El empedrado camino hacia la UE de los Balcanes occidentales

Roberto Molina * _____________

Belgrado, (Prensa Latina).-  La obstinada postura de Francia, compartida con otros estados miembros, de cerrar las puertas a nuevos ingresos en la Unión Europea (UE) muestra que el rumbo a la tierra prometida también es un terreno accidentado.

Así parece haberse puesto de manifiesto el 29 de octubre en la cena de despedida del cargo de Federica Mogherini, alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad del espacio común, con los líderes de los estados de los Balcanes occidentales.

El clima distendido en que parece haber transcurrido la velada -a juzgar por declaraciones de algunos participantes- contrasta con la realidad objetiva de que las metas de ingreso para quienes más se acercan a ella, Serbia y Montenegro, se han alejado.

El presidente serbio, Aleksandar Vucic, la describió en lenguaje deportivo en una sola oración: “El juez decidió cambiar las reglas en el transcurso de la partida”.

Tras afirmar que el objetivo estratégico de su país no cambió y seguirá siendo, sin duda alguna, el camino hacia la UE, acotó que ante la actual situación hay que ajustarlo desde el punto de vista táctico.

Para quien lleva años predicando -con escasos resultados- que sólo juntos y en estrecha cooperación los países de la región pueden crear un clima de paz, tranquilidad y desarrollo que les propicie la entrada al bloque comunitario, el “cambio de las reglas en medio del juego” viene a darle la razón ante los líderes de su vecindad.

El cubo de agua fría lo recibieron unos días antes cuando Bruselas no dio luz verde al llamado inicio de proceso de negociación para el ingreso a Albania y Macedonia del Norte, cuyos gobiernos reaccionaron con indignación y el calificativo más suave para responder fue de “grave error histórico”.

En Skopje la connotación fue un poco más fuerte y hubo demandas de dimisión para el primer ministro, Zoran Zaev, quien había prometido una especie de ríos de leche y miel a la ciudadanía para que aceptara el acuerdo con Grecia de cambio de denominación del país ante la certeza de un rápido rumbo a la UE y la OTAN.

El ingreso a la Organización del Tratado del Atlántico Norte es ya un hecho para Macedonia del Norte, dado los intereses estratégicos de Estados Unidos y sus aliados para expulsar a Rusia de la región y completar el cerco a Serbia, firme en su postura de neutralidad militar, pero a la UE habrá que esperar, quizás hasta las calendas griegas.

No hubo dimisión, pero en la práctica a eso equivale la decisión de elecciones legislativas en abril de 2020 y dos meses antes asumirá un gobierno técnico.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, se mantiene en sus trece de no aumentar la familia con parientes pobres y argumenta para ello que primero deben resolverse las consecuencias del Brexit (retirada del Reino Unido) y poner orden en la casa de los 27 inquilinos que quedarán para entonces.

Serbia parece haber entendido desde hace tiempo el mensaje, toda vez que cuando cumple puntualmente los requisitos exigidos aparecen nuevos para seguir prolongando la llegada a la tierra prometida.

Por eso, tanto Vucic, como la primera ministra, Ana Brnabic, mantienen el discurso de la incorporación a la UE como política estratégica, pero insertan la idea de que, con independencia de eso, el empeño de desarrollar el país en todos los órdenes es primordial.

De ahí que avance a toda marcha en sus relaciones políticas, comerciales, económicas y de alta tecnología con Rusia y China, y encamine su política exterior a recuperar en el Tercer Mundo, sobre todo en África, el tiempo perdido al apartarse del Movimiento de Países No Alineados con la desintegración de Yugoslavia.

El mandatario intenta llevar su prédica a la práctica y para ello organizó el 10 de octubre una cumbre con los jefes de gobierno de Albania y Macedonia del Norte, en la cual se adoptó una declaración conjunta para establecer sus vínculos mediante la libre circulación de mercancías, capital, servicios y personas en los tres países vecinos.

Estas bases de lo que en ese día se dio en llamar el Mini Schengen impulsarían la realización de los cuatro valores fundamentales que establece la UE, que saludó ese paso.

Los otros dos estados de los Balcanes occidentales, Montenegro y Bosnia y Herzegovina, por diferentes razones de orden exterior e interno, respectivamente, miran con cierta reticencia la iniciativa serbia, pero ante la realidad que en la velada con Mogherini cobró contornos más precisos, quizás cambien el color del cristal.

*Corresponsal de Prensa Latina en Serbia.

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