Tregua China-EE.UU., una prueba de paciencia

Yolaidy Martínez * _______________

Beijing (PL).- Pactar una tregua al conflicto comercial con Estados Unidos se convirtió para China en un recorrido donde desde el inicio le tocó esquivar y muchas veces afrontar una arremetida tras otra, sin abandonar la búsqueda de una salida al diferendo.

El 1 de diciembre de 2018 los presidentes Xi Jinping y Donald Trump lograron el consenso en Argentina y al unísono emergió la primera prueba de paciencia para Beijing, pues por orden de Washington Canadá arrestó ese día en Vancouver a Meng Wanzhou, la jefa financiera de la firma Huawei.

Con ese caso se levantó una tempestad diplomática a tres bandas que cada vez cobra más fuerza porque la Casa Blanca quiere extraditar a la ejecutiva para juzgarla por la supuesta violación de sanciones contra Irán.

China se opone, denuncia que es un acto contrario a las leyes internacionales y un acoso tecnológico orientado a frenar el avance de sus firmas nacionales.

Pero las zancadillas para Huawei parecen no tener fin en suelo norteamericano, pues el pretexto de que amenaza la seguridad nacional se volvió recurrente.

Ahora ese argumento y el supuesto robo de secretos se esgrimen en un proceso reabierto contra el gigante tecnológico por una disputa con la telefónica norteamericana T-Mobile, que desde 2014 quedó resuelta.

Mientras, un grupo de legisladores presentó una herramienta destinada a endurecer las reglas para las compañías de telecomunicaciones chinas si infringieron las leyes o sanciones de control de exportaciones de Estados Unidos.

Hacia afuera, Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Alemania y Japón limitan las operaciones de Huawei, mientras la universidad británica de Oxford suspendió unas investigaciones financiadas con donaciones de la empresa.

Israel y Polonia son los últimos países dispuestos a restringir equipos de la firma escudados en riesgos de ciberseguridad.

Aparte de la rivalidad tecnológica, en casi dos meses de tregua y negociaciones China se vio obligada a reaccionar contra las entradas ilegales de navíos de Estados Unidos en sus aguas, críticas al desarrollo militar y la intromisión en el tema de Taiwán.

En todos esos casos le advirtió de poner en peligro la paz y estabilidad regional y mundial.

Las provocaciones también tocaron la cooperación con África, pues la Casa Blanca dio un fuerte giro en su estrategia hacia ese continente para contrarrestar lo que llamó prácticas “depredadoras” de China y Rusia, a los cuales acusó de entorpecer el crecimiento económico del área.

Otro tanto sucedió con cuestiones religiosas y el programa antiterrorista de la región autónoma de Xinjiang, luego que congresistas norteamericanos desempolvaron una ley que contempla sanciones contra Beijing bajo la excusa de violar derechos humanos.

En medio de ese rosario de ataques, las dos potencias mantienen sus contactos sobre el diferendo económico-comercial y realizaron una reunión en esta capital del 7 al 9 de enero, centrada en asuntos delicados como la protección de los derechos de propiedad intelectual, cooperación tecnológica y acceso al mercado, entre otros.

A ese encuentro le seguirá uno en Washington 30 y 31 de enero, donde las partes buscarán avanzar más hacia resoluciones mutuamente satisfactorias que terminen con el pleito y propicien una hoja de ruta para implementar los consensos alcanzados por Xi y Trump.

Cuando los gobernantes conversaron en Argentina, China se comprometió a resolver las preocupaciones que genera la profundización de su política de reforma y apertura, mientras Estados Unidos aseguró que corregiría las inquietudes de Beijing en materia económica y comercial.

Ahora las delegaciones tienen la encomienda de encontrar un punto medio que permita poner en práctica esos asensos y fin a los asuntos conflictivos, pero sobre la base del respeto, equidad y beneficio para los dos lados.

El eventual convenio también debe conllevar a levantar los gravámenes aplicados desde julio pasado y normalizar las relaciones de negocios.   Previamente, China anunció la suspensión del 1 de enero al 31 de marzo, del 25 por ciento de los tributos aplicados a 144 productos del sector automotriz de Estados Unidos y también aprobó la entrada a su mercado del arroz norteamericano, un hecho inédito.

Mientras, Washington decidió retrasar hasta el 2 de marzo próximo la entrada en vigor de tarifas adicionales de entre 10 y 25 por ciento, y por 200 mil millones de dólares, sobre importaciones del gigante asiático.

Así ambas potencias dieron señales alentadoras de que desean sepultar la controversia que en 2018 las hundió en un cruce de disparos arancelarios, lesivos para las operaciones mercantiles entre sí y del resto del planeta.

Similares propósitos las llevaron antes en más de una ocasión a la mesa de conversaciones, tanto en Beijing como en Washington, pero todos los arreglos conseguidos quedaron en letra muerta por decisión unilateral del país norteamericano.

Esos antecedentes ahora inhiben las expectativas sobre los resultados de cualquier negociación y más con Trump autocalificándose como un “hombre de tarifas” si no se consigue un trato a su gusto, al comienzo de la tregua de 90 días que él mismo pactó con Xi.

No obstante, como bien recordó recientemente el diario chino Global Times, lo más claro en la disputa es que nadie se lleva un trofeo a casa y las secuelas van a todas partes.

“Un buen acuerdo entre China y Estados Unidos debe ser justo y realista para sobrepasar las pruebas del tiempo (…) Es imperativo el respeto mutuo por los intereses del otro dado a la naturaleza de los negocios. Sobre esa base las pláticas tendrán éxito”, alertó.

*Corresponsal jefa de Prensa Latina en China.

Escrito por en Ene 26 2019. Archivado bajo INTERNACIONAL. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

Deja un comentario

Galería de fotos

Designed by Gabfire themes