Que la justicia decida

Carlos Ravelo Galindo, afirma: _____________________

                 Así pues, nos conviene recordar una lección muy importante sobre el aeropuerto de Texcoco.

                Nos platicaron contritos los que fueron propietarios de las tierras:

                “Ellos tenían los planos y nosotros los terrenos. Y nos dijeron: Cierren los ojos y recen. Y cuando los abrimos, ellos tenían los terrenos y nosotros los planos”.

                 Cometer errores es de humanos y de sabios  perdonar.

Pero, por supuesto,  no de autoridades. Ni de la justicia que debe aplicar  sanción a quien delinque, delinquió o pretenda hacerlo.

                Toda proporción guardada es la fábula de perdonar.

                Había una vez un hombre que para robarle, calumnió gravemente a un país que creyó suyo. Y al ver el éxito que había alcanzado. Creyó sería perdonado, si agachaba la cabeza.

                No se arrepintió de la ruina que trajo a su tierra con el robo y las calumnias. Pero  visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:

                “Quiero arreglar todo el mal que  hice. ¿Cómo puedo hacerlo?”

                El hombre sabio respondió: “toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una a donde quiera vayas en el día anterior a tu partida”.

                El hombre, muy contento por aquello tan fácil, tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.

                Volvió donde el sabio y le dijo: “ya he terminado”, a lo que el sabio contestó:

                 “Esa es la parte más fácil.

                “Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas”

                 El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y apenas pudo restañar  un puñado.

                Al volver, el hombre sabio le dijo:

                 “Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste al país y a su gente humilde corrió, voló de boca en boca por el daño hecho”.

                “Lo único que puedes hacer es pedir perdón al pueblo, y regresar lo hurtado. No hay otra forma de revertir  tu latrocino”.

                Los ciudadanos inconformes no perdonaron.

                Pero otro sabio, más justo, recogió  la protesta de los afectados. Y dio un fallo salomónico:

                “Que la justicia decida”

                Veamos qué sucede.

craveloygalindo@gmail.com   

Escrito por en Dic 4 2018. Archivado bajo COLUMNAS, EN LAS NUBES. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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