“Nos siguen matando”

Carlos Ravelo Galindo, afirma: ______________________

                Así lo  escribe doña Tere Gurza: “Nos siguen matando. Es violencia contra la mujer, todo daño físico o sicológico de que somos objeto las mujeres en la vida pública y en la privada”.

                Nos presenta cuadros aterradores, es la palabra justa, para confirmarlo  Y, como siempre tiene la razón.  Así lo subraya:

                “El 25 de noviembre fue el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, instituido por la ONU para denunciar la que se ejerce sobre mujeres de todo el mundo y reclamar a sus países miembros, políticas para erradicarla.

                Llegar a esta fecha no ha sido fácil.

                Hasta hace pocos años, el maltrato a las mujeres era algo que se callaba por vergüenza o miedo y que la sociedad aceptaba, como parte de situaciones familiares de las que no se hablaba.

                Ahora el tema es parte de la agenda internacional y ayuda a no seguir atribuyendo llantos, moretones y heridas, a tropezones con puertas o caídas de escaleras; y poder hablar de maltratos, acosos y violaciones, como los crímenes que son.

                La conmemoración se originó en las muertes de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, asesinadas en la República Dominicana el 25 de noviembre de 1960, por el dictador Rafael Leónidas Trujillo.

                Pero debieron pasar 21 años, para que el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, efectuado en 1981 en Bogotá, decidiera honrarlas; y otros doce, para que la ONU condenara la violencia de género.

                Finalmente, en su Asamblea General de 1999, fijó el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

                Antes de ese año, estuve ayudando en un albergue michoacano para mujeres maltratadas y las víctimas llegaban con la autoestima por los suelos, pensando que eran culpables y sus hombres solo las corregían y sin saber que había miles en su situación.

                Es violencia contra la mujer, todo daño físico o sicológico de que somos objeto las mujeres en la vida pública y en la privada.

                Y es un problema estructural, derivado de la falta de equidad que está presente en la familia y fuera de ella, afecta desde el nacimiento hasta la vejez y no está confinado a una cultura, región o país, ni a grupos determinados; porque ocurre en menor o mayor grado, en todos los países.

                Se las violenta de muchas formas, la más común es la física: insultos, amenazas y golpes, para obligarlas a tener relaciones sexuales so pena de perder trabajos o hijos, limitar sus decisiones, usarlas sexualmente y traficar con ellas, mutilarles los genitales y repudiarlas o asesinarlas, por no tener para pagar dote o para lavar “el honor de la familia”.

                Y todas dejan secuelas, que no permiten desarrollarse en plenitud.

                Siete de cada diez mujeres del mundo, sufren algún tipo de violencia; y únicamente el 52 por ciento tiene libertad para decidir tener o no, relaciones sexuales; usar anticonceptivos y acudir al médico para atender su salud sexual.

                La ONU califica los asesinatos de mujeres como homicidios agravados por razones de género, feminicidios o femicidios y advierte que son la expresión más degradante de una sociedad.

                En ocho de cada diez casos, son maridos o parejas los asesinos y en su mayoría quedan impunes para seguir agrediendo, porque faltan políticas que instalen contenidos no sexistas, en los sistemas educativos.

                Y en una veintena de países africanos son comunes y legales las pruebas de virginidad; que, por cierto, hasta hace no mucho eran requisitos para las novias de los príncipes herederos ingleses.

                En Marruecos, según un reciente artículo de El País, estas pruebas provocan dramas familiares y suicidios de miles de muchachas que prefieren morir, ante el simple anuncio de que serán llevadas al ginecólogo.

                En Beirut cada dos semanas muere por maltrato o suicidio, alguna de las 80 mil mujeres pobres que trabajan en el Líbano como esclavas.

                En Europa el número de muertes no baja; en España han matado este año a 42; en Italia una mujer es asesinada cada 72 horas.

                En Rusia y países de Asia las cifras no son muy claras, pero altas.

                Cientos de niñas europeas hijas de padres africanos, son sometidas a ablaciones y para ello, sus familias las trasladan a sus países de origen de donde muchas veces no regresan o lo hacen, mutiladas y casadas.

                En América Latina ha habido algunos avances legislativos y 18 países, México entre ellos, han modificado sus leyes para sancionar los feminicidios.

                Pero en 2017, se registraron tres mil siendo Brasil el líder, con mil 133 víctimas y El Salvador el de mayor tasa de violencia; y la ONU denunció, que 10 mexicanas son asesinadas cada día y muchos casos no se reportan como feminicidios.

                La última mexicana victimada por su pareja, fue una recién casada de 21 años de origen chino, estrangulada por su marido mexicano este viernes en el hotel de Florencia donde pasaban su luna de miel.

                Y aunque las redes de mujeres impulsan se denuncie al agresor, al 42 por ciento de las mujeres que pidieron protección a la justicia, no la recibieron y las mataron”. Concluye.

                Tiene la razón la poeta y periodista. Todos debemos pugnar porque el género femenino reciba el respeto que se merce.

                craveloygalindo@gmail.com  

Escrito por en Dic 7 2018. Archivado bajo COLUMNAS, EN LAS NUBES. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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