El peluquero romántico, de Iván Ávila Dueñas

Gillian Turner _______________

Había una vez un peluquero romántico. Esta película es un cuento de hadas, en donde el héroe vive atrapado entre dos tiempos, dos ritmos de vida. Los interiores son de una época. Los exteriores son de otra.

Víctor – 37 años, solterón, peluquero de los del barrio, no del “barber shop” de ahora – acaba de perder a su madre. Vive en la casa materna, en una especie de cápsula del tiempo. Nada se ha cambiado en años, desde los muebles (¿por qué ya no hacen esos sofás tan cómodos de respaldo alto?), las pantallas acanaladas de las lámparas, hasta la figura de un perrito colocada encima de un mantelito de ganchillo. Los enseres son viejos, la televisión es un aparato viejo de blanco y negro, los discos son los de vinil que se tocan en un viejo tocadiscos de consola. ¿El teléfono? Obviamente, de disco. En el universo de Víctor no existe ni el celular ni la computadora, ni la pantalla plana o curva.

Víctor divide su tiempo entre su casa y su peluquería (misteriosamente bautizada con el nombre “Eric”), que tiene los accesorios y el mobiliario clásicos de hace años.

Lentamente vive su duelo. A su casa llegan vecinos y amigas de su madre, para rezar el rosario: la novena. Luego, por fin solo, se dedica a la labor doméstica: hace limpieza, lava la ropa, prepara su comida. En la peluquería platica con sus clientes a la usanza de todos los peluqueros. Platican del futbol y Víctor insiste que es fan del Atlas, ya que según él es un equipo que no levanta pasiones ni polémica.

Sus pasatiempos son jugar dominó con sus amigos, con copiosas cantidades de cubas (ron Appleton es su predilecto); ver con su viejo televisor viejas películas de la época de oro del cine mexicano; ejemplos: La tijera de oro con Tin Tan (1958), El rebozo de Soledad con Arturo de Córdova y Pedro Armendáriz (1952); y escuchar boleros románticos de los años ’50.

Por fin, Víctor se libera. La mariposa sale de su crisálida. Su hada madrina (una abuela que nunca conoció) mueve su varita mágica y lo traslada a Brasil (con todo y petaca de hace años, sin rueditas), al ritmo de Ninón Sevilla en Aventura en Río (1953). Le espera una vida nueva. Deja atrás su vieja rutina y su afición por las películas de antaño para entregarse por completo al siglo 21. Ahora su  peluquería es moderna y “unisex” (aunque conserva el nombre antiguo “Eric”). Estrena novia.

Iván Ávila Dueñas, zacatecano, es egresado del Centro de Investigación y Estudios Cinematográficos en Guadalajara, de la época de Emilio García Riera. Hizo su aprendizaje práctico como asistente de director y desde 1988 empezó a dirigir cortometrajes, debutando en 2004 con su primer largometraje: Adán y Eva (todavía). Notable entre su obra es un documental, Zacateco, en el cual además de mostrar un excepcional manejo de las imágenes, acompaña la exhibición de la cinta con una orquesta de 80 músicos. También, dirige en 2016 un episodio de la película La habitación, que consta de ocho episodios, con ocho directores, y narra ocho acontecimientos históricos, usando como locación la misma habitación en una casa de la Ciudad de México.

En El peluquero romántico es muy evidente el cuidadoso uso de las imágenes, la ambientación, el evocativo uso de la banda señora. Es una película amorosamente nostálgica.

Antonio Salinas, en el papel de Víctor el peluquero, nos entrega una actuación contenida, cuidadosamente construida, que demuestra con sutileza la lenta metamorfosis desde el individuo atrapado entre la rutina y el deber, hacia un ser libre, feliz y sin ataduras.

URL: http://misraicesdigital.com.mx/?p=14585

Escrito por en Jul 6 2019. Archivado bajo ESPECTACULOS. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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