Campaña derechista contra personal de salud de Cuba

Mariela Pérez Valenzuela* ______________

La Habana (Prensa Latina).- La negativa actitud de los gobiernos de derecha de Brasil, Ecuador y Bolivia, hizo que, en menos de un año, retornaran a Cuba los colaboradores médicos que sirvieron a las poblaciones más humildes de esos países, condenados ahora a la enfermedad y la muerte.

En la estrategia de Estados Unidos y sus aliados de América Latina de derrocar gobiernos socialistas y progresistas, los cooperantes cubanos que entregan de manera desinteresada sus saberes, son utilizados como centro de una campaña mediática para tratar de desprestigiar la salud pública de la isla caribeña.

Sin el menor decoro, algunos dirigentes de esos tres países los acusan de espionaje, de promover y pagar movilizaciones populares y de otras mentiras poco creíbles para quienes conocen el desempeño de esos profesionales, que han llegado con sus saberes a más de 160 naciones.

El primero en tomar la medida contra su propia población de menos recursos fue el ultraderechista brasileño Jair Bolsonaro, quien llegó al poder en 2018 tras un oscuro proceso judicial contra el candidato de la izquierda, Luiz Inácio Lula da Silva, y desplegó, en complicidad con Estados Unidos, de cuyo presidente Donald Trump se dice amigo personal, una cruzada contra los facultativos caribeños que estuvieron dispuestos a ofrecer atención en lugares de profunda pobreza, a pesar de las riquezas económicas del gigante suramericano.

A solicitud del gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, unos 20 mil cubanos participaron en el programa Más Médicos a través de la Organización Panamericana de la Salud, para suplir la carencia de galenos locales en más de tres mil 600 municipios de esa nación.

Bolsonaro, apenas electo , incluso antes, cuando era diputado en el Congreso Nacional, cuestionó la dignidad y profesionalidad del personal enviado. Frente al agravio, La Habana decidió no continuar participando en el programa.

Con su actitud, el régimen derechista de Brasil echó por tierra la posibilidad de llevar la medicina a territorios que carecían de doctores, al igual que ocurría en barrios ubicados en las periferias de las grandes ciudades y hasta en capitales estaduales.

De acuerdo con el Ministerio de Salud Pública de Cuba, en cinco años de trabajo en el gigante de Suramérica, cerca de 20 mil profesionales atendieron a 113 millones 359 mil pacientes. Más de 700 municipios tuvieron un médico por primera vez en su historia.

También Ecuador desoyó el reclamo de sus poblaciones humildes. Aunque la actuación oficial fue más discreta, logró el objetivo trazado por Washington: suspender la colaboración con la nación antillana al no renovar los contratos firmados durante los 10 años de Revolución Ciudadana.

Los médicos viajaron a ese país durante la administración del presidente Rafael Correa, quien formó parte en las últimas dos décadas de un grupo de líderes sudamericanos que tuvieron como premisa la atención al ser humano y la integración, incluyendo el Caribe.

La Habana y Quito suscribieron seis convenios que llevaron al país meridiano del mundo, en 2006, a los primeros 153 colaboradores para comenzar la Operación Milagro, una iniciativa concebida por los presidentes de Cuba, Fidel Castro, y de Venezuela, Hugo Chávez -ambos fallecidos-, para devolverles la visión de manera gratuita a millones de latinoamericanos y caribeños.

Mediante este humanitario proyecto, fueron operados de afecciones oftalmológicas 168 mil 543 personas, de ellas cuatro mil 609 de catarata y 118 mil 575 de pterigium.

Después se alcanzaron otros acuerdos en 2009, entre ellos uno firmado por Lenín Moreno, vicepresidente de Correa durante seis años, el mismo que ahora, desde su presidencia, niega la continuidad de la solidaridad.

Ese año estuvo muy involucrado con los cubanos en la realización del estudio sico-social, social, pedagógico y clínico genético de personas con discapacidad, conocido como Misión Solidaria Manuela Espejo.

Ese programa atendió a 825 mil 576 personas, en 35 mil 257 consultas de neurofisiología y otorrinolaringología. A 21 mil 62 pacientes se le hicieron exámenes de genética clínica.

En 2013, el Ministerio de Salud de la isla suscribió un contrato con el Instituto Ecuatoriano de Seguro Social, mediante el cual 293 doctores de diferentes especialidades prestaron asistencia en 52 unidades de esa entidad.

Cuba, además, tendió su mano amiga a Ecuador ante situaciones de emergencia y desastres: en 1986, por intensas lluvias; en 2001, por epidemia de dengue, y en la atención a las víctimas del terremoto ocurrido en abril de 2016.

En ese país brindaron sus servicios tres mil 565 profesionales de la salud de la isla. Ellos realizaron seis millones 749 mil 666 consultas médicas y 212 mil 360 cirugías; asistieron tres mil 548 partos, y aplicaron 100 mil 84 dosis de vacunación.

En todo momento los galenos se atuvieron estrictamente a desempeñar las funciones que les fueron encomendadas, en cumplimiento riguroso de la letra de los contratos.

De igual forma, el golpe de Estado cívico-militar contra el presidente de Bolivia, Evo Morales, quebró el convenio de ese país andino-amazónico con la isla caribeña.

La sustituta interina y autoproclamada mandataria boliviana, Jeanine Áñez, una senadora de derecha impuesta en el cargo mediante una manipulación política, ordenó el acoso y las amenazas contra los 701 colaboradores de la salud cubanos presentes en esa nación andina.

En días de crisis luego del asilo político de Morales, cuatro colaboradores fueron encarcelados, la jefa de la misión médica retenida, y – de acuerdo con declaraciones de los galenos-, debieron resguardarse ante la oleada de violencia desatada por los opositores al hasta entonces oficialista Movimiento al Socialismo. Ante el clima de agresiones, La Habana decidió retirar la brigada médica.

Cuba, que nunca abandona a sus ciudadanos aun en las peores condiciones, envió aviones para trasladar a su personal desde Ecuador y Bolivia. Detrás quedaron poblaciones siempre olvidadas por los gobiernos de derecha. Ahora, para mayor indefensión, sin la presencia de mujeres y hombres que, enfundados en sus batas blancas, les entregaron, al menos, una expectativa para mejorar su calidad de vida.

*Periodista de la Redacción Nacional de Prensa Latina.

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