El estado de derecho, patrimonio más grande de la humanidad: Rafael Guerra Álvarez

.- El magistrado presidente encabezó la celebración del Día del Abogado, a quienes consideró responsables de velar por la más valiosa aspiración y virtud humana: la justicia.

.- El evento congregó a cientos de abogados del TSJCDMX, CJCDMX, de la Consejería Jurídica, de la Procuraduría General de Justicia y del Congreso local.

.- Abogados liberales fortalecen el escudo de la legalidad: Doctor Miguel Arroyo Ramírez.

Blas A. Buendía / Reportero Free Lance __________________

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La ley siempre ofrece una vía para actuar, su imperio no es un legado de los tribunales ni las cortes, es una victoria cotidiana de todos y, en este contexto, el abogado es su aplicación, vigilancia y creación, dijo el presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México (TSJCDMX), Doctor Rafael Guerra Álvarez.

En tanto, el consejero de la Judicatura de la Ciudad de México, Doctor Miguel Arroyo Ramírez afirmó que los abogados de convicción liberal reiteran el compromiso de trabajar incansablemente por el progreso social, y destacó que a éstos los mueve la recuperación de la república para la mayoría.

En su intervención, Guerra Álvarez subrayó que son los responsables de velar por la más valiosa aspiración y virtud humana: la justicia, a la cual consideró como la virtud suprema que no sólo enaltece a quien la posee, sino que mejora la vida de quienes lo rodean.

“Somos –agregó– el concurso de las mujeres y hombres que dan vida al afán de la justicia, y validan la superioridad moral de la paz frente a la violencia; la certeza, seguridad, autenticidad, legitimidad y credibilidad. Una profesión viva de utilidad indispensable para la sociedad, enraizada profundamente a los valores del pasado y los propósitos del futuro”.

Dijo que son el verdadero espíritu de las leyes, y de los códigos, de las sentencias y la jurisprudencia, así como la fuerza viva que hace posible la legalidad. En nombre del Tribunal Superior de Justicia y el Consejo de la Judicatura de la Ciudad de México, les refrendó su admiración y colaboración sin condiciones.

El escudo de la legalidad

Previamente, el consejero de la Judicatura de la Ciudad de México Miguel Arroyo Ramírez afirmó que los abogados de convicción liberal reiteran el compromiso de trabajar incansablemente por el progreso social, y destacó que a éstos los mueve la recuperación de la república para la mayoría.

Al pronunciar discurso, resaltó que hoy más que nunca los abogados reiteran su compromiso de fortalecer el escudo de la legalidad en torno a las instituciones y al proyecto transformador.

Exaltó: “Los abogados construyeron esta nación, y que muestra de ello son las Constituciones de 1857 y 1917, cuyos congresos estaban formados en su mayoría por abogados declarados abiertamente liberales”.

El Doctor en Derecho Miguel Arroyo Ramírez recordó que desde 1960 los abogados, desde sus diversos ámbitos, y a lo largo de todo el país se reúnen para recordar y retomar “nuestros lazos de fraternidad”.

En la celebración del Día del Abogado estuvieron la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Yasmín Esquivel Mossa; el consejero Jurídico y de Servicios Legales, Héctor Villegas Sandoval; la procuradora general de Justicia capitalina, Ernestina Godoy Ramos, así como el presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, Ricardo Ruiz Suárez y el presidente de la Comisión de Procuración de Justicia del I Congreso de la Ciudad de México, diputado morenista Eduardo Santillán.

También asistieron magistrados, jueces, defensores de oficio, diputados, ministerios públicos, así como servidores públicos de los tres Poderes de la Ciudad de México.

Hacia el final de la ceremonia, se entregaron reconocimientos a abogados por su destacada labor cotidiana en defensa de la ley.

Discurso del magistrado Rafael Guerra Álvarez

El día de hoy nos reunimos para celebrar la identidad que nos une con nuestro mundo y nuestro tiempo. Y creo que es el momento perfecto para renovar nuestros votos profesionales y espirituales; y así recuperar la incalculable fuerza de la vocación.

Me siento especialmente orgulloso por poder compartir este momento con invitados tan especiales de la Consejería Jurídica; la Procuraduría General de Justicia; el Tribunal Superior de Justicia; así como los miembros de las barras y colegios de abogados que nos acompañan.

Su presencia el día de hoy eleva la importancia de este evento. No sólo por el valor individual de nuestras aportaciones sino por el potencial colectivo de nuestras aspiraciones. Ese es el principal valor de nuestro encuentro.

