El otro dato

Bancarrota desde la Conquista, AMLO

Juan Chávez ______________________

Lució optimista López Obrador en Tepic, al iniciar en tierras nayaritas su “gira de agradecimiento” por el voto ciudadano que lo elevó a la Presidencia de la República en su tercer intento.

“Tres décadas de bancarrota” lleva el país, desde que adoptó el sistema neoliberal, acusó en su discurso y en declaraciones a la prensa que le acompaña en ese periplo.

¿Tres décadas? ¡Estaríamos en la gloria, don Andrés!

Esa es una de las muchas precipitaciones que el presidente electo suele soltar en un discurso nada meditado, sino construido para salir del paso y convencer a quienes directamente le escuchan.

Pero igual desatino  cometieron  desde el secretario de Hacienda, José Antonio González, hasta los dirigentes del sector privado que de inmediato  se pusieron el saco para contradecir al tabasqueño.

El Día de la Independencia, el domingo 16 de septiembre, López soltó esa su muy elocuente, para él, declaración para “lavarse las manos” y adelantar que en su gobierno no habrá recursos suficientes para cumplir sus proyectos.

Así asimilaron los concanacos y concamines esa declaración lopezobradorcista que además no fue en el sentido en que se le criticó.

El próximo Presidente fue claro: con lo que tenga va a cumplir sus compromisos de campaña. “Este será el piso”. Para satisfacer “las demandas, no habrá dinero”.

Así fue. Y está claro, ¿no?

Las demandas a un presidente no tienen límite. Siempre se le exigirán obras y la pronta resolución a los problemas económicos y sociales que aquejan a toda comunidad.

Por eso, clarificó: “mi piso” serán los compromisos de campaña. No más. No hay que darle vuelta al chorizo para que quede bien asado.

Lo que sí ha sido exagerado, según nuestro personal criterio,  fue “la bancarrota” desde hace “30 años”.

La bancarrota de México nace desde los tiempos en que dejó de ser la Gran Tenochtitlán y se convirtió en colonia por la conquista del ejército español comandado por Hernán Cortés.

En la Conquista, los imperialistas le robaron sus riquezas a Moctezuma II o, en todo caso, como dice la historia, se la cambiaron “por espejitos”.

A Cuauhtémoc le quemaron lo pies, según esa historia, para que les confesara dónde tenía escondido el tesoro.

Explotaron además, hasta el cansancio, las minas de oro y plata de la Nueva España.

Las principales minas saqueadas por los conquistadores fueron la de Zacatecas (1546), Pachuca (1552), Fresnillo y Guanajuato (1554), y finalmente La Catorce de San Luis Potosí (1592).

En total, se estima que los españoles le robaron a México 190 toneladas de oro y lo situaron, desde luego, en esa bancarrota que López Obrador considera es de una antigüedad de hace 30 años.

Y no es así. Seguramente sobre tan delicado asunto no está bien informado y seguramente no tiene siquiera asesores que le ilustren.

El caso es que el saqueo sigue en México, por parte de compañías extranjeras a las que, bajo el supuesto de atorarle a la explotación de los ricos yacimientos que aún posee la tierra del “cuerno de la abundancia” hasta un 49% según reza la ley de la extracción de minerales, se les permite robar a los mexicanos oro y plata.

Recién, en Durango y Guerrero, una empresa canadiense descubrió sendas minas de oro que fueron clasificadas  entre  las grandes del mundo.

Al noroeste de Durango, la minera de Canadá Chesapeake Gold Corporetion ha descubierto uno de los depósitos no desarrollados de oro y plata. El descubrimiento fue en abril de 2011 y la empresa canadiense invirtió 3,160 millones de dólares para empezar a explotarla.

En Guerrero, apenas en 2015, a unos 10 kilómetros de Ayotzinapa, los canadienses descubrieron otra.

Se presume que la mina, considerada la más grande de América Latina, pudo haber sido la causa oscura de los 43 normalistas desaparecidos. Por lo menos, los tiempos coinciden.

Un dato todavía más oscuro: de 2006 a 2015 se han extraído de las minas mexicanas 774 toneladas de oro lo que en dinero corriente equivale a un billón 138 mil millones de pesos. ¿Qué se hace con tal riqueza? Esta es la gran interrogante, a la que el presidente electo no alude en sus peroratas.

Existen 261 empresas extranjeras que explotan el caudal de oro y plata de México, sin que nadie se atreva a frenarlas en sus ambiciosos afanes. 205 son canadienses, 46 de Estados Unidos y 10 de China.

¿Mexicanas? No hay registro. Larrea, el dueño del grupo minero México, solo explota minas de cobre.

¿Por qué las minas no pertenecen a los dueños de las tierras? Esta gran interrogante es directa para que López Obrador, con su Morena aplastante en el Congreso de la Unión, la responda de inmediato, como hizo con la llamada ley de la austeridad.

Por lo menos Napito, el senador líder del sindicato de trabajadores mineros que dejó Canadá tras 12 años de exilio, debe sacar el toro de oro del pantano donde la desidia de los mexicanos lo tiene atascado.

Es su obligación para responder a Morena, el partido de AMLO, que lo marbeto como senador plurinominal.

México está urgido de congruencias, no de la palabrería hueca que a diario le lanza la clase política y ahora, sin ton ni son, el presidente electo.

Existen además, como prueba de la bancarrota que siguió poco después de consumada la Independencia, dos intervenciones de Francia por deudas no pagadas. La llamada “guerra de los pasteles”, que le costó a México pagarle 800 mil pesos de talón oro a la ambiciosa Francia que luego, en los tiempos de la Reforma, pretendió invadir a México y nos receto a Maximiliano de Habsburgo como emperador, hasta que Benito Juárez ordenó fusilarlo en el Cerro de las Campanas con los dos infieles mexicanos Miguel Miramón y Miguel Mejía.

Esa guerra, de 1862 a 1867 costó mucha sangre a los mexicanos y fue porque el país tenía enorme caudal de deuda con Francia, España e Inglaterra. Barcos de los tres países tocaron tierra mexicana, pero España e Inglaterra, al descubrir el propósito real de Francia, de adueñarse de México, desistieron y regresaron a sus países.

Eran los tiempos de Napoleón III y del traidor principal de México,  Juan Nepomuceno Almonte, hijo de José María Morelos y Pavón.

La deuda externa actual  del país es el gran lastre económico-financiero de la nación que tocaremos en otra ocasión. Y de la bancarrota de AMLO, ni hablar, no es de hace 30 años; es de siempre, desde la Conquista.

 www.entresemana.mx

Escrito por en Sep 19 2018. Archivado bajo OPINION. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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