Cuba: La persistencia de Lichi

Mayra Pardillo Gómez* ____________________

Sancti Spíritus, Cuba (PL).-  Luisa María Serrano (Lichi) arriba a su 70 natalicio con la dicha de mantenerse en activo y de cumplir 50 años de vida artística con la misma vitalidad y deseos de cuando empezó a dar sus primeros pasos en el mundo del arte.

Persistencia es el título de la exposición-homenaje -estará abierta todo el mes de octubre- a esas dos fechas tan ligadas a esta mujer, cuya sencilla personalidad no opaca la belleza de sus obras, más bien la realza.

Ella traslada a los cuadros, incluido el bordado en punto cruz, personajes y tramas de cuentos, canciones, poemas o novelas.

Comenzó a dibujar a los 17 años, aunque asegura que desde muy pequeña lo hacía en el taller de artes plásticas de la provincia, donde estuvo poco tiempo, por lo cual los especialistas aseveran que su formación es autodidacta.

Luisa María Serrano (Lichi).

Su primera exposición colectiva fue en 1967 en un Festival Nacional de Aficionados y más tarde expuso una muestra de su trabajo en la galería de la reconocida revista cubana Revolución y Cultura.

En medio de la festividad, concedió esta entrevista a Prensa Latina.

P: Viviste en un lugar apacible y viviste en una amplia y hermosa casa ¿Qué recuerdos guardas de Tuinucú? ¿Te acostumbraste al ruido de la ciudad, a la agitación con que se vive?

R: De Tuinucú lo que más recuerdo es el verdor de los árboles y cómo estos cambiaban con las estaciones del año, ya fuera primavera u otoño, y ese color lo voy a llevar siempre conmigo, pero también la presencia de los amigos y la familia, y el frescor de la casa.

“He tenido que acostumbrarme a la ciudad, de cierta forma por la edad, pues ya resultaban incómodos los viajes de un lado a otro, además de que me era insostenible mantener aquella casa antigua.

“Tuinucú por otra parte está asociado a la niñez de mi único hijo, César.”

En sus obras, además de los gatos, aves, caballos, mariposas o símbolos arquitectónicos, está presente el sitio donde vivió, un pequeño rincón de la geografía espirituana, en cuyas márgenes del río de igual nombre se afirma que fue fundada la villa del Espíritu Santo o Sancti Spíritus, que ya cuenta con medio milenio de vida.

Entre autos, árboles y personas, emerge el central azucarero de Tuinucú, con sus chimeneas expandiendo humo en plena molienda de la caña de azúcar, y la casa donde vivió.

P: Poseo tres plumillas que hace muchos años me obsequiaste, donde la figura central parece ser el escritor cubano Eliseo Diego: ¿La plumilla es una de tus técnicas preferidas?

R: Eliseo Diego tuvo una vejez muy hermosa, porque en su juventud era más gordo -responde sin ambages-; él envejeció con dignidad.

“La plumilla fue en realidad una necesidad: estuve primero en un taller, luego me casé, nace mi hijo y entonces era muy difícil combinar ambas facetas, es decir la de artista de la plástica y una familia que atender.”

P: ¿Te consideras una buena ama de casa, pues en muchas de tus obras

aparecen elementos básicos, sobre todo de la cocina? ¿Te gusta cocinar? Esta mujer fumadora empedernida y amante del café sonríe y contesta rauda:

R: Después de vieja trato de aprender a cocinar, pues odio la cocina. He tenido días en que con tal de que alguien se disponga a hacer esta tarea yo estoy de acuerdo en todo.

“Hay mujeres que necesitan sentirse casadas, es decir representar bien el papel de ama de casa, de ahí el título de una de mis obras: No importa que sea de piedra si es marido (serie de dibujos de amor).”

P: Hace algunos años comenzaste a trabajar otras técnicas como el bordado a punto cruz ¿Lo sigues haciendo?

R: Comencé a hacer mis primeros trabajos de este tipo en Venezuela cuando tuve en mis manos una revista con labores en punto cruz y me llamó mucho la atención la variedad de colores.

