Falso, que la historia la escriban los vencedores: Martín Ríos Saloma

Pero en todo el mundo, el poder político impone visiones a su conveniencia

Norma L. Vázquez Alanís _________

(Segunda y última parte)

“Esa frase tan célebre de que la historia la escriben los vencedores, es falsa; la escribe cualquiera que quiera escribir historia; las interpretaciones que se imponen, esas sí, por lo general, suelen ser las del grupo que gobierna; no porque sean vencedores, sino por cuanto tienen los discursos y los dispositivos culturales para implantar una determinada visión del pasado; no en México, no en España, es en todo el mundo y eso no es ni bueno ni malo; es un hecho cultural, es un hecho social”.

Tal aseveración la hizo el doctor en Sociedad, Poder y Cultura en la Edad Media Hispánica y Europea por la Universidad Complutense de Madrid, Martín Ríos Saloma, al participar en el ciclo ‘La reconciliación con nuestra historia’, convocado por el Centro de Estudios de Historia de México Carso (CEHM) de la Fundación Carlos Slim, con la conferencia ‘España y México a la luz de las nuevas investigaciones sobre la Conquista’.

El discurso histórico contiene una representación colectiva del mundo, y en consecuencia la historiografía, o sea el estudio de los discursos históricos, analiza la relación entre el texto y el contexto en el cual se escribe, así como las imágenes, tanto icónicas como discursivas, que se elaboran sobre el pasado, dijo.

Ahí se genera un proceso muy interesante -señaló-, cuando la imagen discursiva se corresponde con la imagen icónica y viceversa, de tal suerte que la escena de la Patria cobijando a un niño con libros bajo el brazo, pintada por Jesús Helguera, parece muy inocente, pero no; es un discurso que muestra el Estado-Nación que se imaginó el régimen nacido de la Revolución; no es casualidad -dijo- que la bandera tenga los mismos colores que el partido que actualmente gobierna.

Explicó también que toca al historiador profundizar en los aspectos simbólicos y culturales de la construcción del pasado, elaborados por una sociedad determinada en un tiempo y un espacio concretos.

El caso específico de la conquista de México, no va a ser visto de la misma forma por los mexicanos que por los españoles de 2017, ni fue visto en su día igual por los indígenas de Chalco-Amecameca que por los de Tlaxcala, ni mucho menos por los peninsulares que vivían en la Castilla de los siglos XV o XVI, puntualizó el especialista, quien en el año 2000 obtuvo la Medalla Gabino Barreda al mejor expediente académico, otorgada por la UNAM.

Como resultado -advirtió-, “lo que hemos aprendido en la primaria y la secundaria sobre la Conquista, sin ser necesariamente falso, tampoco es necesariamente cierto. Los historiadores estamos obligados a analizar los procesos históricos tomando la respectiva distancia”.

Realidad fragmentada en el siglo XV

Explicó Ríos Saloma que los siglos XV y XVI se asociaron con la mitificación de los reyes católicos (1474-1504) y la expansión de la monarquía; en el siglo XIX se sentaron las bases de la unidad nacional y el siglo XX se caracterizó por la consolidación de los valores y de esa unidad.

Precisó que en el siglo XV España no existía como nación; surgió oficialmente, igual que México, en 1821, cuando la monarquía se disolvió. Lo que había en el XV era una realidad geopolítica muy fragmentada entre las coronas de Portugal, Castilla, Navarra y Aragón, esta última dividida en Aragón, Valencia, Cataluña y los reinos de las dos Sicilias y de Nápoles, es decir, todo, menos una nación unificada.

Porque si bien en 1469 se llevó a cabo el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, no tuvo lugar la unificación de España; lo que sí hubo fue un proyecto de unidad dinástica bajo los miembros de la familia Trastámara, cuyos orígenes se sitúan en el siglo XIV.

Isabel y Fernando eran primos y les unía un proyecto común con intereses compartidos: el fortalecimiento de la monarquía, la expansión por el Mediterráneo, el comercio con el Mar del Norte, la conquista de Granada y la exploración del Atlántico. Así estaba la península en el siglo XV, mientras que lo que pasaba con México era igualmente complejo, pero con los mismos elementos, expresó el historiador y autor de varias publicaciones sobre historiografía española.

En el siglo XIX se construyó un discurso historiográfico para distinguir a México de España, que resultó complicado porque ambos tenían la misma lengua, religión, nombres y forma de medir el tiempo, además de que el lugar de nacimiento tampoco podía ser distintivo, pues la Constitución de Cádiz de 1812 establecía en su preámbulo que la nación española estaba constituida por los españoles de ambos hemisferios.

