La noche de 12 años

Gillian Turner _________________________

¿Una película de dos horas sobre tres hombres que pasaron 12 años en confinamiento solitario? Quizás sea algo aburrida, pensé. ¡Qué va! Te mantiene en el filo del asiento.

La película se basa en el libro escrito por Mauricio Rosencof y Eleuterio “El Ñato” Fernández Huidobro: Memorias del Calabozo, que narra los 13 años de cárcel que estuvieron detenidos junto con el ex presidente de Uruguay, José “Pepe” Mujica. De los tres, Fernandez Huidobro murió en 2016, siendo Ministro de Defensa Nacional bajo los órdenes del Presidente Tabaré Vázquez. Rosencof es un conocido escritor, dramaturgo y periodista. Mujica fue Diputado, Senador, Ministro, y Presidente de Uruguay de 2010 a 2015.

En el año 1973 los tres están detenidos y, junto con otros presos miembros del MLN-Tupamaros, separados, torturados y tomados como rehenes. Cualquier acción de los Tupamaros tendría como consecuencia la ejecución de los rehenes. Y como había que mantenerlos con vida, los militares optaron por tratar de volverlos locos.

La película se concentra en los tres personajes y su interminable calvario. Están golpeados, torturados, encerrados en pequeñas celdas, con las ventanas tapiadas para dejar entrar un mínimo de luz e impedir ver hacia fuera — ni el cielo diurno, ni las estrellas nocturnas. En condiciones deplorables, desorientados, malnutridos, maltratados, sufriendo alucinaciones mentales y una debilidad física paralizante, los tres resisten el encierro como puedan. Los militares los cambian constantemente de alojamiento, cada vez peor que el anterior, hasta dejarlos por fin en unos pequeños hoyos subterráneos, junto con unas ratas muy grandes. Están llevados al límite de su resistencia, despojados de cualquier vestigio de su vida anterior. Ahora no les queda más que subsistir un día, y esperar el día siguiente. De repente, uno de los tres escucha un pequeño golpeteo. Contesta. Hay otro de otro lado. Adaptan el código Morse para comunicarse, por laborioso que sea. Es su salvación de la locura.

No todo es terror y abatimiento. Rosencof ayuda a uno de los guardias escribir cartas de amor a su novia, la hija de un panadero. Como premio le trae bizcochos. Años después, ya con el régimen militar en Uruguay de salida, el mismo guardia pregunta a Rosencof si tiene algún deseo que le pueda cumplir. A los tres los deja salir un rato al patio de la prisión en donde se encuentran, para sentir el aire fresco en la cara, por primera vez desde su captura. Cuando por fin termina la dictadura militar y vuelve la democracia, todos los presos políticos están liberados, incluyendo a Rosencof, Fernández Huidobro (“El Ñato”) y Mujica. El Ñato, consignado a trabajos en la cocina, está para entonces tan institucionalizado que sigue limpiando ollas mientras los demás, bañados y vestidos, se enfilan hacia los camiones que los llevarán de regreso con sus familias.

Ignoro la posible postura política del libro, pero esta no es una película política. No defiende a los Tupamaros. No acusa a los militares. Se concentra en lo físico. De los límites de la resistencia. De la fuerza de voluntad que los mantiene cuerdos en circunstancias de locura e infierno.

Es el tercer largometraje de Álvaro Brechner, uruguayo, nacido en Montevideo en 1976. Sus dos películas anteriores se pueden definir como tragicomedias: Mal día para pescar (2009) que se trata de un hombre fuerte en decadencia (ex Campeón Mundial de Lucha Libre) que lleva un espectáculo de poca monta a distintos pueblos en un país latinoamericano. Ganó 20 premios en Festivales Internacionales de Cine, a pesar de ser un filme poco pretencioso, de un presupuesto bastante modesto. Mr. Kaplan (2014) es el retrato de un judío refugiado en Uruguay después de huir de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Viejo, aburrido, insatisfecho con su vida rutinaria, se aferra a la idea de que el viejo alemán que maneja un cafecito en la playa es un nazi, escondido e incognito. Una comedia de errores y malentendidos.  Ganó premios en 13 festivales internacionales. La noche de 12 años es diferente, es un filme de contenido muy concentrado, filmado casi todo en interiores; casi no hay música. El cinematógrafo, Carlos Catalán, hace un trabajo estupendo, usando una gama de colores monótonos, tonalidades de gris, el color de la piedra, la palidez de los presos, el verde apagado del uniforme militar. Hay una sola toma contrastante, en un brillante paisaje verde, cuando el transporte se detiene para que custodios y presos puedan bajar a orinar.

Con todo, esta no es una película ni pesimista, ni trágica, ni sombría. Es un viaje a través de las sombras para llegar a la luz. ¡Es entretenida y a ratos divertida!

Se presentó este año en el Festival de Venecia, con la presencia de José Mujica. Recibió una ovación sonora.

Por lo pronto se puede ver la película en la Cineteca Nacional de la Ciudad de México. Ojalá y se distribuya a otras ciudades, en algún ciclo o muestra de cine. No hay que perder la oportunidad de verla.

Escrito por en Nov 21 2018. Archivado bajo ESPECTACULOS. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

Deja un comentario

Galería de fotos

Designed by Gabfire themes