El rey de los ladrones, de James Marsh

Gillian Turner __________________

Hatton Garden en Londres es el distrito donde muchos de los más importantes joyeros tienen sus negocios, algo parecido al “Diamond District” en New York en W47th Street.

Como medida de seguridad se creó el Hatton Garden Safe Deposit Company para el uso de los joyeros del área. Las instalaciones eran subterráneas, supuestamente super-seguras, y alojaban un gran número de cajas de seguridad. Durante el fin de semana de Pascua, 2015, se logró el robo más espectacular de la historia. Después de especulaciones estrafalarias se estableció el valor del robo en entre 10 y 14 millones de libras esterlinas. Solamente se ha recuperado una tercera parte.

¿Los culpables? Un grupo de criminales de la tercera edad, el único joven siendo un especialista en cortar alarmas (el único, por cierto, que sigue prófugo).

Toda la gracia de la película yace en el reparto estelar que interpreta el grupo de delincuentes geriátricos.

Los ladrones son: Brian Reader (Michael Caine) el cabecilla de la banda, aburrido y solitario después de la muerte de su esposa; Terry Perkins (Jim Broadbent); Kenny Collins (Tom Courtenay); Danny Jones (Ray Winstone, el más juvenil del cuarteto). Un Michael Gambon muy mayor es Danny “The Fish” Lincoln, un comerciante en pescado de Billingsgate, el mercado central de pescado y mariscos en Londres, supuestamente el encargado de vender la mercancía. El último integrante de la banda es Basil (Charlie Cox), un joven especialista en alarmas y cajas fuertes. Todos los viejos fueron descubiertos y detenidos con bastante rapidez, el resultado tanto de la sagacidad policial como de la estupidez y la avaricia de los ladrones. No cabe duda, el famoso “honor entre ladrones” no existe. Cometen torpezas, como dejarse ver en CCTV, dejar que se capten las placas del coche de uno de los delincuentes, no darse cuenta cuando los policías coloquen “escuchas” para intervenir sus conversaciones, y los oyen haciendo trampas y echando pestes unos a otros. Quizás la nueva tecnología los había dejado atrás. Quizás querían hacer un último asalto, a sabiendas que los iban a capturar. Quizás no les importó más que el subidón de adrenalina al estar activos y haciendo lo que más les gustaba hacer.

Hay unas bonitas puntadas: vemos a Brian Reader usando el equivalente británico de la tarjeta INAPAM para viajar gratis en el autobús. Danny Lincoln, el del pescado, es tan borracho como incontinente, siempre urgido de un baño. En un momento conmovedor, los viejos ladrones se están quitando la ropa carcelaria y vistiéndose de traje, listos para presenciar sus juicios. Platican de la edad. Ninguno siente la edad cronológica que tiene. Kenny (destinado a morir en prisión) confiesa que en sus adentros se siente un chavo de 23 años.

El rey de los Ladrones es la más reciente de tres películas y una mini-serie dedicadas a la hazaña de estos viejos criminales, especialistas en asaltos llamativos.

El director, James Marsh, es conocido por la película La teoría del todo (2014) acerca de Stephen Hawking. De hecho, su filmografía incluye varias películas basadas en eventos reales. Ejemplos son un documental (2008) acerca de Philippe Petit, un famoso equilibrista que en 1974 caminó en las alturas entre las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York; y una película llamada Wisconsin death trip (1999) que narra unos eventos sanguinarios sucedidos en Wisconsin entre 1890 y 1900.

Quien escribió el guión es Joe Penhall, con la colaboración de Mark Seal, autor de un artículo acerca del robo que apareció en The Guardian.

En realidad esta es una película divertida, sin ser de gran trascendencia. Su mayor atractivo es que nos otorga el privilegio de ver tantos actores, tan veteranos, dando unas actuaciones tan estelares.

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