Punto cubano, un tesoro para el mundo

Alain Valdés Sierra* _________________

La Habana (PL).-  La Unesco reconoció una vez más la riqueza y diversidad musical cubana al declarar como Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad al Punto cubano, expresión cuyos orígenes se remontan a los años de la colonización española.

El amplio diapasón de géneros musicales de la mayor de las Antillas tiene dos componentes fundamentales en su génesis, los de origen africano y los heredados de la cultura española, del que nace el punto.

Definido, entre otros elementos, por el entorno rural en que se desarrolló, aunque ya tiene una importante presencia en escenarios urbanos, el punto cubano llega a la isla como parte de las tradiciones musicales de los canarios, sometiéndose a un constante proceso evolutivo para llegar a ser el que escuchamos hoy.

El contenido de las canciones y la forma de cantarlas hicieron de esta expresión una música nacional, que alcanzó su apogeo ya entrado el siglo XIX y ha seguido desde entonces ampliando y profundizando su presencia en el acervo cultural de generaciones de cubanos.

La parte instrumental cuajó con el agrego de algunos timbres africanos, puntualmente en la percusión, completándose así un set de instrumentos formado por guitarra, laúd, tres, claves, güiro, cencerro, y otros que apuntalan un sonoridad muy rica en matices.

El guateque es la fiesta campesina por excelencia, y el punto el eje gravitacional en torno al que gira toda la celebración, centrada en la décima como herramienta fundamental de los cantantes.

Alcanza su máximo esplendor entrado el siglo XX, cuando la radio y el naciente negocio de la grabación de discos ve en el género la materia prima para, la primera, elevar la audiencia, y el segundo generar ganancias.

Es así que surge un grupo de estrellas de la música campesina que ocuparía lugares estelares en las programaciones de todas las emisoras de la isla, y en los stands de los sellos discográficos de la época.

Los más populares exponentes de ese universo musical fueron adorados como dioses, no solo en las áreas rurales, sino también en las urbanas y fuera de Cuba.

Marcaron época y formas de hacer el antológico dúo formado por Celina González y Reutilio Domínguez, Radeunda Lima, Chanito Isidrón y el mismísimo Jesús Orta Ruiz “El indio Naborí”.

Celina fue la reina por antonomasia, una artista cuya obra es de obligado estudio para entender la complejidad de la música cubana desde la vertiente campesina.

A su voz e ingenio se deben canciones como Yo soy el punto cubano y ÂíQue viva Shangó!, verdaderos himnos de cubanía que la entronaron como la voz más emblemática de la música campesina.

Radeunda fue una artista que contribuyó sobremanera a la salida del punto de los ambientes rurales para popularizarlos en las ciudades y convertirlos en fenómenos de masas, legado palpable en sus exitosas canciones Belleza del campo, Mi desafío al sinsonte y La reina del monte.

Si bien esas fueron las grandes estrellas del inicio de la música campesina y sus diferentes expresiones, incluido el punto cubano, como fenómeno cultural masivo, la tradición fue ampliando el número de exponentes de primera línea.

La nómina se vio ampliada con el mítico dúo que formaran Ramón Veloz y Coralia Fernández, Tomasita Quiala, Inocente Iznaga “El Jilguero de Cienfuegos”, y más recientemente María Victoria Rodríguez como principales figuras de las últimas etapas.

Pero no solo grandes artistas y tradiciones que se remontan siglos atrás son suficientes para mantener el fuerte arraigo popular de esta música, las autoridades culturales cubanas han trazado políticas consensuadas con diferentes instituciones y actores que garantizan su presencia y difusión en todos los rincones de la isla.

Primero, el país ha logrado consolidar en las últimas seis décadas un sistema de enseñanza artística que tributa, en el caso de la música, a todos las variantes locales, dejando ser el punto un género de intérpretes empíricos.

También ha garantizado la presencia del género en los principales espacios radiales y televisivos, y el trabajo consciente de las casas discográficas del país para conservar y difundir esa parte del acervo cultural.

Otro tanto a favor es el trabajo con las comunidades, palpable en los talleres infantiles, concursos de interpretación que buscan, sobre todo, involucrar a los jóvenes, y el creciente interés de los sellos en grabar y promocionar en diferentes certámenes.

El punto cubano es ciertamente nacional, y desde él se puede hacer una radiografía de la Cuba de ayer y hoy, en su poética y giros musicales están los sentimientos y valores de todo un pueblo, también su historia, pues acompañó al Ejercito Libertador en la manigua redentora, y a los guerrilleros barbudos en la Sierra Maestra.

La Unesco acertó en declararlo Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, sus valores sobran para merecer el reconocimiento, un tesoro más de Cuba para el mundo.

* Periodista de la Redacción de Cultura de Prensa Latina.

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Posted by on Dic 6 2017. Filed under CULTURA. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response or trackback to this entry

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