Por eso quiero invitarlos a sentir el orgullo por lo que son y representan; haciendo un ejercicio de memoria sobre lo que los inspiró a ser abogados en un principio.

Porque la condición humana nos obliga a todos, y debemos aceptar una simple realidad: las personas mueren, las civilizaciones caen, pero los ideales permanecen.

Y esos ideales son la única forma de trascender de la vida material cuando nuestro tiempo en la tierra haya terminado.

¡Cientos de miles, millones! de abogados han pasado por la tierra y ninguno de ellos se ha llevado su riqueza material a la otra vida. Lo único que conservan en su espíritu es el ideal que inspiró sus días y los días de aquellos cuyas vidas tocaron.

Ese, damas y caballeros, es el verdadero sentido de este día: recordar el ideal que inspira nuestros días y abrazarlo con toda nuestra fuerza; porque será lo único que sobrevivirá de nuestro polvo y nuestra sombra.

Abogados:

Somos herederos del patrimonio más grande que la humanidad se ha dejado a sí misma: el estado de Derecho.

Nuestra vocación se remonta a los tiempos más antiguos en el ágora y el Aerópago; en el foro y en la tribuna: conservada por miles de años sin perder un sólo instante de vigencia.

Vivimos a la sombra de la diosa Themis cuya ceguera no sabe de invisibles. Somos sus apóstoles y artífices. A veces fieles de su balanza; y a veces filo de su espada.

Somos discípulos de Justiniano y de las glosas de imperio en el Corpus Iuris; aprendices de la Escuela de Bolonia y su legado analítico; alumnos de Alfonso 10º “El Sabio” y sus Siete Partidas; herederos de la Revolución Francesa y la influencia definitiva del Código Napoleónico.

Somos la antítesis del caos y de la guerra. Somos el iusy somos el factum. Instrumentos de orden y del inmenso potencial creador de la razón humana y su consenso.

Somos el elemento necesario en la alquimia que transforma a la libertad de una aspiración a un valor; de una probabilidad a una certidumbre; de un mero adjetivo, hasta proclamarse como un sustantivo en la vida década individuo y de todas las naciones en la tierra.

Somos responsables de velar por la más valiosa aspiración y virtud humana: la justicia. La virtud suprema que no sólo enaltece a quien la posee, sino que mejora la vida de quienes lo rodean.

Somos el concurso de las mujeres y hombres que dan vida al afán de la justicia, y validan la superioridad moral de la paz frente a la violencia.

Somos el eco de la dialéctica entre el juzgador y la víctima, el perito en leyes que escucha, asesora y aconseja a las partes; somos el estudio profundo, el criterio de la formación permanente y la actualización obligada

Somos certeza, seguridad, autenticidad, legitimidad y credibilidad. Una profesión viva de utilidad indispensable para la sociedad, enraizada profundamente a los valores del pasado y los propósitos del futuro.

El imperio de la ley y la majestad de la justicia no son un legado de los tribunales ni las cortes. Son victorias cotidianas de personas que no tienen duda en el devenir del mundo porque la ley siempre ofrece una vía para actuar. Por eso nosotros somos el derecho: su aplicación, su vigilancia y su creación.

Somos el verdadero espíritu de las leyes, y de los códigos, de las sentencias y la jurisprudencia. Somos la fuerza viva que hace posible la legalidad.

Somos la pericia en el conocimiento de las normas, y también de los contradictorios abismos del alma humana.

Damas y caballeros:

Distinguidos colegas:

El papel del abogado en la evolución racional del mundo es trascendente porque la dota de un horizonte. Pero eso no nos libera de los importantes rigores que hacen de un día como hoy, un reconocimiento a su disciplina y entrega.

Me niego a creer que estos ideales sean palabras de un discurso. Son realidades palpables, y hechos que debemos proteger y vivir intensamente. De nuestra firmeza en este propósito depende la raza humana. Se los aseguro.

En nombre de todos los miembros que integran el Tribunal Superior de Justicia y el Consejo de la Judicatura de la Ciudad de México, quiero refrendarles nuestra admiración y colaboración sin condiciones.

Brindo por sus vidas y el ideal que llena sus días. Porque el abogado vive miles de vidas en una, pasando la gran estafeta de su tiempo a las generaciones que lo sucederán.

Esa es la gran naturaleza que compartimos y el verdadero significado de este día. Muchas felicidades.

URL: http://misraicesdigital.com.mx/?p=15160

Escrito por en Jul 13 2019. Archivado bajo NACIONAL. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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