Para hechos

Medio siglo de terror

Lorenzo Delfín Ruiz ______________________

Para que las nuevas generaciones puedan comprender con mediana exactitud los cambios violentos de la historia reciente de México, tendrían que situarse en los tiempos del autoritarismo espantoso que sumió al país en el más aterrador ambiente de control social posrevolucionario, en el siglo pasado, y compararlo con el actual entorno sanguinario fomentado por un gobierno negligente, socialmente insensible y de perfil  homicida, fúnebre y corrupto… corruptísimo.

¿Qué hace distinto al México sanguinario de hace 50 años con el México globalizado, frívolo, criminal y brutalmente consumista como el de ahora?

En realidad, nada….

…quizás, y solamente quizás, la sutil diferencia estribaría en su número de muertos, que AHORA se cuentan por cientos de miles arrojados a tumbas clandestinas por asesinos pervertidos que gobiernos sucesivos han tolerado y fomentado por sospechosa ineptitud, y los asesinados ANTES a bayonetazo limpio en plenos centros urbanos como parte de una enfermiza persecución anticomunista y como actitud férrea de un Estado inclemente, caciquil y enfermo.

A la distancia, las víctimas de antes comparten con las de ahora el mismo rasgo: indefensión, socialmente marginados, estómagos lacerados por el hambre… hombre y mujeres exhibidos muertos como sujetos de utilería para mostrar la cara siniestra de gobernadores narcos, ladrones, cínicos, criminales y amantes de la impunidad.

Si existieran aún, los asesinos institucionales de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría palidecerían en la competencia involuntaria que le declaren en carnicería los asesinos embozados de Vicente Fox y de Felipe Calderón, y le declaran los de Enrique Peña Nieto… los sicarios de Carlos Salinas hicieron escuela y se cebaron en sectores de población urgidos de democracia y competencia política medianamente decente… Fracasaron, y los vencedores siguen detentando ora espacios empresariales de enriquecimiento fácil y presuroso; ora cargos perpetuos en la administración pública, en el Congreso, en sociedades secretas y criminales protegidas por el Estado…

Los días aciagos del Tlatelolco de Díaz Ordaz, una sociedad victimizada y violentamente sometida por el Estado homicida representado por una nueva generación de políticos tecnócratas, los compara con las decenas de fatídicos años de levantones, secuestros y ejecuciones en contra de una población desarmada… Gobiernos regionales igual de carniceros crean aún sus propios Tlatlayas, Ayotzinapas, Acteales, Aguas Blancas…

Cientos de padres furiosos pero perseguidos por instituciones federales y estatales, con el alma y las manos laceradas, rascan la tierra para que la tierra les devuelva los cuerpos masacrados de sus hijos; indagan indicios de otros parientes victimizados por la trata criminal de personas, actividad ésta protegida por autoridades venales que lucran con la exportación clandestina de hombres, mujeres y niños para su venta y consumo en el mercado de depravados.

Esta es el entorno que la población angustiada le antepone al presidente electo Andrés Manuel López Obrador, para que reconsidere sus afanes de pacificación sobre bases de un perdón que buena parte de la población no está dispuesta a conceder…

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Escrito por en Ago 15 2018. Archivado bajo OPINION. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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