Policía estatal cómplice de la violencia

Comparto Viborianus…MIERCOLES 05 DICIEMBRE 2018. Basta de muerte y saqueo. Sigamos alzando la voz, exigiendo Justicia y Paz. !ALTO AL TERRORISMO!

Victoriano Robles Cruz ____________________

Es avasallante la indignación de los quintanarroenses por la cobarde conducta de otro personaje de la estirpe machista en la ciudad de Chetumal. Todos, con nuestras escasas herramientas reprochamos la violencia, y, sobre todo, la de género. Abominable comportamiento no debiera suceder en ni un individuo. ¿Qué nos pasa como sociedad? En qué o cuál momento perdimos las cualidades de ser humano, para que con la pérdida de los valores básicos azumemos las de la barbarie, las de los animales depredadores. Y todavía aparecen defensores del energúmeno. ¡Difícil de creer!

Debemos de felicitar a la sociedad chetumaleña, a los quintanarroenses, por la manifestación pública de su rechazo para esta conducta tipificada dentro de la sicopatía del feminicidio. “El concepto define un acto de máxima gravedad, en un contexto cultural e institucional de discriminación y violencia de género, que suele ser acompañado por un conjunto de acciones de extrema violencia y contenido deshumanizante, como torturas, mutilaciones, quemaduras, ensañamiento y violencia sexual, contra las mujeres y niñas víctimas del mismo”. Unidos, todos, podemos ayudar a las autoridades a mejorar su desempeño público. Nunca más permitamos estas atrocidades. ¡Cuidemos y eduquemos a nuestros hijos!

Pero si la violencia, ya de por si es reprobable, cuando ésta acontece contra una dama, debiera ser aún peor su acusación, su castigo; no solamente el público sino el legal. Las leyes también castigan con severidad estas conductas. Estos hechos de la violencia de género son en gran parte responsabilidad de la debilidad institucional, sí amigos y lectores, son consecuencia de una violencia tolerada o perpetrada por el Estado y sus agentes. Entre estos las instituciones de prevención y procuración de justicia. En este caso particular, la percepción ciudadana es de una grave complicidad de la policía estatal con el frustrado feminicida.

Llámese como se llame a la brutal golpiza, la responsabilidad ahora recae en las instituciones policiales, sobre todo de la policía estatal. Tenemos una policía de “elite”, puesto que solamente sirve a los políticos o encumbrados personajes de Quintana Roo.  Aquí cabe preguntarnos: ¿por qué la policía estatal dejó ir al atacante de la fémina? ¿Por qué la policía estatal elaboró el parte policial inadecuadamente? ¿Por qué la policía estatal obedeció otros intereses ajenos a su deber y/o responsabilidad? ¿Por qué la policía estatal toleró al delincuente antes que asumir y cumplir con su desempeño oficial? ¿Por qué todas las agravantes del delito se encubrieron por la policía estatal?

La policía estatal es la primera en llegar al lugar de los acontecimientos y en detener al varón golpeador. Es el oficial Cesar Jesús Fernández Hernández a bordo de su unidad, la camioneta 12070, quien remite al juez calificador al presunto delincuente por “faltas administrativas”. La persona remitida al juez responde al nombre de Noel Jesús Castro Santelis. También con algunos de los testimonios de los solidarios vecinos, quienes contribuyeron a la identificación, de la primera atención del hecho, por parte de la policía estatal. Al igual describen de las manchas de sangre en las botas del agresor. La cinta amarilla de resguardo o acordonamiento para evitar la contaminación del suceso delictivo también ese mensaje describe: “policía estatal prohibido el paso”. Extraoficialmente se tiene conocimiento, por los peritajes médicos y por las declaraciones de la víctima, de que también hubo violación.

La cantante cubana antes de la golpiza.

Ciertamente, allí coincidimos, las “discapacidades” policiales son múltiples. Sorprende ese desempeño en Chetumal, porque conocemos a muchos oficiales policiacos con un excelente perfil profesional. Aún no están tan contaminados como en otras regiones. Algunos, hasta egresados de la Universidad de Quintana Roo, con un perfil académico de licenciatura. ¿Será tan la restrictiva la obediencia a la jerarquía que los descompone al grado de la complicidad con la fechoría?

No es necesario acudir al tradicional sospechosísimo o a la especulación para señalar las crueldades institucionales cometidas por la policía estatal ante un sádico delincuente. Puesto que, el policía, no es un simple burócrata, representa en ese momento a la institución policial del gobierno del estado. Personifica a las instituciones de la gobernanza quintanarroense. Y allí hubo dolo, en la omisión, para no informar correctamente de todas las agravantes en contra de la víctima. El encubrimiento para el delincuente por parte de la policía estatal fue un hecho real, irrebatible, contundente.

No desviemos nuestra línea de culpabilidad por la irresponsabilidad policial, con las inexplicables llamadas de algún mando policial o jerarquía de la burocracia. En este funesto como aborrecible hecho la policía estatal falló. Desgraciadamente, la gobernanza no funciona, y en estos casos hasta enredan al gobierno del cambio. Hoy hasta Carlos Joaquín está siendo enjuiciado por una irresponsabilidad de la policía estatal. Corresponderá a las propias autoridades investigar y dilucidar a quienes obedeció el policía estatal, para no cumplir responsablemente con su trabajo profesional y contribuir a la fuga de un delincuente que hoy agravia a toda la sociedad chetumaleña. ¡Seguimos pendientes!

PD.- ¿Sabe usted por qué el sesudo-Rambo Capella no ha informado con su video? Pues, porque andaba fuera del país, disfrutaba de los placeres colombianos. ¡Sabía usted que los oficiales de la policía ni lo conocen en Chetumal!

PD.- ¿Por qué la fiscalía general vino a reaccionar más allá de las 36 horas de cometida la atrocidad?

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