Cuando triunfó la Revolución Mexicana, se construyó toda una estructura cultural para impulsar el reconocimiento de los pueblos indígenas, eso que hoy llamamos indigenismo y que presentaba a los grupos anteriores a la Conquista como los grandes pueblos, pero a los indígenas posteriores, como actores marginales del proyecto social.

Visión negativa de la Conquista

Con base en la premisa de que en el siglo XV México no existía y por ende tampoco los mexicanos, emerge una visión negativa de la Conquista. El mexicano -según ironizó el doctor Ríos Saloma- se quedó con la perspectiva fatalista de este hecho, había que sufrir hasta el final de los tiempos las consecuencias de esta pérfida invasión, que además trajo masacre y destrucción de los pueblos indígenas, y como eran tan malos, trajeron armas de destrucción masiva: las enfermedades para las cuales los nativos no tenían defensa, pero también impusieron su religión por fanatismo, saquearon las riquezas y para colmo destruyeron los códices, todos.

Esto es lo que piensa la mayoría de la gente de la Conquista, prosiguió, pero hay más, considera que los tlaxcaltecas son unos traidores porque se rindieron al enemigo extranjero y junto a ellos doña Marina; asimismo se les atribuye a los conquistadores la implantación de todos los vicios que aquejan al país: la corrupción, la suciedad, etcétera.

Sin embargo, se conoce poco de la Nueva España porque la visión de la historia nacional que se creó en el siglo XIX se escribió así: vivíamos en un paraíso terrenal, llegaron los españoles y saquearon todo, fue una época oscurísima en la cual la Inquisición quemaba a todo mundo y en 1810 Miguel Hidalgo liberó a la Patria y entonces ésta entró al concierto de las naciones.

Además, las imágenes creadas en el México postrevolucionario plasmaron en los grandes murales aspectos terribles de la Conquista; y “no digo que no haya sido un proceso violento, sólo propongo que se explique desde otra perspectiva histórica”, apostilló el especialista.

Para ello, propuso, sería necesario trascender la historiografía colonial que señalaba a México como una colonia sometida a España, e introducirnos en una historiografía postcolonial y postnacional, a fin de ver procesos de largo aliento y con una visión mucho más amplia, entendiendo que la Nueva España se insertó en una monarquía enorme y que tenía muchos centros de actuación.

A mediados del siglo XX, el historiador Edmundo O´Gorman publicó “La invención de América”, libro en el cual señalaba que América no fue descubierta por Colón, sino que fue inventada en un proceso de construcción cultural por parte de Europa en general y de España en particular.

¿Invención o Conquista?

Ante la disyuntiva de si hubo invención, descubrimiento, encuentro o conquista, Ríos Saloma planteó que se trató de un proceso de reconocimiento por la exploración de un territorio nuevo; de conquista entendida como un fenómeno político y social; y de colonización a través del poblamiento y explotación económica del continente americano.

Un hecho importante fue que tanto Carlos I como Felipe II eran conscientes de que había un océano de por medio y que no se podía gobernar como lo hacían en Madrid, por tanto, se concedió a los nuevos territorios una enorme autonomía, a cambio de que pagaran sus impuestos.

Hay que entender ese proceso de conquista como un trasvase y proyección de las experiencias políticas, sociales, económicas, militares, religiosas, ideológicas, culturales y artísticas del espacio Mediterráneo sobre el espacio Atlántico, en una perspectiva de muy larga duración, además de que fue el hecho fundacional de la Nueva España y por tanto de México.

Y estar conscientes de que las visiones sobre la Conquista, tanto en México como en España, estuvieron marcadas por los contextos políticos, culturales e historiográficos propios de los siglos XIX y XX, es decir, por lo que a los políticos e historiadores les interesaba y necesitaban para construir la nación como querían llevarla a cabo.

No fue un hecho ni ‘bueno’ ni ‘malo’ porque la Historia no juzga; fue un proceso histórico que debe estudiarse en toda su complejidad, mediante un diálogo profundo entre medievalistas y modernistas a fin de que sea posible analizar con detenimiento esas situaciones en doble dirección, de la sociedad occidental europea sobre el complejísimo mundo indígena y viceversa, para determinar de qué manera a lo largo del tiempo se crearon una serie de elementos identitarios comunes que darían nacimiento a la Nueva España, y a partir de 1821 a México, finalizó el doctor Ríos Saloma.

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Posted by on Jun 5 2017. Filed under LA HISTORIA EN AGUAS. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response or trackback to this entry

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