Bohemian Rhapsody de Bryan Singer

Gillian Turner __________________

¿Eres fan de la música de la banda Queen? ¿Y de Freddy Mercury? Entonces te va a gustar Bohemian Rhapsody, el biopic de la vida de Freddy Mercury. Traza la vida de Mercury desde unirse a la banda estudiantil “Smile”, la transformación de la banda y el cambio del nombre a “Queen”, su ascenso a la fama. Inicia y termina con el concierto de Live Aid, 1985,  con la actuación arrebatadora de Queen, aclamada como la actuación más grande de una banda de rock de todos los tiempos.

Los fans van a disfrutar de mucha música, muchas de las más conocidas canciones de la banda, incluyendo las famosísimas “We will we will rock you” y “We are the champions” (el himno consagrado de las victorias deportivas). Fragmentos de “Bohemian Rhapsody” están repartidos a lo largo del filme.  Para mayor autenticidad se usaron grabaciones originales de la banda, mezcladas con la voz de Rami Malek (quien tomó clases de canto y de piano para hacer frente al reto) y también con la de Marc Martel, cantante canadiense, imitador consumado de Freddy Mercury.

La actuación de Rami Malek como Mercury es excepcional, llena de energía, movimiento, bravura. Se transforma literalmente en la persona de Freddy Mercury. Las actuaciones de Gwilym Lee, Ben Hardy y John Mazzello retratan muy bien los otros miembros de la banda: Brian May, Roger Taylor, y John Deacon, que con su tranquilidad, su personalidad tan británica y su discreto sentido de humor complementan a la perfección lo exótico y lo mercurial de Mercury. Lucy Boynton es excelente como Mary Austin, la única novia de Mercury, “el amor de su vida”, siempre su fiel amiga.

La muy bien lograda filmación del concierto de Live Aid, con que termina la película, transmite toda la emoción, efervescencia, jubilación y  alegría de aquél día, con las masas de gente coreando las canciones de la banda.

No puede haber nota sobre Bohemian Rhapsody sin mencionar el vestuario – creativo, juguetón, llamativo, ostentoso, la obra de Julian Day, conocido por el vestuario de Rush: Pasión y Gloria (2013), la historia de rivalidades entre James Hunt y Niki Lauda, y de Inferno (2016), ambas películas dirigidas por Ron Howard.

Con todo esto a su favor ¿qué problema puede haber con Bohemian Rhapsody?

La película se siente despareja, el ritmo variable. Puede que en parte se deba a los problemas del director Bryan Singer, sus ausencias,  sus exabruptos, que finalmente colmaron la paciencia de los productores. Fue despedido semanas antes de terminar la película y reemplazado por Dexter Fletcher, uno de los productores ejecutivos. De todas maneras, Bryan Singer logró estupendamente la filmación del concierto Live Aid que aunque ocupa los últimos 15 minutos de la película fue lo primero que se filmó, re-creando el escenario original del Estadio Wembley en un campo de aviación.

También hubo cambio de actores. Sacha Baron Cohen fue la primera selección para el rol de Freddy Mercury. Estuvo vinculado con el desarrollo de la película desde 2010 hasta que finalmente diferencias creativas lo llevaron a abandonar el proyecto, en aquél entonces bajo la batuta de Stephen Frears. Aparentemente Cohen quería profundizar en el lado oscuro y la homosexualidad de Mercury, con un enfoque más hacía el cantante, menos hacia la banda. Sus ideas fueron desechadas, a favor de hacer una película inofensiva, convencional, apta para el público “B” (mayores de 12 años).

Aparte del papel central de Freddy Mercury, y quizás el de Mary Austin, a los demás personajes les falta profundidad y presencia. El ritmo de la película es muy apresurado a pesar de que dura más de dos horas. Hacia el principio hay una escena que demuestra Mercury trabajando como maletero en el Aeropuerto Heathrow (un estudiante de arte, usando su verdadero nombre de Farrokh Bulsara), luego viene un corto intercambio con los integrantes de la banda estudiantil “Smile”, y de repente allí está, cantando, un éxito redondo. Sus padres son meras sombras. Su ascenso a la fama y la celebridad es tan meteórico que entre una escena y otra va de un modesto joven a un ser exótico, millonario, la fama en persona. Pero luego hay pausas innecesarias, a veces para mostrar alguna imagen trillada, como la de Mercury acostado en su inmensa cama, solo y perdido entre las sábanas de satén. La escena de una célebre fiesta en su mansión londinense es tan mal filmada que no se ve la dimensión del evento, ni la variedad de los invitados. (Había pedido enanos, sacerdotes, fenómenos, etc., etc. Solo vi un enano). El tema de su homosexualidad se maneja con discreción al igual del tema del SIDA, y hay pocas referencias a los excesos alcohólicos y de drogas.

Los diálogos, por lo menos los que tiene que enunciar el pobre de Rami Malek, son pésimos. Nadie, en su sano juicio, diría frases como esas. Lo raro es que el guión lo escribió Anthony McCarten, responsable del guión de La teoría del todo (acerca de Stephen Hawking), y de Las horas muy oscuras (acerca de Winston Churchill). Será que Hawking y Churchill eran más elocuentes y se expresaban mejor que Freddy Mercury. O quizás, con tantos cambios el guión perdió rigor.

Malek mismo usa un acento muy peculiar, que nada tiene que ver con la genealogía parsi indio de Mercury. La dentadura postiza que le imponen para parecer más al cantante, hace que mastica y destroza las palabras hasta la incomprensión.

No obstante, si les gusta la música de Queen, si recuerdan a Freddy Mercury, si les antoja ver un biopic un poco largo, bastante convencional, pero con mucha música, mucha energía, algo de nostalgia, vayan a ver Bohemian Rhapsody.  No les va a decepcionar.

Escrito por en Nov 6 2018. Archivado bajo ESPECTACULOS. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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