“La partida de mi hijo de Cuba fue algo que me cambió mucho, porque era difícil pensar que podía morir en el intento.

“En esa época trabajaba en el periódico Escambray, por eso hay una serie de dibujos relacionados con los balseros, es decir con ese triste período de la emigración en que grupos de cubanos arriesgaban  su vida por llegar a los Estados Unidos, por ejemplo.

“No tuve miedo de dar un salto hacia los tapices y quisiera ser como la pintora mexicana Frida Kahlo (1907-1954) y tener como ella una casa azul, uno de mis colores preferidos, aunque el rojo es una llamada de alerta.”

P: ¿Qué piensa Lichi a sus 70 años y cómo ve su vida futura?

R: ¿Lichi a sus 70 años?, responde con una pregunta. Bueno, la vejez es dura, extensiva a los seres queridos que no están conmigo, pero tengo otras cosas, por lo que veo el futuro con tareas por delante.

P: Tuviste una etapa fuera de Cuba, ¿dónde, cuánto tiempo y qué representó para ti esa experiencia?

R: Partí un día hacia Caracas, Venezuela, donde viví 13 años de mi vida (1995-2008), para volver de nuevo a mis raíces. Me ocurrió como en la canción de Pablito (Pablo Milanés) titulada Amo esta Isla.

“Todo lo que he aprendido se lo debo a la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena, y por esa etapa de la que preguntas me di cuenta que debía escucharme a mí misma como lo hizo Frida Kahlo.

“No he llegado a ser la figura que yo quería; quizás me ha faltado talento, dice con desmedida modestia.

“Nunca voy a dejar de admirar a Frida, una mujer que fue capaz de pintar al lado de un genio como Diego Rivera y que sin embargo buscó dentro de ella misma su retrato.

P: ¿Por qué el título de tu exposición es Persistencia?

R: Porque la persistencia es la que nos ayuda a vivir, ya que es muy fácil acomodarse. He persistido y me alegro de ello.

P: Tener una pareja que se relaciona de algún modo con tu obra: ¿Es bueno, qué satisfacciones te brinda?

Ríe y aclara: “Somos como todas las parejas al fin y al cabo, pero te aseguro que si no es por él esta exposición no se hubiera efectuado y esa es una de las satisfacciones de la convivencia con alguien que conoce tu obra.

“Soy defensora del arte de género, porque aposté por eso, pero nunca me gustaron los extremos y soy sincera”.

Ella abordó la temática problematizadora de su entorno desde una perspectiva de género donde la desbordante imaginación, la ironía y el sarcasmo matizaron la permanente rebeldía contra la canonización patriarcal.

Así lo resaltó el Doctor en Ciencias del Arte -su pareja desde hace varios años- en el catálogo, a propósito de su última exposición, donde otro especialista, Maikel Rodríguez, indica: “Es ella una cronista que ha trocado lápices y plumillas por hilo y agujas”.

Mujer moliendo la alegría (1972); Un camino a través del aire (1973); En un portal (1980); El Castillo (1984) y Ni un sí, ni un no (1985), son algunos de los títulos de la obra de Lichi.

Además de pintora, fue ilustradora del suplemento cultural del periódico Escambray Vitrales y de dos ediciones del libro El lobo, el bosque y el hombre nuevo, del destacado escritor y guionista de cine cubano Senel Paz (Fomento, Sancti Spíritus, 1950).

Entre los tapices, todos a punto cruz, la artista desgrana títulos como Reina de corazones; Nunca pensé que un cerdo costara más que un verso; Sobremesa y Viendo la vida pasar.

Contrario a este último tapiz Lichi no se sienta a ver el tiempo correr, por el contrario mantiene esa persistencia que la caracteriza, exhibiendo en su obra la inocencia y frescura de los años mozos, como “una empedernida cronista de lo cotidiano”, diría su esposo.

* Corresponsal de Prensa Latina en Sancti Spíritus.

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Posted by on Oct 27 2017. Filed under ESPECTACULOS. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response or trackback to this entry

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