Múltiples razones para hacer zafras eficientes en Cuba

Roberto Salomón * _________________________

La Habana (PL).-  Cuba requiere realizar zafras eficientes por la necesidad de incrementar los ingresos en divisas, y porque éstas aportan alimentos, energía, bioproductos y otros rubros esenciales.

Este sector, que fuera locomotora de la economía durante decenas de años, es considerado estratégico para la transformación productiva del país, según se reconoció en un reciente análisis gubernamental encabezado por el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Lo es, asimismo, porque además de fuente segura de alimentos, genera divisas como rubro exportable, suministra materias primas a otras industrias y proporciona empleo para la población rural y otros sectores.

No es fortuito que los lineamientos 173 y 174 de la actualización del modelo cubano indiquen la necesidad de que la agroindustria continúe el aumento de la eficiencia agrícola e industrial y de los volúmenes de caña, azúcar y derivados, y de la entrega de electricidad a la red nacional.

Con vistas a la realización de la presente campaña, que comenzó a inicios de noviembre, se han extremado todas las medidas organizativas para garantizar que los 54 ingenios que participarán muelan alto y estable, y logren cumplir sus planes y el crecimiento planificado.

El segundo secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, José Ramón Machado Ventura, en recorrido por varios centrales ratificó la importancia económica del sector, al señalar la necesidad de moler toda la caña posible, estimada en cifras superiores a las de la anterior campaña.

De acuerdo con el director de Informática, Comunicaciones y Análisis del Grupo Azucarero Azcuba, Dionis  Pérez, si bien en las zafras comprendidas en 2010-17 se incrementó la producción azucarera en siete por ciento promedio anual, este aumento es insuficiente de cara al crecimiento perspectivo.

Sin embargo, en la campaña 2017/18 los resultados fueron muy inferiores a los previstos.

De acuerdo con un análisis de Azcuba al respecto, ello se debió en gran medida a las condiciones adversas en que se desarrolló: efectos de una sequía sostenida por más de dos años provocó bajos niveles de crecimiento en la caña de enero a agosto de 2017 y el huracán Irma.

Este afectó más del 50 por ciento del área y provocó tallos partidos y descogollados, cepas volcadas, cañas encamadas e inundadas.

A ello se sumó el hecho de que en los meses posteriores al ciclón, llovió en septiembre-enero por encima de la media histórica, lo cual creó dificultades a la cosecha, como enraizamiento de la caña encamada, exceso de hijos aéreos en tallos partidos y de masa verde.

Lo anterior tuvo influencia negativa en indicadores de la eficiencia como la calidad de la materia prima, el rendimiento agrícola y el exceso de materias extrañas llegadas a las fábricas, además de los problemas organizativos, inadecuada gestión y otras cuestiones subjetivas.

No obstante, al menos las dos zafras más cercanas a esta última, no afectadas tan dramáticamente por el clima, vieron golpeadas la eficiencia por esos aspectos, además de tiempo perdido industrial, caña atrasada, indisciplinas tecnológicas y otros, según se reconoció en los balances de esas campañas.

EL RECURSO DE LA TECNOLOGÍA

En un foro efectuado en La Habana organizado por las Asociaciones de Técnicos Azucareros de Cuba y de México, Pérez ilustró a la prensa que la agroindustria se ha ido modernizando para incrementar los resultados en cada zafra.

Esto comprende la incorporación de varios cientos de combinadas Kase de alta productividad, remolques, carretas y otros medios para el trasiego de la materia prima hacia los ingenios.

A esto último se añade la adquisición de nuevos camiones y avances en la modernización del ferrocarril, todo lo cual favorece que la cosecha de caña se realice en más del 93 por ciento de forma mecanizada.

Se incluye la importación de equipos para elevar la eficiencia agroindustrial (laboratorios, tachos y otros medios en las fábricas), así como silos y naves de almacenamiento de azúcar.

Con respecto al necesario crecimiento de la producción de caña, en los últimos años se han introducido también máquinas sembradoras de esa planta e instalaciones de riego, mientras se realizan labores de drenaje y mejoras de caminos y otras que favorecen el desarrollo del cultivo.

MÁS QUE  AZÚCAR

Esta agroindustria es estratégica porque además de producir azúcar -uno de los alimentos más baratos de que dispone la humanidad-, aporta electricidad, alimento animal, alcohol, bebidas, tableros de bagazo, sorbitol, bioproductos, fármacos, papel y otros rubros importantes.

La cogeneración del bagazo de caña, el combustible que mueve los centrales, aporta cada año electricidad al Sistema Electroenergético Nacional, y esta contribución será mucho mayor en las proyecciones de desarrollo hasta 2030 de energía renovable en el país.

Se prevé que para esa fecha el 24 por ciento de la matriz energética nacional la cubran fuentes renovables como la biomasa, las plantas eólicas, fotovoltaicas y las destinadas al aprovechamiento de la energía hidráulica.

La mayor parte de esa contribución corresponderá al sector azucarero -con 14 por ciento-, a partir de la instalación de 25 bioeléctricas.

Estas utilizarán bagazo como biomasa principal y aportarán conjuntamente no menos de 872 MW. Dichos proyectos están disponibles para inversión extranjera directa o créditos.

En la actualidad se avanza en la ejecución de tres unidades de ese tipo en complejos azucareros de igual número de provincias.

ALGUNOS ANTECEDENTES

Desde finales del siglo XIX hasta las postrimerías del XX, Cuba fue el mayor exportador mundial de azúcar.

Durante los años 50 y hasta inicios de los 90 las ventas cubanas del endulzante representaban entre el 25 y el 34 por ciento de las de todo el planeta. Ese rubro constituyó para el país en décadas más del 80 por ciento de sus ingresos por exportaciones.

Tras la desaparición de la Unión Soviética y del socialismo en Europa del Este, esta isla quedó, por primera vez en su historia, sin un mercado preferencial donde colocar el azúcar y una infraestructura para producir más de ocho millones de toneladas.

Como resultado, la producción del endulzante en el país cayó dramáticamente a menos de dos millones de toneladas, y algo similar sucedió con la de derivados, al quedar paralizado el grueso de las instalaciones.

Esta situación, bajos precios internacionales del endulzante y otras dificultades determinaron la necesidad de emprender transformaciones al calor del perfeccionamiento del modelo económico, lo que llevó en 2011 a la extinción del Ministerio del Azúcar y la creación de Azcuba.

Tal medida se llevó a cabo a fin de reducir el aparato estatal, deslindar funciones de carácter empresarial de las de tipo gubernamental, y lograr el crecimiento sostenido de la producción de azúcar y de derivados.

El sector quedó estructurado en 56 ingenios (existían más de 150), 13 empresas azucareras, dos centros de investigaciones y uno de capacitación.

De acuerdo con especialistas y directivos de la agroindustria, la isla cuenta con condiciones favorables de clima, suelo, infraestructura, conocimiento, experiencias y tradición para realizar zafras eficientes y aprovechar el alto potencial de la caña de azúcar, una necesidad impostergable de la economía nacional.

*Periodista de la Redacción Económica de Prensa Latina.

Escrito por en Nov 24 2018. Archivado bajo INTERNACIONAL. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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