De Libros, Amores y Otros Males (The Bookshop)

Gillian Turner ____________________

La película más reciente de Isabel Croixet, intimista como es su estilo predilecto, nos traslada a un pueblo en la costa este de Inglaterra (filmada en Irlanda del Norte, disfrazada como Norfolk). Croixet también co-escribió el guión, en conjunto con Penelope Fitzgerald, autora de la novela en que se basa la película.

Estamos en Inglaterra, 1959. Lo peor de la guerra y la post-guerra queda atrás, y la gente empieza a cobrar confianza, abrir negocios … en fin la vida continúa. Florence Green (Emily Mortimer), viuda desde hace 16 años, cuyo marido, amante de los libros como ella, fue muerto en combate en la Segunda Guerra Mundial, compra una vieja propiedad ruinosa en un pueblo junto al mar, para realizar su sueño y abrir una librería.

 Sin embargo, la Sra. Gamart, de la alta sociedad rancia en la Inglaterra clasista de entonces y esposa de un general retirado, tiene otros planes para esa misma propiedad, y está preparada a pelear con todo para quedársela. La señora invita a Florence a una fiesta, exageradamente grandiosa y ostentosa para un pueblo de esas dimensiones, para darle una advertencia y sugerirle que utilice mejor alguna otra propiedad para su librería.

 Las presiones, las amenazas disfrazadas, están a la orden. Florence no hace caso. Abre su librería. En un principio tiene éxito. Pero no puede contra la artillería pesada de la Sra. Gamart. Despojada de la librería, que es también su casa, con una crueldad despiadada de parte de la gran señora, Florence debe dejar el pueblo en la misma pequeña embarcación en que llegó. Pero Christine, su joven ayudante en la librería tiene la última palabra, tal como le hace entender a Florence, cuando se despide de ella desde el muelle, con una novela por Richard Hughes agarrada en sus brazos: High Wind in Jamaica. Es un presagio de lo que va a ser el futuro de Christine, ella que siempre insistía que no le gustaban los libros, y que no le gustaba leer.

Esta es una película de pocas palabras, muchas miradas y sutilezas, que hace gala de lo que hacían  tan bien los ingleses de esa época: son impasibles, muy educados, de excelentes modales, cordiales y de las mejores intenciones. Eso sí. En la superficie.

Por debajo están los prejuicios, las traiciones, el chismeo, el doble moral. Quien maneja ese doble moral a la perfección es una verdadera víbora. De nombre Milo North (James Lance), trabaja para la BBC, aparentemente amistoso y afable, es capaz de traicionar a Florence de la manera más vil con tal de quedar bien con la poderosa Sra. Gamart.

Sin embargo, hay un hombre que es diferente, y que la ve con simpatía y comprensión: Edmund Brundish (Bill Nighy), un hombre solitario, que vive aislado del resto del pueblo, un lector voraz. Florence le introduce a la obra de Ray Bradbury, y le manda la novela Lolita, de Vladimir Nabokov publicada por primera vez en 1955 y que tanto escandalizó a los ingleses cohibidos de aquel entonces. El Sr. Brundish es el único que intenta defender a Florence ante la implacable Sra. Gamart. Desgraciadamente, ni él puede contra su poderío.

Salvo el Sr. Brundish, todos los hombres  son adeptos al “mansplaining” (una buena traducción sería la “machoexplicación”) que por lo visto era todo un arte en la Inglaterra de 1959.  Desde el viejo General Gamart hasta el abogado que maneja la compra del Old House o el dueño de la pescadería, todos ven a Florence con desdén, con la idea de que una linda mujer como ella no tenía por qué molestarse con problemas complicados.

La película tiene un ritmo pausado. Está construida amorosamente para transmitir el ambiente de esa época, los silencios, la falta de comunicación, además de las faldas de cintura alta, los suetercitos cortos, y ¡mucho té servido con esmero en toda ocasión! El mar, los paisajes, la gente con sus matices y sutilezas, están cuidadosamente captados por Jean-Claude Larrieu, cinematógrafo que trabajó anteriormente con Isabel Croixet en La vida secreta de las Palabras (2005).

 Como tantas películas donde la mayoría de los actores son británicos, tanto los actores principales como los secundarios son todos espléndidos. Bill Nighy es excepcional como el hombre recluso. Emily Mortimer, esa experimentada actriz con la cara de la inocencia encarna una Florence Green de apariencia delicada pero con carácter y sensatez. Y se ve que Patricia Clarkson se divierte mucho como la gran villana, con su vestimenta algo barroca, la boca pintada de rojo brillante, los ojos fríos y calculadores, el cigarro sujeto en una elegante boquilla. Desparrama miel que oculta el veneno.

En fin, es una película muy atractiva para disfrutar y saborear, con tiempo. No es de acción y aventuras. No hay sexo explícito. No hay violencia. Y casi no hay palabrotas.

Escrito por en Oct 30 2018. Archivado bajo ESPECTACULOS. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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