles empezó a romper récords y, por consiguiente, a sumar seguidores.

Dicen que participó en cuatro mil 257 carreras, en las cuales obtuvo mil 462 victorias, equivalente a un 34 por ciento de triunfos. Aunque posicionado entre los primeros, no fue el mayor vencedor de los aurigas. En este puesto, la historia cita los nombres de Pompeius Musclosus con tres mil 559 éxitos y Scorpus, con dos mil 48.

En lo que sí coinciden muchos es en reconocerlo como el corredor más selectivo porque escogía rivales poderosos y carreras prestigiosas, con mayores premios en metálico.

Peter Struck, profesor de la Universidad estadounidense de Pensilvania y apasionado investigador de su obra, calculó su capital.

Según el catedrático, Diocles ganó durante los 24 años de trayectoria un total de 35 millones 863 mil 120 sestercios (antigua moneda romana), cifra igualada al costo anual de todo el grano consumido en la ciudad de Roma o a una quinta parte del salario anual del ejército romano.

Una verdadera barbaridad de dinero en aquellos tiempos.

Créanlo o no, estamos hablando en la actualidad de unos 15 mil millones de dólares aproximadamente; una suma improbable de alcanzar por Ronaldo, Messi o cualquier deportista contemporáneo, aun teniendo en cuenta sueldo, contratos, premios, bonos e inversiones.

“Su marca personal merecería estar en los museos”, dijo el experto en comunicación Víctor Sánchez del Real, refiriéndose a Diocles.

Esa fortuna, añadió, no se debe solo a las ganancias por carreras ganadas, cuando remontaba posiciones en los últimos metros y sometía a sus adversarios, sino a la capacidad de movilizar seguidores.

En otras palabras, se refiere a la “mercadotecnia” de la época, un principio de publicidad que generaba ingresos adicionales a los premios, como las apuestas y todo el material promocional, bien conocido y desarrollado en nuestros días.

Con ese capital y a los 42 años, Diocles dejó atrás los peligros de la arena. Cuentan que se instaló en Praeneste (actual Palestrina) y tuvo dos descendientes, quienes lo homenajearon con una estela (monumento), erigida en el templo de Fortuna, la diosa de la suerte.

“Presente ofrecido a Fortuna Primigenia de parte de Cayo Apuleyo Diocles, el primer auriga del equipo Rojo, hispano de nación. Sus hijos Cayo Apuleyo Nimfidiano y Nimfidia”.

Así versaba la traducción de la estela que, aunque ya desaparecida, es el más certero testimonio de la vida de este corredor de cuadrigas, devenido el deportista más rico de todos los tiempos.

(*) Periodista de la redacción de Internet de Prensa Latina. yas/yrv

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