Bienvenidos los jubilados estadounidenses, pero no los hippies

Conferencia de la historiadora Mónica Palma

(Tercera y última parte)

Norma L. Vázquez Alanís _____________________

La transformación cosmopolita de la Ciudad de México en la década 1940-50 y la promoción turística del país, repercutieron en la apertura de centros nocturnos, restaurantes y cabarets. En ese tiempo llegaron al país numerosos estadounidenses ligados a esos giros, lo cual es un hecho documentado por el Archivo Histórico del Instituto Nacional de Migración (AHINM), en la serie de bailarines y artistas.

Esta información, relató la historiadora Mónica Palma en su conferencia sobre la inmigración de estadunidenses, en el Centro de Estudios de Historia de México (CEHM), de la Fundación Carlos Slim, consigna que quienes se integraron al ambiente artístico mexicano fueron de más de dos mil 500, de cerca de seis mil expedientes abiertos en el AHINM.

Eran personas relacionadas con la industria cinematográfica hollywoodense, bailarinas, contorsionistas, malabaristas, ilusionistas, acróbatas, coristas, cantantes y músicos, quienes ingresaban de manera documentada bajo un contrato de trabajo por parte de las empresas que los traían.

En el periodo 1960-70 entraron a México estudiantes que, al amparo de una beca otorgada por la Administración de Veteranos a raíz de la II Guerra Mundial, pretendían seguir sus estudios en México, especialmente en el Mexico City College, aunque también en la UNAM y el Politécnico; venían a estudiar arte, literatura, español o historia de México.

Además, a iniciativa de un académico estadounidense se fundó el Instituto -hoy Centro- Cultural Allende, que comenzó a impartir clases de esas materias, para lo cual llevó a San Miguel de Allende, Guanajuato, escritores y artistas plásticos para que dieran cátedra.

A partir de los años 70 México recibió estudiantes sin beca que querían cursar uno o dos semestres de medicina o arquitectura, o a veces toda la carrera, en la Universidad Autónoma de Guadalajara y en lo que después sería la Universidad de las Américas; en los 80 ya estaban también en la Universidad Iberoamericana y en la Autónoma de Ciudad Juárez, Chihuahua, y la de Tampico, en Tamaulipas.

Refugio de la generación Beat y perseguidos políticos

Dos grupos de estadounidenses muy característicos llegados a México tras la Segunda Guerra fueron el de los escritores de la Generación Beat, William Burroughs, Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Neal Cassady, Gregory Corso y Lawrence Ferlinghetti, entre otros, y el de los inconformes políticos o expatriados que debieron abandonar su país por el ambiente anticomunista y la persecución que desató el senador Joseph McCarthy.

En ese tiempo, un grupo de entre 60 y 70 familias estadounidenses ingresaron a México sin solicitar asilo ni refugio porque se consideraban expatriados; se internaron por la frontera de Nuevo Laredo como cualquier otro inmigrante con el argumento de ser turistas o inversionistas, pero en realidad huían del anticomunismo que había de manera muy violenta en EU.

Encabezaron esta corriente directores de cine que habían sido delatados y acusados de pertenecer o haber pertenecido al Partido Comunista Americano y fueron conocidos como ‘Los diez de Hollywood’; también había miembros del Partido Laborista, así como activistas del Movimiento de los Derechos Civiles y del Movimiento Obrero.

Para los años 70 México recibió un buen número de académicos y científicos que pertenecían al Instituto Lingüístico de Verano (ILV) que, pese al carácter proselitista de la institución, hicieron una labor educativa en los lugares donde se establecieron; además vinieron muchos jóvenes que no querían ser reclutados para ir a la guerra de Vietnam. No entraron como hippies que eran, sino como turistas y no fueron muy bienvenidos por las autoridades mexicanas, precisó la doctora Palma.

Otra inmigración muy importante que hoy, junto con la población estadounidense de origen de origen mexicano es la más importante en el país, es la de los jubilados que llegaron a los pueblos que circundan la rivera del lago de Chapala, en Jalisco, y después a San Miguel de Allende; inicialmente eran excombatientes de la guerra, luego vinieron extrabajadores de empresas públicas y privadas, apuntó la especialista.

México es el primer país de América Latina que recibió pensionados, corriente que fue bien recibida por autoridades migratorias de México pues no venían a competir por puestos de trabajo ya que tienen sus pensiones o ahorros para vivir su retiro, y por el contrario emplean a mexicanos para el servicio doméstico o como enfermeros debido a que muchos de ellos, por ser excombatientes, son discapacitados físicamente.

La razón más poderosa para este flujo de estadounidenses es que México es un país con una economía más barata que les permite vivir con mucho confort con sus pensiones o ahorros, concluyó la ponente.

URL: http://misraicesdigital.com.mx/?p=76549

Escrito por en Jun 28 2018. Archivado bajo LA HISTORIA EN AGUAS. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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